
La inteligencia artificial dejó de ser solamente una herramienta para responder preguntas, organizar tareas o automatizar trabajo. Para algunas personas, ya comenzó a ocupar otro espacio mucho más delicado: el emocional.
Conversaciones largas con asistentes virtuales, usuarios que buscan desahogarse con chatbots y personas que encuentran acompañamiento constante en sistemas disponibles 24/7 forman parte de una dinámica que comienza a llamar la atención dentro del ámbito académico.
Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) advierten que el crecimiento acelerado de estas interacciones está abriendo preguntas que van mucho más allá de la tecnología.
La conversación ya no es únicamente qué puede hacer la IA.
Ahora también incluye qué lugar empieza a ocupar dentro de nuestras relaciones.
Cuando la inteligencia artificial deja de ser herramienta y empieza a parecer compañía
El tema tomó relevancia después de que Pablo Pruneda Gross, especialista entrevistado por Excélsior, advirtiera sobre la aparición de nuevos tipos de apego emocional entre usuarios y sistemas de inteligencia artificial.
Según explicó, actualmente algunas personas comienzan a establecer vínculos afectivos con plataformas que responden siempre, mantienen disponibilidad constante y generan una sensación de acompañamiento permanente.
El fenómeno se vuelve especialmente complejo porque muchas veces la interacción puede sentirse emocionalmente satisfactoria.
“Hoy el uso de estos sistemas está generando apegos emocionales”, señaló.
Para el especialista, el problema no está únicamente en conversar con una IA, sino en empezar a sustituir ciertos espacios humanos por relaciones construidas sobre respuestas diseñadas para mantener interacción continua.
Los “terapeutas artificiales” y el riesgo de una cercanía sin reciprocidad
Dentro de esta discusión apareció un concepto que empieza a repetirse cada vez más: los llamados “terapeutas artificiales”.
Se trata del uso de asistentes conversacionales como espacios para expresar emociones, pedir consejos o buscar acompañamiento cotidiano.
La diferencia es que estos sistemas no experimentan emociones, cansancio, desacuerdo o vulnerabilidad como ocurre en una relación humana.
De acuerdo con Pruneda Gross, aunque una conversación con IA puede generar sensación de comprensión o respaldo inmediato, no reemplaza la complejidad emocional que existe en una interacción entre personas.
El riesgo, explicó, aparece cuando la disponibilidad permanente comienza a sentirse más cómoda que construir vínculos reales.
Porque una conversación que nunca confronta también puede crear una ilusión de conexión.
La UNAM quiere ampliar el debate más allá de la tecnología
Para enfrentar este tipo de preguntas, la UNAM instaló recientemente el Consejo Coordinador de Inteligencia Artificial (CCOIA), un organismo que busca reunir especialistas de distintas áreas para analizar el impacto de esta tecnología.
La intención es que el debate no quede únicamente en manos de ingenieros o desarrolladores.
Derecho, filosofía, sociología, psicología y educación forman parte de las disciplinas que buscan participar en la discusión.
Desde esta perspectiva, entender la inteligencia artificial implica también preguntarse cómo cambia la forma en que aprendemos, convivimos y construimos relaciones.
Regular la IA ya se volvió uno de los mayores desafíos
Además del componente emocional, el especialista sostuvo que la velocidad con la que avanza la inteligencia artificial ya comenzó a superar los tiempos tradicionales de regulación.
Puso como ejemplo el caso europeo, donde algunas normativas tuvieron que modificarse mientras todavía se encontraban en proceso legislativo debido al crecimiento acelerado de herramientas generativas.
El reto, explicó, es que los modelos operan globalmente mientras las leyes siguen funcionando bajo fronteras nacionales.
Por eso considera que la conversación no puede limitarse a prohibiciones o marcos legales.
También necesita incluir principios éticos y perspectivas sociales.
El siguiente reto no será evitar la IA, sino aprender a convivir con ella
Pese a las preocupaciones, el llamado no es abandonar estas tecnologías.
Para el especialista, el escenario actual ya no gira alrededor de decidir si usar o no inteligencia artificial.
La discusión ahora está en cómo integrarla sin reemplazar aspectos fundamentales de la experiencia humana.
Porque mientras la IA sigue aprendiendo a conversar mejor…
las personas también tendrán que aprender dónde termina la herramienta y dónde empiezan los vínculos.












