
La tecnología de ARN mensajero que revolucionó la lucha contra el covid-19 podría abrir una nueva etapa en el tratamiento del cáncer. En México, un investigador del Instituto Nacional de Cancerología (INCan) trabaja en el desarrollo de una plataforma experimental que algún día podría convertirse en una vacuna terapéutica contra el cáncer de próstata, uno de los tumores más frecuentes entre los hombres.
El proyecto está encabezado por el doctor Greco Hernández Ramírez, quien busca aprovechar las capacidades del ARN mensajero para enseñar al sistema inmunológico a identificar y combatir células cancerosas.
Del covid-19 al cáncer: una nueva aplicación del ARN mensajero
Aunque el ARN mensajero se popularizó durante la pandemia, su historia científica comenzó décadas atrás. Esta molécula actúa como una especie de mensajero biológico que transporta información genética desde el ADN hasta las células encargadas de producir proteínas.
Gracias a este mecanismo, las vacunas de ARN mensajero demostraron que es posible desarrollar tratamientos innovadores en tiempos mucho más cortos que las tecnologías tradicionales.
Para Hernández Ramírez, la verdadera revolución no fue descubrir el ARN mensajero, sino aprender a utilizarlo como una herramienta médica capaz de generar respuestas inmunológicas específicas.
«Representa una revolución tecnológica porque hasta hace pocos años desarrollar una vacuna podía tardar décadas. Hoy existe la posibilidad de avanzar mucho más rápido», explicó el investigador.
El reto de crear una vacuna contra el cáncer
A diferencia de los virus, que son identificados fácilmente como agentes externos, el cáncer presenta un desafío mucho mayor para el sistema inmunológico.
Las células tumorales se originan dentro del propio organismo, lo que dificulta que las defensas naturales las reconozcan como una amenaza.
Por ello, las vacunas contra el cáncer no funcionan como las vacunas preventivas tradicionales. Su objetivo es terapéutico: estimular al sistema inmunológico para que identifique y ataque proteínas asociadas con los tumores ya existentes.
«Es mucho más fácil desarrollar una vacuna eficiente contra un virus que contra nuestras propias células, que son las que forman el cáncer», explicó Hernández.
La apuesta mexicana contra el cáncer de próstata
Actualmente, el equipo del INCan trabaja en la construcción de moléculas de ARN mensajero capaces de producir antígenos relacionados con el cáncer de próstata.
La meta inicial no es desarrollar una vacuna lista para utilizarse en pacientes, sino crear una plataforma funcional que demuestre que las moléculas diseñadas pueden generar correctamente las proteínas necesarias para activar una respuesta inmunológica.
El proyecto todavía se encuentra en una etapa experimental y deberá superar múltiples fases antes de llegar a ensayos clínicos en humanos.
Entre ellas se encuentran:
- Validación de las moléculas en laboratorio.
- Estudios preclínicos.
- Pruebas en modelos animales.
- Evaluaciones regulatorias.
- Ensayos clínicos en humanos.
La falta de financiamiento frena el avance
Uno de los principales obstáculos para acelerar la investigación es el financiamiento.
El científico señaló que el desarrollo de nuevas tecnologías biomédicas requiere inversión constante en equipo, reactivos, personal especializado y formación de investigadores.
«El reactivo limitante siempre es el dinero. Si tuviéramos más recursos podríamos avanzar mucho más rápido», reconoció.
Actualmente, estudiantes de maestría, doctorado y posdoctorado participan en el desarrollo de esta plataforma, considerada una de las iniciativas más ambiciosas en investigación oncológica basada en ARN mensajero dentro del país.
Un proyecto de largo plazo
Aunque los avances son prometedores, el propio investigador evita generar expectativas sobre fechas concretas.
El desarrollo de una vacuna terapéutica contra el cáncer es un proceso complejo que puede requerir años de investigación antes de demostrar su eficacia y seguridad.
Sin embargo, el proyecto representa una muestra del potencial científico mexicano en áreas de alta innovación biomédica.
La apuesta no solo busca contribuir al tratamiento del cáncer de próstata, sino también impulsar la capacidad nacional para desarrollar tecnologías médicas propias y reducir la dependencia de innovaciones creadas en otros países.
Por ahora, la vacuna aún no existe, pero el trabajo realizado en los laboratorios mexicanos abre la puerta a una pregunta que hace algunos años parecía impensable: ¿podrá México desarrollar sus propias terapias de ARN mensajero para combatir el cáncer?












