
El Mundial 2026 consiguió estadios llenos, boletos agotados y una elevada audiencia internacional; sin embargo, el torneo no produjo el aumento de visitantes extranjeros que esperaban autoridades, organismos turísticos y ciudades sede de Estados Unidos.
Durante junio, el país recibió aproximadamente 2.8 millones de viajeros internacionales, una disminución anual de 1.8%, según datos de la Oficina Nacional de Viajes y Turismo estadounidense. El resultado cobra relevancia porque junio de 2025 ya había registrado una caída de 3.4% frente al año anterior.
Europa y Asia enviaron menos viajeros
Las llegadas procedentes de Europa retrocedieron 1.2%, mientras las originadas en Asia disminuyeron 5.6%. Sudamérica aumentó 4.7% y África 13.8%, aunque ambas regiones representan un volumen menor dentro del turismo que recibe Estados Unidos.
Las llegadas internacionales por vía aérea apenas crecieron 0.2%, por lo que el flujo de pasajeros quedó lejos del incremento previsto para el torneo de 48 selecciones organizado conjuntamente por Estados Unidos, México y Canadá.
Precios altos pudieron alejar a otros turistas
Las ciudades anfitrionas elevaron las tarifas de hospedaje ante la expectativa de recibir más aficionados, pero el aumento de precios no estuvo acompañado por una expansión equivalente en ocupación hotelera.
Especialistas señalan que los grandes eventos también pueden generar un efecto de sustitución: mientras llegan aficionados al futbol, otros viajeros posponen sus visitas para evitar costos elevados, congestionamientos y dificultades logísticas. Además, una parte importante del público que llenó los estadios ya residía en territorio estadounidense.
Proyecciones económicas enfrentan la realidad
Un estudio difundido por FIFA estimó que el Mundial podría generar 30 mil 500 millones de dólares en producción económica y aportar 17 mil 200 millones al PIB de Estados Unidos. Estas cifras son proyecciones y no equivalen automáticamente a beneficios ya obtenidos por hoteles, restaurantes o comercios locales.
El torneo demostró su capacidad como espectáculo deportivo y producto comercial, pero los datos iniciales cuestionan la idea de que organizar una Copa del Mundo garantiza por sí mismo un auge turístico. La evaluación completa requerirá conocer las cifras finales de visitantes, ocupación, consumo y recaudación en cada ciudad sede.












