
La inteligencia artificial se ha convertido en una herramienta cotidiana para millones de personas. Sin embargo, detrás de cada consulta realizada a plataformas como ChatGPT existe una infraestructura tecnológica que consume enormes cantidades de energía y agua. Un nuevo informe de la Universidad de las Naciones Unidas (UNU) advierte que el impacto ambiental de la inteligencia artificial podría crecer de forma acelerada durante los próximos años.
El estudio señala que los centros de datos que alimentan sistemas de IA ya consumen más electricidad que la mayoría de los países del mundo y podrían duplicar su demanda energética antes de que termine la década.
La IA impulsa el crecimiento de los centros de datos
Actualmente, cerca del 20% de la energía utilizada por los centros de datos está relacionada con aplicaciones de inteligencia artificial. Sin embargo, los investigadores estiman que esta proporción podría alcanzar el 40% para 2030 debido al crecimiento de herramientas generativas cada vez más complejas.
Durante 2025, los centros de datos consumieron alrededor de 448 billones de vatios hora de electricidad, una cifra superior al consumo energético de casi todos los países del planeta. Además, generaron aproximadamente 189 millones de toneladas de dióxido de carbono, una cantidad comparable a las emisiones anuales de Argentina.
El informe también calcula que la operación de esta infraestructura requirió cerca de 4.5 billones de litros de agua.
¿Ser amable con la IA consume más energía?
Uno de los aspectos que más llamó la atención del estudio tiene relación con la forma en que las personas interactúan con los sistemas de inteligencia artificial.
Según los investigadores, consultas más largas requieren más procesamiento y, por lo tanto, consumen más recursos computacionales. Por ello, los expertos recomiendan formular solicitudes de manera clara y concisa.
El informe estima que reducir en un 30% la cantidad de palabras utilizadas en una consulta podría disminuir hasta un 25% la energía requerida para generar una respuesta.
Esto ha llevado a algunos especialistas a plantear que incluso expresiones adicionales como «por favor» o «gracias» incrementan marginalmente el procesamiento necesario, aunque aclaran que el verdadero problema no son las palabras de cortesía, sino el enorme volumen de consultas que reciben estas plataformas diariamente.
El verdadero consumo está en el uso cotidiano
Contrario a lo que muchas personas creen, el mayor gasto energético de la inteligencia artificial no ocurre durante el entrenamiento de los modelos.
La investigadora Miriam Aczel, coautora del informe, explicó que cerca del 90% del consumo energético asociado a la IA proviene de las consultas realizadas por los usuarios una vez que los sistemas ya están en funcionamiento.
La cifra resulta especialmente relevante si se considera que herramientas como ChatGPT procesan miles de millones de solicitudes cada día en todo el mundo.
Además, las tareas más complejas, como la generación de imágenes, videos o análisis avanzados, requieren significativamente más energía que las consultas de texto convencionales.
Una industria bajo presión ambiental
El informe también advierte que, de mantenerse la tendencia actual, los centros de datos podrían consumir cerca de 935 billones de vatios hora para 2030, representando aproximadamente el 3% de toda la electricidad utilizada en el planeta.
Si los centros de datos fueran un país, se convertirían en el sexto mayor consumidor de energía del mundo.
Para los expertos, el desafío no consiste únicamente en mejorar la eficiencia tecnológica, sino también en aumentar la transparencia sobre el verdadero impacto ambiental de la infraestructura digital.
Muchas empresas tecnológicas destacan el uso de energías renovables en sus operaciones, aunque los investigadores recuerdan que la creciente demanda de electricidad sigue ejerciendo presión sobre las redes energéticas globales.
El costo invisible de cada consulta
Los autores del informe insisten en que la inteligencia artificial no es una tecnología intangible. Detrás de cada respuesta existe una red de servidores, sistemas de enfriamiento, consumo eléctrico y recursos naturales que hacen posible el funcionamiento de estas herramientas.
Por ello, la ONU considera que el debate sobre el futuro de la IA también debe incluir su impacto ambiental, especialmente en un contexto donde el uso de estas plataformas continúa creciendo a nivel mundial.
La recomendación de los especialistas es simple: utilizar la inteligencia artificial de forma responsable, formular consultas precisas y comprender que cada interacción digital tiene una huella energética que, aunque invisible para el usuario, es muy real para el planeta.












