
El cultivo de café en México no sólo representa una actividad económica para miles de productores, también puede desempeñar un papel relevante en la conservación de los ecosistemas. De acuerdo con la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural (Sader), alrededor de 90% de la superficie cafetalera del país se encuentra bajo sistemas de sombra diversificada, una práctica que genera servicios ambientales y favorece la biodiversidad.
La caficultura también tiene una dimensión social importante: aproximadamente 500 mil productores participan en esta actividad y cerca de 3 millones de mexicanos dependen del café en algún grado. Además, 92.1% de la producción de café cereza proviene de pequeños productores con superficies de hasta cinco hectáreas.
Cafetales funcionan como refugio para distintas especies
Los cafetales que mantienen diversos tipos de árboles pueden convertirse en hábitats para aves, murciélagos, hormigas y otros organismos, los cuales desempeñan funciones ecológicas dentro de las plantaciones y en los bosques cercanos.
Cecilia González, investigadora del Instituto de Ecología de la UNAM, explicó que la producción orgánica incorpora prácticas como el uso de insumos naturales, cobertura del suelo con materia orgánica, asociación y rotación de cultivos, además de regulación de la sombra. Estas acciones pueden contribuir a reducir la erosión, mejorar la fertilidad del suelo y conservar la diversidad biológica.
La biodiversidad también ayuda al control de plagas
La interacción entre especies dentro de los cafetales puede beneficiar al cultivo. Algunos organismos participan en procesos de control biológico, creando relaciones que influyen en la presencia de insectos y otras especies asociadas con las plantas de café.
Sin embargo, los cafetales también enfrentan riesgos ambientales. Emilio Mora, investigador del Instituto de Ecología de la UNAM, señaló que cambios en temperatura, vientos y patrones de lluvia han permitido que enfermedades como la roya alcancen mayores altitudes.
El cambio climático representa un desafío
Entre 2012 y 2015, la expansión de la roya estuvo relacionada con una epidemia que provocó una crisis para la caficultura mexicana. Este antecedente muestra la vulnerabilidad del cultivo frente a alteraciones climáticas y la importancia de conservar agroecosistemas diversos.
La producción de café se desarrolla principalmente en 15 entidades del país y mantiene vínculos con alrededor de 30 grupos indígenas, por lo que las condiciones ambientales del cultivo también tienen implicaciones económicas, sociales y culturales.












