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Ejercicios para esclerosis múltiple: cómo la actividad física mejora la movilidad y la calidad de vida

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esclerosis múltiple
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Moverse, caminar sin esfuerzo o sostener un objeto con firmeza son acciones cotidianas que pueden verse afectadas por la esclerosis múltiple (EM), una enfermedad neurológica crónica que interrumpe la comunicación entre el cerebro y el cuerpo debido al daño en la mielina, la capa protectora de los nervios.

En México, más de 20 mil personas viven con EM, según la Secretaría de Salud, siendo las mujeres las más afectadas. Ante ello, los ejercicios especializados para esclerosis múltiple se han convertido en una herramienta clave para mantener la movilidad, reducir síntomas y mejorar la calidad de vida.

“La actividad física en general es beneficiosa para mantener la movilidad y también puede ayudar con síntomas no motores como la depresión”, explica Sarah Bell, fisioterapeuta especializada en trastornos neurológicos.

Cómo el ejercicio beneficia a quienes viven con esclerosis múltiple

Uno de los síntomas más comunes de la EM es la fatiga, que afecta a cerca del 80 % de los pacientes. Otros síntomas incluyen debilidad muscular, visión borrosa, rigidez, pérdida de equilibrio y sensibilidad al calor.

Aunque el ejercicio no repara la mielina dañada, ayuda a fortalecer las conexiones neuronales restantes y a conservar la función motora. Estudios han demostrado que la actividad física regular mejora el equilibrio, la fuerza, la resistencia y el bienestar general de los pacientes.

Un programa de entrenamiento adecuado puede reducir la fatiga, aumentar la energía y mejorar la independencia funcional, además de impactar positivamente en la salud mental.

Tipos de ejercicios recomendados para la esclerosis múltiple

Sarah Bell clasifica las rutinas más efectivas en cuatro categorías principales:

1. Aeróbicos:
Caminar, nadar o usar bicicleta estática ayuda a mejorar la resistencia y la salud cardiovascular. Se recomienda realizar al menos 150 minutos semanales de actividad moderada. Los entrenamientos por intervalos pueden ser útiles para quienes experimentan fatiga intensa.

2. Estiramientos:
Reducen la rigidez muscular y alivian la espasticidad. Trabajar zonas como pantorrillas, isquiotibiales y flexores de cadera varias veces al día mejora la movilidad.

3. Entrenamiento de fuerza:
Utilizar pesas ligeras o bandas elásticas dos o tres veces por semana fortalece los músculos debilitados y mejora la coordinación.

4. Ejercicios de equilibrio:
Ayudan a prevenir caídas y mantener la estabilidad. Practicar posturas simples, como mantenerse sobre un pie o girar lentamente, contribuye al control corporal y la confianza.

Precauciones y recomendaciones para ejercitarse con seguridad

Antes de iniciar cualquier programa de ejercicios, es esencial consultar con un fisioterapeuta especializado. El profesional puede evaluar el estado físico del paciente y adaptar las rutinas a su nivel de movilidad.

Algunas recomendaciones prácticas incluyen:

  • Empezar con sesiones cortas e incrementar progresivamente la intensidad.

  • Ejercitarse durante las horas del día con más energía.

  • Utilizar dispositivos de apoyo, como bastones o andaderas, para evitar caídas.

  • Implementar estrategias de enfriamiento, como chalecos fríos o ejercicios acuáticos, para reducir el impacto del calor.

“El calor puede empeorar los síntomas, por lo que mantener una temperatura corporal estable es crucial”, enfatiza Bell.

Ejercicio: un pilar en el tratamiento integral de la EM

La práctica constante de actividad física tiene un impacto positivo más allá de lo físico. Ayuda a conservar la independencia, fortalece la autoestima y mejora la calidad del sueño.

En México, donde la esclerosis múltiple afecta principalmente a adultos jóvenes, fomentar hábitos de ejercicio adaptado puede marcar la diferencia en la progresión de la enfermedad y en la percepción social del paciente.

Incorporar ejercicio en la rutina diaria no solo mejora la movilidad, sino que también empodera a las personas con EM para vivir con mayor autonomía y bienestar.

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