
El hígado graso se ha convertido en una de las enfermedades hepáticas más frecuentes en el mundo y cada vez afecta a personas más jóvenes. Aunque tradicionalmente se asociaba con adultos mayores, especialistas advierten que actualmente puede presentarse desde la adolescencia e incluso en niños con factores de riesgo metabólicos.
La enfermedad, conocida médicamente como esteatosis hepática, ocurre cuando se acumula grasa en las células del hígado. En la mayoría de los casos está relacionada con obesidad, diabetes tipo 2, colesterol elevado, hipertensión arterial y resistencia a la insulina.
¿A partir de qué edad debo preocuparme?
Los especialistas señalan que no existe una edad específica para desarrollar hígado graso. Sin embargo, el riesgo aumenta a partir de la mediana edad y en personas que presentan sobrepeso, obesidad o trastornos metabólicos. Aun así, la enfermedad también puede aparecer en jóvenes e incluso en menores de edad.
De acuerdo con la información difundida por expertos citados por Infobae, las personas con diabetes tipo 2 representan uno de los grupos más vulnerables. La Secretaría de Salud estima que entre 60% y 80% de los pacientes con esta enfermedad también presentan algún grado de hígado graso.
Otros factores que elevan el riesgo incluyen:
- Obesidad o sobrepeso.
- Colesterol y triglicéridos elevados.
- Hipertensión arterial.
- Sedentarismo.
- Consumo frecuente de alimentos ultraprocesados.
- Antecedentes familiares de enfermedades hepáticas.
- Síndrome de ovario poliquístico.
- Apnea del sueño e hipotiroidismo.
Los primeros síntomas suelen pasar desapercibidos
Uno de los principales problemas del hígado graso es que generalmente no produce síntomas durante años. Por ello, muchas personas descubren la enfermedad de forma accidental al realizarse análisis de sangre o estudios de imagen por otras razones.
Cuando aparecen señales de alerta, las más comunes son:
- Cansancio persistente.
- Fatiga sin causa aparente.
- Sensación de pesadez o molestia en la parte superior derecha del abdomen.
- Inflamación abdominal.
- Malestar general.
En etapas avanzadas pueden presentarse complicaciones más graves como fibrosis, cirrosis e incluso cáncer hepático.
¿Cómo se detecta?
Debido a que suele ser una enfermedad silenciosa, los especialistas recomiendan realizar estudios preventivos en personas con factores de riesgo. El diagnóstico generalmente se realiza mediante:
- Pruebas de función hepática.
- Análisis de sangre.
- Ultrasonido hepático.
- Estudios de imagen especializados cuando es necesario.
El IMSS y otras instituciones de salud sugieren que quienes padecen obesidad, diabetes o antecedentes familiares se sometan a revisiones periódicas aun cuando no presenten síntomas.
La prevención sigue siendo la mejor herramienta
Los expertos coinciden en que el tratamiento más efectivo consiste en modificar el estilo de vida. La pérdida moderada de peso, una alimentación equilibrada y la actividad física regular pueden reducir significativamente la grasa acumulada en el hígado y evitar la progresión de la enfermedad.
Además, recomiendan disminuir el consumo de bebidas azucaradas, alimentos ultraprocesados y alcohol, así como mantener bajo control la diabetes, la presión arterial y los niveles de colesterol.
Aunque muchas personas asocian el hígado graso con edades avanzadas, la realidad es que puede aparecer mucho antes. Por ello, los médicos aconsejan prestar atención a los factores de riesgo y realizar chequeos preventivos, ya que detectar la enfermedad a tiempo puede evitar daños hepáticos permanentes.












