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Del miedo al aprendizaje: el cambio cultural que puede impulsar la innovación en las empresas

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Las organizaciones enfrentan un reto que va más allá de adoptar nuevas tecnologías o acelerar procesos: cambiar la manera en que reaccionan cuando una persona comete un error. En entornos donde equivocarse genera temor, los colaboradores tienden a reducir riesgos, evitar nuevas ideas y limitar su participación, lo que puede frenar la innovación y el aprendizaje colectivo.

Christopher Niquén Espejo, coach ontológico certificado por la International Coaching Federation (ICF), sostiene que el problema no está necesariamente en la equivocación, sino en construir culturas donde la búsqueda de culpables ocupa el lugar de la reflexión.

El miedo al error puede frenar la innovación

Cuando las consecuencias de equivocarse son percibidas como desproporcionadas, pueden aparecer comportamientos defensivos: guardar silencio, evitar desafíos o concentrarse exclusivamente en tareas que no generen cuestionamientos.

Con el tiempo, el impacto puede superar al del error original, pues disminuye la iniciativa, se debilita la colaboración y la innovación puede ser reemplazada por una prudencia excesiva.

Esto no significa eliminar la responsabilidad. Las organizaciones necesitan estándares de desempeño claros, pero existe una diferencia entre responsabilizar a una persona por una decisión y convertir una equivocación en una etiqueta permanente.

El coaching propone cambiar las preguntas

Dentro de este proceso, el coaching puede funcionar como una herramienta para modificar la conversación interna. En lugar de concentrarse únicamente en “¿quién se equivocó?”, la propuesta es avanzar hacia preguntas como “¿qué podemos aprender de esta experiencia?”.

El objetivo es analizar lo sucedido, identificar aprendizajes y convertirlos en mejores decisiones futuras.

Los líderes definen cómo se vive el error

El comportamiento de los líderes resulta determinante. Escuchar antes de juzgar, promover la reflexión antes que la culpa y acompañar el aprendizaje puede generar entornos donde las personas asuman con mayor apertura sus decisiones y participen en la búsqueda de soluciones.

La cultura de aprendizaje, plantea Niquén, no surge cuando desaparecen los errores, sino cuando las organizaciones desarrollan la capacidad de reconocerlos, aprender de ellos y utilizarlos como una oportunidad de evolución.

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