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Phubbing: cómo mirar el celular constantemente puede afectar tu relación de pareja

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Revisar una notificación durante una conversación puede parecer un gesto insignificante. Sin embargo, cuando mirar el celular se convierte en una costumbre constante y termina desplazando la atención hacia la persona que está enfrente, puede aparecer un fenómeno conocido como phubbing.

El término surge de la combinación de las palabras en inglés phone y snubbing, y describe la conducta de ignorar o prestar menos atención a otra persona porque la mirada y el interés están puestos en el teléfono.

Aunque puede presentarse en cualquier relación interpersonal, el fenómeno ha despertado especial interés entre investigadores de las relaciones de pareja, debido a que la presencia constante del celular puede afectar la comunicación y la percepción de cercanía.

¿Qué significa exactamente phubbing?

El phubbing ocurre cuando una persona utiliza o revisa su teléfono durante una interacción presencial, haciendo que la conversación o la persona que tiene enfrente pase a un segundo plano.

No significa que responder un mensaje mientras estás con tu pareja sea necesariamente problemático. El punto está en la frecuencia y en la manera en que el dispositivo interrumpe la convivencia.

Mirar repetidamente la pantalla, revisar redes sociales durante una conversación, contestar mensajes mientras la otra persona habla o incluso consultar el celular sin una razón concreta son algunos comportamientos asociados con el fenómeno.

El problema aparece cuando esta conducta deja de ser ocasional y comienza a formar parte habitual de la dinámica de la relación.

¿Por qué puede afectar a una pareja?

Una conversación requiere atención. Cuando una persona siente que su pareja está más interesada en el celular que en lo que está diciendo, puede interpretar esa conducta como una señal de desinterés o falta de importancia.

Investigaciones sobre el llamado partner phubbing han encontrado asociaciones entre esta conducta y una menor satisfacción en la relación, además de una mayor percepción de conflicto relacionado con el uso del teléfono.

En otras palabras, el problema no necesariamente está en el aparato, sino en lo que la otra persona interpreta cuando la pantalla interrumpe constantemente la interacción.

El celular puede convertirse en un tercero incómodo

Uno de los aspectos más interesantes del phubbing es que el teléfono puede terminar funcionando como una especie de presencia permanente dentro de la relación.

Una cena, una conversación antes de dormir o incluso un momento aparentemente tranquilo pueden verse interrumpidos por notificaciones, redes sociales o mensajes.

Cuando esto ocurre de manera repetida, la pareja puede comenzar a sentir que compite por la atención.

Además, el uso del celular puede generar un círculo difícil de romper: una persona revisa el teléfono, la otra percibe rechazo, disminuye su participación en la conversación y eventualmente también recurre a su propio dispositivo.

La convivencia termina convertida en dos personas físicamente juntas, pero cada una mirando una pantalla diferente.

No siempre significa que exista un problema de pareja

Es importante no convertir el phubbing en un diagnóstico de una relación.

Que alguien mire ocasionalmente su teléfono no significa automáticamente que exista falta de interés, problemas emocionales o una crisis de pareja.

También existen situaciones prácticas. Una persona puede estar esperando una llamada importante, atender una emergencia laboral o necesitar responder un mensaje urgente.

La diferencia está en la conducta repetitiva y en el impacto que genera.

Si ambos consideran normal revisar el celular durante determinados momentos y ninguno lo percibe como una falta de respeto, probablemente no exista un conflicto significativo.

Pero si una de las personas expresa que se siente ignorada y la conducta continúa, entonces sí puede convertirse en un problema de comunicación.

¿Por qué cuesta tanto dejar el celular?

Parte del problema está en el diseño de las propias plataformas digitales.

Las notificaciones, los mensajes, las redes sociales y el contenido personalizado están construidos para captar y mantener nuestra atención.

Incluso cuando no existe una notificación, algunas personas revisan el teléfono de manera automática, casi sin darse cuenta.

Ese comportamiento puede convertirse en un hábito. El simple gesto de tomar el celular y desbloquearlo puede aparecer durante momentos de aburrimiento, silencio o incomodidad.

Por eso, combatir el phubbing no consiste únicamente en decir «deja el teléfono». En muchos casos, primero es necesario identificar cuándo y por qué aparece esa conducta.

¿Cómo evitar que el phubbing afecte la relación?

Una de las estrategias más sencillas consiste en establecer momentos específicos libres de teléfonos.

No necesariamente tiene que convertirse en una regla permanente. Puede comenzar con situaciones concretas como:

  • Durante las comidas.
  • Mientras uno de los dos cuenta algo importante.
  • Durante una cita.
  • Antes de dormir.
  • Durante conversaciones que requieren atención.
  • Cuando ambos realizan alguna actividad juntos.

También puede ser útil dejar los teléfonos fuera del alcance visual. Tener el dispositivo sobre la mesa puede facilitar que una persona lo revise constantemente aunque no exista una razón concreta.

Otra estrategia consiste en hablar directamente del problema sin convertirlo en una acusación.

En lugar de decir «siempre estás pegado al celular», puede explicarse cómo se percibe la situación: «cuando revisas el teléfono mientras te estoy contando algo, siento que no estás prestando atención».

La diferencia parece pequeña, pero cambia completamente la conversación.

La clave está en recuperar la atención

El phubbing no es simplemente una cuestión de tecnología. También habla de cómo distribuimos nuestra atención.

El celular concentra una enorme cantidad de estímulos en un objeto que llevamos prácticamente todo el día con nosotros. Por eso, establecer límites puede ayudar a recuperar momentos de interacción que normalmente quedan fragmentados.

Una conversación sin interrupciones puede durar solamente unos minutos, pero puede tener más impacto que una hora compartida mientras cada persona está pendiente de su propia pantalla.

La solución tampoco consiste en eliminar completamente el teléfono de la relación.

Se trata de evitar que la pantalla termine ocupando el lugar de la persona que tenemos enfrente.

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