
Yema surgió después de que sus fundadores, René, Angie y Laurène, cuestionaran la extensa lista de ingredientes artificiales incluida en unos cacahuates comercializados como “premium”. La experiencia los llevó a desarrollar una marca basada en etiquetas claras, ingredientes sencillos y procesos de producción más transparentes.
La cadena se presenta como “la versión del súper que siempre soñaste” y busca demostrar que el acceso a productos naturales y opciones de consumo responsable no debe limitarse a un público exclusivo. Con el tiempo, el proyecto pasó de ser una marca de alimentos a convertirse en una red de supermercados con productos propios.
Productos saludables y una experiencia diferente
Yema comercializa frutas, verduras, carnes, panadería, alimentos preparados, productos congelados, bebidas, artículos de limpieza, opciones para mascotas y productos de cuidado personal. Su catálogo también incluye alimentos orgánicos, veganos y libres de diversos aditivos.
La propuesta busca atraer a consumidores interesados en bienestar, sostenibilidad y alimentos de mayor valor agregado. Sus tiendas ofrecen espacios modernos, alimentos frescos y una presencia importante de productos desarrollados bajo su propia marca, especialmente snacks, café, lácteos, pan y artículos listos para consumir.
Las diferencias entre Yema y Tiendas 3B
Aunque Yema forma parte de la misma empresa detrás de Tiendas 3B, ambas cadenas atienden mercados diferentes. Tiendas 3B opera bajo un modelo de descuento duro, con surtido reducido, precios bajos y establecimientos compactos. Yema, en cambio, apuesta por una experiencia cercana a la de un supermercado especializado.
La diferencia también se refleja en su presencia territorial. Yema cuenta con cuatro sucursales físicas en la Ciudad de México, ubicadas en Condesa, Roma, Olivar de los Padres y Oxtopulco. Tiendas 3B supera las 3,000 unidades distribuidas en 17 estados y la capital del país.
Con una operación todavía limitada, Yema representa el intento del grupo por captar a clientes dispuestos a pagar más por ingredientes naturales y productos especializados, pero sin alcanzar necesariamente los precios de los supermercados gourmet tradicionales.












