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Enfermedades reumáticas: cuatro factores que puedes modificar para cuidar tus articulaciones

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Las enfermedades reumáticas no son exclusivas de las personas mayores ni se limitan al dolor de las articulaciones. Este grupo reúne más de 200 padecimientos que pueden afectar huesos, músculos, tendones, ligamentos y articulaciones, pero también otros órganos y sistemas del organismo.

Aunque muchas de estas enfermedades tienen componentes genéticos, autoinmunes y hormonales que no pueden modificarse, existen hábitos y condiciones sobre los que sí es posible intervenir. Un reumatólogo consultado por Milenio señaló cuatro aspectos especialmente relevantes: estrés, sueño, masa muscular y peso corporal.

Esto no significa que cambiar estos factores garantice evitar una enfermedad reumática. Se trata de medidas que pueden contribuir a disminuir determinados riesgos, proteger la función musculoesquelética y favorecer una mejor salud general.

¿Qué son las enfermedades reumáticas?

Las enfermedades reumáticas comprenden un grupo muy amplio de padecimientos. Entre ellas se encuentran la osteoartritis, la artritis reumatoide, el lupus y la espondilitis anquilosante.

Sus manifestaciones dependen de cada enfermedad, pero pueden incluir dolor, inflamación, rigidez articular, hinchazón, fatiga, debilidad y limitación del movimiento. En algunas enfermedades autoinmunes también pueden verse afectados órganos como los pulmones, el corazón, los riñones o la piel.

En el caso específico de la artritis reumatoide, el Colegio Mexicano de Reumatología señala que no se conoce una causa única y que intervienen tanto la predisposición genética como factores ambientales, entre ellos el tabaquismo y la obesidad.

1. Reducir el estrés crónico

El estrés forma parte de la vida cotidiana, pero mantener durante mucho tiempo una respuesta de estrés elevada puede tener efectos sobre distintos sistemas del organismo.

El especialista Javier Coindreau señala que el estrés crónico puede acompañarse de alteraciones en procesos relacionados con la presión arterial, adrenalina, cortisol y glucosa, además de tener relación con mecanismos inflamatorios. La investigación médica también ha encontrado asociaciones entre trastornos relacionados con el estrés y un mayor riesgo de algunas enfermedades autoinmunes.

Esto no significa que el estrés sea la causa directa de una enfermedad reumática. En las enfermedades autoinmunes intervienen múltiples factores y todavía existen mecanismos que la ciencia continúa estudiando.

Por ello, controlar el estrés debe entenderse como parte de un estilo de vida saludable, no como una garantía para evitar la artritis u otra enfermedad.

2. Cuidar la calidad y duración del sueño

Dormir bien también forma parte de la salud musculoesquelética y del funcionamiento adecuado del organismo.

La falta de sueño sostenida se ha relacionado con un mayor riesgo de determinadas enfermedades autoinmunes. La investigación citada por Milenio, que incluyó a más de 186 mil mujeres, encontró una asociación entre periodos prolongados de sueño insuficiente y un mayor riesgo de lupus eritematoso sistémico.

El punto importante es la calidad del descanso a largo plazo, no una noche ocasional de mal sueño.

Mantener horarios relativamente constantes, procurar suficientes horas de descanso y atender problemas persistentes de sueño puede formar parte de las medidas generales para cuidar la salud.

3. Mantener y fortalecer la masa muscular

Los músculos cumplen una función fundamental para sostener y estabilizar las articulaciones.

El fortalecimiento muscular es particularmente relevante para la osteoartritis. Una musculatura adecuada puede ayudar a proporcionar soporte y estabilidad a las articulaciones, mientras que la pérdida progresiva de masa muscular puede afectar la función física.

El especialista consultado señala que una de las estrategias no farmacológicas para reducir el impacto de la osteoartritis consiste en desarrollar y conservar músculo mediante actividad física y una alimentación adecuada.

La evidencia actual también respalda la actividad física como parte importante del manejo de enfermedades reumáticas. Mayo Clinic señala que, en personas con artritis reumatoide, el ejercicio regular puede ayudar a disminuir dolor, rigidez y discapacidad, además de favorecer la fuerza y flexibilidad.

La actividad debe adaptarse a la condición de cada persona. Si ya existe dolor importante, inflamación o una enfermedad diagnosticada, lo recomendable es recibir orientación profesional para determinar qué ejercicios son apropiados.

4. Vigilar el peso corporal

El exceso de peso puede influir tanto en la carga mecánica que soportan las articulaciones como en procesos relacionados con la inflamación.

En enfermedades como la osteoartritis, un mayor peso corporal significa una mayor carga sobre articulaciones que soportan el peso, especialmente rodillas, caderas y pies.

Además, el sobrepeso y la obesidad también se han identificado como factores asociados con un mayor riesgo de artritis reumatoide. El Colegio Mexicano de Reumatología incluye la obesidad entre los factores ambientales que pueden influir en el desarrollo o gravedad de esta enfermedad.

Por eso, mantener un peso saludable puede contribuir a disminuir la carga sobre las articulaciones y favorecer la movilidad.

Otros factores que también importan

Los cuatro factores señalados por el especialista no son los únicos elementos relacionados con las enfermedades reumáticas.

Por ejemplo, fumar aumenta el riesgo de artritis reumatoide, mientras que los antecedentes familiares también pueden incrementar la probabilidad de desarrollar la enfermedad. La enfermedad periodontal se ha relacionado igualmente con un mayor riesgo de artritis reumatoide.

Algunos factores, como la genética, la edad o determinadas características biológicas, no pueden modificarse. Por eso, hablar de prevención debe hacerse con cuidado: cambiar hábitos puede reducir ciertos riesgos, pero no elimina por completo la posibilidad de desarrollar una enfermedad reumática.

¿Cuándo conviene acudir al médico?

Uno de los aspectos más importantes es reconocer los síntomas persistentes.

Dolor o inflamación recurrente de las articulaciones, rigidez que dura especialmente durante la mañana, hinchazón, calor o enrojecimiento articular, fatiga persistente o debilidad pueden justificar una valoración médica.

En particular, la artritis reumatoide puede producir daño articular progresivo si no se diagnostica y trata adecuadamente. El Colegio Mexicano de Reumatología destaca que el diagnóstico temprano y el tratamiento dirigido por un especialista pueden modificar el curso de la enfermedad y ayudar a prevenir deformidades.

La idea no es esperar a que el dolor se vuelva incapacitante para buscar atención.

Cuidar las articulaciones empieza antes del diagnóstico

Las enfermedades reumáticas tienen causas complejas y no existe una fórmula que permita prevenirlas todas. Sin embargo, dormir adecuadamente, manejar el estrés, mantener la fuerza muscular y cuidar el peso corporal son factores sobre los que una persona sí puede actuar.

A estas medidas se suman evitar el tabaquismo, mantener actividad física regular, procurar una alimentación equilibrada y consultar a un profesional cuando aparecen síntomas persistentes.

Más que intentar evitar cualquier molestia articular, el objetivo es conservar durante el mayor tiempo posible la movilidad, la fuerza y la calidad de vida, además de detectar a tiempo aquellas enfermedades que requieren tratamiento especializado.

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