
Durante años, el vino en México estuvo asociado con aniversarios, cenas elegantes y grandes celebraciones. Esa percepción comienza a modificarse, pues ahora también acompaña brunches, comidas entre amigos, reuniones espontáneas y tardes de cocina en casa.
El cambio está relacionado con consumidores que buscan experiencias sencillas, sociales y menos sujetas a protocolos. La Generación Z, que representa cerca de una cuarta parte de la población, registra un consumo de alcohol más ocasional y muestra interés por bebidas saborizadas y con menor graduación.
Cada generación brinda de manera diferente
Para los Baby Boomers y parte de la Generación X, el vino conserva su vínculo con las tradiciones familiares y las celebraciones alrededor de la mesa. Los Millennials, por su parte, ampliaron su presencia hacia cenas casuales, viajes de fin de semana, reuniones después del trabajo y experiencias gastronómicas.
La Generación Z impulsa una relación más espontánea con la bebida y busca etiquetas versátiles para compartir en terrazas, restaurantes o reuniones informales. Aunque el vino tinto mantiene el liderazgo, también aumenta el interés por rosados, espumosos y vinos jóvenes debido a su frescura.
Riunite apuesta por bebidas más accesibles
Frente a esta transformación, Riunite busca acercarse a distintas generaciones con su Lambrusco naturalmente dulce, que contiene 8% de alcohol. La propuesta pretende ampliar las ocasiones de consumo sin abandonar la tradición italiana vinculada con la marca.
“Una misma botella puede reunir a abuelos, hijos y nietos alrededor de una mesa, pero también acompañar una cena entre amigos”, señaló Jonathan Campos, director de Marketing de IDI, empresa responsable de comercializar Riunite en México.
El brindis se integra a la vida diaria
La campaña reúne a Isabel Lascurain, Wattsopa y Andy Badillo como representantes de diferentes generaciones y estilos de convivencia. La estrategia muestra cómo una misma bebida puede integrarse a celebraciones familiares, encuentros cotidianos y experiencias más ligeras.
La tendencia indica que el vino ya no necesita esperar una fecha especial. Su incorporación a momentos habituales refleja una forma de consumo más flexible, abierta y vinculada con la convivencia.











