
Investigadoras de la Universidad Politécnica de Santa Rosa Jáuregui, en Querétaro, desarrollaron nanofibras a partir de materiales reciclados, como PET y poliestireno, con el objetivo de crear prototipos de filtros para el tratamiento de agua.
El proyecto, encabezado por la docente e investigadora Susana Meraz Dávila, busca demostrar que los residuos plásticos pueden tener una segunda vida en aplicaciones ambientales y tecnológicas, especialmente ante los retos de disponibilidad hídrica en la región.
Nanofibras para separar compuestos en el agua
De acuerdo con Meraz Dávila, las nanofibras se fabrican mediante equipo de electrospinning, una técnica que permite generar fibras ultradelgadas con distintos usos.
En el caso del tratamiento de agua, estas fibras ayudan a separar el líquido de compuestos mezclados, lo que puede servir como una etapa previa dentro de procesos más amplios de filtración o limpieza.
La investigadora señaló que aún se requiere tiempo para caracterizar por completo sus propiedades y avanzar hacia aplicaciones cotidianas, por lo que llamó a la industria y a la iniciativa privada a invertir en este tipo de desarrollos.
Un proyecto con potencial en varias industrias
Aunque el enfoque actual está relacionado con el agua, las nanofibras también pueden utilizarse en otros sectores. Entre sus posibles aplicaciones se encuentran parches biomédicos, textiles con sensores para medir pH o temperatura, así como materiales agroindustriales.
En agricultura, podrían emplearse para liberar feromonas, insecticidas naturales o minerales necesarios para el crecimiento de plantas, reduciendo el desperdicio de fertilizantes que pueden terminar contaminando mantos acuíferos.
Reciclaje, ciencia y respuesta ambiental
La investigación inició en 2020 con un enfoque agroindustrial, pero sus posibilidades se ampliaron hacia la filtración de agua y otras áreas. Meraz Dávila explicó que algunas fibras pueden ser biodegradables, mientras que las elaboradas con PET o poliestireno podrían reutilizarse.
El desarrollo cobra relevancia en un contexto donde Querétaro enfrenta presión por el uso y disponibilidad del agua. Aunque el prototipo aún se encuentra en etapa de investigación, representa una alternativa científica para transformar residuos plásticos en soluciones ambientales.












