
El Gobierno de México ha convertido la revisión de la memoria histórica sobre la Conquista y los pueblos originarios en una política cultural que comenzó durante la administración de Andrés Manuel López Obrador y que continúa con la presidenta Claudia Sheinbaum. El objetivo declarado es cuestionar narrativas construidas principalmente desde la perspectiva de los conquistadores españoles y recuperar otras voces históricas.
La propia Sheinbaum ha utilizado el concepto de “descolonizar nuestra memoria”. En junio de 2025, la Presidencia sostuvo que durante siglos determinados acontecimientos fueron explicados privilegiando la perspectiva española y puso como ejemplo la llamada “Noche Triste” de 1520.
De la “Noche Triste” a la “Noche Victoriosa”
Uno de los cambios más visibles ocurrió en 2021, cuando el entonces Gobierno de la Ciudad de México renombró la Plaza y el Árbol de la Noche Triste como Noche Victoriosa, para destacar la derrota que las fuerzas mexicas infligieron al ejército de Hernán Cortés y sus aliados durante su salida de Tenochtitlan.
En ese mismo proceso, la antigua Avenida Puente de Alvarado pasó a llamarse Calzada México-Tenochtitlan, debido al papel de Pedro de Alvarado en la matanza del Templo Mayor. También se modificaron nombres relacionados con estaciones de transporte público.
El debate histórico también involucra a España
La revisión del pasado colonial adquirió una dimensión diplomática desde 2019, cuando López Obrador envió una carta al rey Felipe VI solicitando una reflexión sobre los abusos cometidos durante la Conquista y un reconocimiento hacia los pueblos indígenas. La falta de respuesta se convirtió posteriormente en uno de los puntos de tensión entre México y España.
Sheinbaum mantuvo esa posición y no invitó al monarca español a su toma de posesión del 1 de octubre de 2024, argumentando precisamente que Felipe VI nunca respondió aquella misiva. España decidió entonces no enviar representación oficial a la ceremonia.
¿Descolonizar o reinterpretar la historia?
La estrategia también genera discusión académica. Un estudio publicado por investigadores de la UNAM señala que las interpretaciones contemporáneas de la Conquista todavía chocan con relatos nacionalistas profundamente arraigados tanto en México como en España, lo que dificulta construir una visión compartida de cinco siglos de historia común.
El propio Gobierno capitalino reconoció desde 2021 que estos cambios no pretendían establecer una “sentencia histórica”, sino abrir la discusión a historiadores, académicos, cronistas y pueblos originarios.
Así, la llamada descolonización de la memoria no se limita a cambiar nombres de calles o monumentos: representa una disputa más amplia sobre quién cuenta la historia de México, qué voces reciben mayor espacio y cómo debe interpretarse hoy el legado de la Conquista.












