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Colesterol en adolescentes: por qué la prevención debe comenzar temprano

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Durante años, el colesterol elevado se ha asociado principalmente con la edad adulta. Sin embargo, el proceso que puede llevar al desarrollo de enfermedades cardiovasculares puede comenzar mucho antes. La evidencia científica muestra que la aterosclerosis puede iniciar desde etapas tempranas de la vida, mientras que algunos factores de riesgo pueden acumularse durante la adolescencia.

Esto no significa que todos los adolescentes tengan colesterol alto ni que una persona joven esté destinada a desarrollar una enfermedad cardiovascular. El punto es que la salud de las arterias también depende de los hábitos y factores metabólicos que se mantienen durante años.

¿Qué ocurre con el colesterol desde edades tempranas?

El colesterol es una sustancia necesaria para distintas funciones del organismo. El problema aparece cuando determinadas partículas, especialmente el colesterol LDL, permanecen elevadas durante periodos prolongados.

La exposición continua a concentraciones elevadas de LDL puede favorecer que partículas de grasa se depositen en las paredes de las arterias. Con el tiempo, estos depósitos pueden contribuir al desarrollo de placas ateroscleróticas.

Investigaciones realizadas en personas de entre 15 y 34 años encontraron una relación entre los niveles de colesterol no HDL y la presencia de lesiones ateroscleróticas tempranas. También se observaron asociaciones con obesidad, hipertensión, alteraciones de la glucosa y tabaquismo.

La aterosclerosis puede avanzar sin síntomas

Una de las principales dificultades es que este proceso puede desarrollarse silenciosamente.

Una persona joven puede sentirse completamente saludable mientras determinados factores de riesgo afectan progresivamente sus vasos sanguíneos. Las manifestaciones clínicas de una enfermedad cardiovascular suelen aparecer muchos años después, cuando el proceso ya está avanzado.

Por eso, la prevención no debería comenzar únicamente cuando aparecen problemas cardiovasculares, sino mucho antes.

¿Qué papel tienen la alimentación y el sedentarismo?

Los hábitos cotidianos pueden influir en diferentes factores relacionados con la salud cardiovascular.

Una alimentación con exceso de grasas saturadas, productos ultraprocesados y azúcares añadidos, combinada con poca actividad física, puede favorecer un perfil metabólico menos saludable.

En adolescentes también se han identificado asociaciones entre determinados indicadores de grasa corporal y factores como colesterol total, LDL, triglicéridos, glucosa, insulina y presión arterial. Un estudio realizado en adolescentes mexicanos encontró precisamente estas relaciones entre la distribución de grasa abdominal y diversos indicadores cardiometabólicos.

El peso no es el único factor

Tener sobrepeso u obesidad puede aumentar determinados riesgos metabólicos, pero no es el único elemento que debe considerarse.

También pueden influir:

  • Antecedentes familiares de colesterol elevado.
  • Hipercolesterolemia familiar.
  • Alimentación poco equilibrada.
  • Falta de actividad física.
  • Tabaquismo.
  • Presión arterial elevada.
  • Alteraciones de glucosa.
  • Determinadas condiciones metabólicas.

La hipercolesterolemia familiar merece especial atención porque puede provocar niveles elevados de colesterol LDL desde edades tempranas. Una declaración de consenso publicada en 2026 señala la importancia de su detección y tratamiento precoz en niños y adolescentes.

¿Los adolescentes necesitan revisar su colesterol?

La necesidad de realizar una evaluación depende de factores como la edad, los antecedentes familiares y las características individuales.

En Estados Unidos, los datos recientes muestran que los niveles de colesterol y otros lípidos también se monitorizan en población infantil y adolescente. Entre 2021 y 2023, el colesterol total promedio registrado en adolescentes de 12 a 19 años fue de 154.8 mg/dL.

Cuando existen antecedentes familiares de enfermedad cardiovascular temprana o colesterol elevado, puede ser particularmente importante consultar con un profesional de la salud para determinar si es necesario realizar pruebas.

¿Qué hábitos pueden ayudar a proteger la salud cardiovascular?

La prevención comienza con hábitos que puedan mantenerse a largo plazo. Entre ellos se encuentran:

1. Mantener una alimentación equilibrada

Conviene priorizar verduras, frutas enteras, leguminosas, cereales integrales, frutos secos y otras fuentes de nutrientes, mientras se limita el consumo frecuente de productos con exceso de grasas saturadas, azúcares añadidos y sodio.

2. Realizar actividad física

El movimiento regular forma parte de una estrategia integral para cuidar la salud cardiovascular y metabólica.

No necesariamente implica practicar un deporte competitivo. Caminar, andar en bicicleta, bailar o practicar algún deporte también puede contribuir a mantener una vida activa.

3. Evitar el tabaco

El tabaquismo es uno de los factores que pueden contribuir al daño cardiovascular y también se ha relacionado con lesiones ateroscleróticas en personas jóvenes.

4. Conocer los antecedentes familiares

Si existen familiares con colesterol elevado o enfermedades cardiovasculares a edades tempranas, es recomendable comentarlo con un profesional de la salud.

5. No esperar a tener síntomas

El colesterol elevado generalmente no produce síntomas evidentes. Por ello, la evaluación médica puede ser importante cuando existen factores de riesgo.

La prevención comienza antes de lo que pensamos

El colesterol no es un problema exclusivo de las personas mayores. La evidencia indica que los procesos relacionados con la aterosclerosis pueden comenzar desde la infancia y la adolescencia, aunque las consecuencias clínicas aparezcan décadas después.

Esto convierte a la adolescencia en una etapa importante para establecer hábitos saludables y detectar factores de riesgo. Cuidar la alimentación, mantenerse activo y conocer los antecedentes familiares puede ayudar a construir una mejor salud cardiovascular a largo plazo.

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