
Dormir bien no solo depende de cuántas horas descansas
Durante años, las recomendaciones sobre el sueño se han centrado principalmente en la cantidad de horas que una persona duerme cada noche. Sin embargo, cada vez más investigaciones sugieren que la hora a la que nos acostamos también podría desempeñar un papel importante en la salud cardiovascular.
Diversos estudios han encontrado que acostarse demasiado tarde, especialmente después de la medianoche, puede estar asociado con un mayor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares, incluyendo infartos y accidentes cerebrovasculares.
El reloj biológico también protege al corazón
El cuerpo humano funciona mediante ritmos circadianos, un sistema biológico que regula procesos fundamentales como la presión arterial, la frecuencia cardíaca, la liberación de hormonas y los ciclos de sueño y vigilia. Cuando estos ritmos se alteran de forma constante, pueden aparecer efectos negativos sobre la salud.
Los especialistas explican que acostarse muy tarde puede provocar una desalineación entre el reloj biológico interno y las actividades diarias, afectando procesos metabólicos y cardiovasculares que normalmente siguen patrones bien definidos durante el día y la noche.
La franja horaria que mostró menor riesgo
Uno de los estudios más citados sobre este tema analizó a más de 88 mil personas y encontró que quienes iniciaban el sueño entre las 10:00 y las 11:00 de la noche presentaban el menor riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares.
Los resultados mostraron que:
- Dormirse antes de las 10:00 p.m. se asoció con un incremento aproximado del 24% en el riesgo cardiovascular.
- Dormirse entre las 11:00 p.m. y medianoche mostró un aumento cercano al 12%.
- Acostarse después de la medianoche se relacionó con un incremento de hasta 25% en el riesgo cardiovascular.
Los investigadores describieron esta relación como una curva en forma de «U», donde tanto acostarse demasiado temprano como demasiado tarde podría asociarse con mayores riesgos.
No se trata solo de la hora
Los expertos advierten que estos resultados no significan que acostarse tarde cause directamente un infarto. La relación observada es compleja y probablemente involucra múltiples factores.
Las personas que suelen trasnochar también pueden presentar hábitos que influyen en la salud cardiovascular, como menor actividad física, horarios irregulares de alimentación, mayor exposición a pantallas, estrés o privación de sueño.
Por ello, los investigadores consideran que la hora de dormir debe analizarse junto con otros elementos del estilo de vida.
La calidad y la duración del sueño siguen siendo fundamentales
Además del horario, numerosos estudios muestran que dormir poco también incrementa el riesgo cardiovascular.
La evidencia científica señala que dormir menos de siete horas de manera habitual puede aumentar la presión arterial, favorecer alteraciones metabólicas y elevar el riesgo de enfermedades cardíacas. Asimismo, dormir demasiado también se ha relacionado con efectos negativos para la salud cardiovascular.
La mayoría de las recomendaciones para adultos continúan apuntando a un rango de entre siete y nueve horas de sueño por noche.
Pequeños cambios pueden marcar diferencia
Especialistas en prevención cardiovascular destacan que mantener horarios regulares para dormir puede ser tan importante como cuidar la alimentación o realizar ejercicio físico. Estudios recientes incluso sugieren que pequeños cambios en la rutina de descanso pueden contribuir a disminuir el riesgo de eventos cardiovasculares a largo plazo.
Evitar la exposición excesiva a pantallas antes de dormir, reducir el consumo de cafeína por la noche, mantener horarios consistentes y procurar un ambiente oscuro y tranquilo son algunas de las medidas más recomendadas para mejorar la calidad del descanso.
Un hábito cotidiano que merece atención
La investigación sobre sueño y salud cardiovascular continúa evolucionando, pero los hallazgos actuales apuntan a una conclusión cada vez más clara: no solo importa cuánto dormimos, sino también cuándo lo hacemos.
Aunque acostarse tarde no garantiza que una persona sufrirá un problema cardíaco, los estudios sugieren que respetar los ritmos naturales del organismo y mantener horarios de sueño consistentes podría convertirse en una herramienta sencilla y accesible para proteger la salud del corazón a largo plazo.












