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Ansiedad nocturna: 7 formas de calmarla y dormir mejor

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La noche puede convertirse en el momento en que las preocupaciones parecen hacerse más intensas. Cuando disminuyen las distracciones del día, pensamientos sobre el trabajo, las relaciones, el dinero o las responsabilidades pueden aparecer con mayor fuerza y dificultar el descanso.

Esta sensación puede convertirse en un círculo difícil de romper: la preocupación dificulta conciliar el sueño, dormir poco aumenta el cansancio y la irritabilidad, y esto puede hacer que al día siguiente sea más difícil manejar el estrés.

Existen algunas estrategias sencillas que pueden ayudar a reducir la activación antes de dormir. No sustituyen la atención profesional cuando la ansiedad es persistente, pero pueden formar parte de una rutina nocturna saludable.

¿Qué es la ansiedad nocturna?

La ansiedad nocturna puede manifestarse como una sensación de preocupación o inquietud que aparece o aumenta al momento de acostarse.

Entre sus posibles manifestaciones se encuentran pensamientos repetitivos, tensión muscular, sensación de alerta, dificultad para relajarse, palpitaciones y problemas para conciliar o mantener el sueño.

No todas las personas experimentan los mismos síntomas y sentir preocupación ocasional por la noche no significa necesariamente tener un trastorno de ansiedad.

1. Establece una rutina antes de dormir

Acostarse y levantarse aproximadamente a la misma hora puede ayudar a mantener un horario de sueño más regular.

También puede ser útil crear una rutina que indique al organismo que el día está terminando. Leer, tomar una ducha tibia, realizar estiramientos suaves o escuchar música tranquila son algunas alternativas.

La clave está en repetir estas actividades de forma constante y evitar convertir la hora de dormir en un momento dedicado exclusivamente a resolver pendientes.

2. Reduce la exposición a pantallas

El teléfono celular puede convertirse en una fuente constante de estímulos justo cuando el objetivo es descansar.

Las notificaciones, redes sociales, noticias y conversaciones pueden mantener la mente activa y dificultar la transición hacia el sueño.

Dejar los dispositivos electrónicos fuera de la cama o reducir su uso durante el periodo previo a dormir puede ayudar a crear un entorno más tranquilo.

3. Prueba ejercicios de respiración

Las técnicas de respiración lenta pueden utilizarse como una herramienta sencilla para favorecer la relajación.

Una opción consiste en inhalar lentamente por la nariz y después exhalar de manera prolongada, sin forzar la respiración. Repetir el ejercicio durante algunos minutos puede ayudar a centrar la atención en el cuerpo en lugar de mantenerla en pensamientos repetitivos.

Si una técnica de respiración genera incomodidad, debe suspenderse.

4. Escribe lo que te preocupa

Cuando las preocupaciones se repiten constantemente, ponerlas por escrito puede ayudar a organizar los pensamientos.

Una estrategia consiste en anotar antes de dormir aquello que genera preocupación y, cuando sea posible, escribir también qué acción podría realizarse al día siguiente.

Esto no elimina el problema, pero puede ayudar a evitar que la mente permanezca intentando resolverlo mientras se está en la cama.

5. Evita convertir la cama en un lugar de preocupación

Permanecer durante mucho tiempo en la cama mientras se intenta desesperadamente conciliar el sueño puede aumentar la frustración.

Si después de un periodo razonable no aparece el sueño, puede ser útil levantarse y realizar una actividad tranquila con poca luz hasta sentir nuevamente somnolencia.

La idea es evitar asociar la cama con horas de preocupación, frustración o trabajo.

6. Cuida lo que consumes por la noche

La cafeína puede permanecer varias horas en el organismo y afectar el sueño, especialmente cuando se consume durante la tarde o noche.

El alcohol tampoco debe utilizarse como una estrategia para dormir. Aunque puede producir somnolencia inicialmente, puede alterar la calidad del descanso durante la noche.

Mantener horarios regulares de alimentación y prestar atención a las bebidas estimulantes puede formar parte de una buena higiene del sueño.

7. Practica relajación o atención plena

La meditación, la relajación muscular progresiva o ejercicios sencillos de atención plena pueden ayudar a dirigir la atención hacia el momento presente.

Una práctica breve puede consistir en observar la respiración, identificar las sensaciones del cuerpo y dejar pasar los pensamientos sin intentar resolverlos inmediatamente.

El objetivo no es conseguir que la mente quede completamente en blanco. De hecho, intentar eliminar todos los pensamientos puede generar todavía más frustración.

La ansiedad y el insomnio pueden alimentarse mutuamente

La relación entre ansiedad y sueño puede convertirse en un ciclo.

La preocupación puede dificultar el descanso y la falta de sueño puede afectar el estado de ánimo, la concentración y la capacidad para afrontar el estrés durante el día.

Por ello, cuando los problemas para dormir se mantienen durante semanas o interfieren con la vida cotidiana, no conviene limitarse a buscar trucos para dormir.

¿Cuándo pedir ayuda?

Si la ansiedad aparece con frecuencia, provoca un malestar importante o interfiere con el trabajo, las relaciones o las actividades cotidianas, es recomendable consultar con un profesional de la salud.

También conviene buscar ayuda cuando los problemas de sueño son persistentes, especialmente si existe somnolencia excesiva durante el día, dificultad para funcionar normalmente o síntomas físicos importantes.

La terapia psicológica puede ser una herramienta útil para abordar las causas de la ansiedad y desarrollar estrategias para manejar los pensamientos y preocupaciones.

Las siete estrategias anteriores pueden servir como apoyo para construir una rutina nocturna más tranquila, pero no sustituyen un tratamiento cuando existe un problema de ansiedad o insomnio que requiere atención profesional.

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