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¿Inflar de más las llantas ahorra gasolina? Esto es lo que realmente pasa

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Ahorrar gasolina es una de las principales preocupaciones de quienes utilizan el automóvil todos los días. Por eso, alrededor del mantenimiento de las llantas circula un consejo que parece tener lógica: ponerles un poco más de aire para reducir la resistencia al rodamiento y gastar menos combustible.

El problema es que aumentar la presión por encima de la recomendada por el fabricante no convierte automáticamente al vehículo en uno más eficiente. Al contrario, el sobreinflado puede modificar el comportamiento de las llantas, acelerar su desgaste y afectar el agarre del automóvil.

La clave para ahorrar combustible no está en ponerles “más aire”, sino en mantenerlas en la presión correcta.

¿Por qué se piensa que inflar más las llantas ahorra gasolina?

Una llanta con menor presión puede presentar una mayor resistencia al rodamiento. Esto significa que el motor necesita realizar más trabajo para mover el vehículo.

La presión adecuada ayuda a reducir esa resistencia y puede contribuir a mejorar el consumo de combustible. De hecho, la NHTSA señala que mantener correctamente infladas las llantas puede generar un ahorro de combustible.

De ahí surge la idea de que, si una presión adecuada ayuda, aumentar todavía más la presión debería producir un ahorro mayor.

Pero ahí está el error.

La presión recomendada por el fabricante ya contempla el equilibrio entre eficiencia, agarre, frenado, comodidad, desgaste y seguridad.

Superarla no significa necesariamente que el vehículo vaya a consumir menos.

¿Qué pasa cuando las llantas están demasiado infladas?

Cuando una llanta está sobreinflada, cambia la forma en que entra en contacto con el pavimento.

En lugar de distribuir adecuadamente la superficie de contacto, el desgaste puede concentrarse en la parte central de la banda de rodamiento. Michelin advierte que el sobreinflado puede reducir la vida útil de la llanta debido precisamente a este desgaste acelerado.

Esto significa que un supuesto ahorro en gasolina puede terminar convirtiéndose en un gasto prematuro en neumáticos.

Además, una presión incorrecta puede afectar el comportamiento del vehículo, especialmente en determinadas condiciones de conducción.

También puede afectar el agarre

Las llantas son el único punto de contacto entre el automóvil y el pavimento.

Cuando la presión no es la adecuada, puede cambiar la manera en que el vehículo responde al volante y cómo se comporta al frenar.

Michelin señala que una presión incorrecta puede reducir el agarre y aumentar las distancias de frenado. En condiciones de lluvia, una presión inadecuada también puede afectar el comportamiento del neumático sobre el pavimento mojado.

Por eso, buscar unos cuantos kilómetros adicionales por litro no debería hacerse a costa de alterar la presión recomendada.

¿Entonces cuánto aire deben llevar las llantas?

Aquí existe un error bastante común: la presión máxima que aparece en el costado de la llanta no necesariamente es la presión que debe utilizar tu automóvil.

La presión correcta debe buscarse en:

  • La etiqueta ubicada en el marco o pilar de la puerta del conductor.
  • El manual del propietario.
  • La información proporcionada por el fabricante del vehículo.

La presión puede ser diferente entre las llantas delanteras y traseras y también puede variar dependiendo de la carga del vehículo.

Por eso, copiar la cifra que aparece en el costado del neumático puede ser un error.

La NHTSA explica que ese número corresponde a la presión máxima que la llanta puede soportar, no necesariamente a la presión recomendada para ese vehículo.

¿Y qué ocurre con las llantas poco infladas?

Tampoco se trata de llevarlas por debajo de la presión recomendada.

Una llanta con presión insuficiente aumenta la resistencia al rodamiento y puede incrementar el consumo de combustible. Además, puede calentarse más, desgastarse de manera irregular y afectar el comportamiento del automóvil.

La NHTSA advierte que un mantenimiento inadecuado de las llantas puede contribuir a fallas como ponchaduras, reventones o desprendimiento de la banda de rodamiento.

Por eso, tanto el exceso como la falta de presión son problemas.

La presión correcta es el punto de equilibrio

El objetivo no es tener las llantas lo más infladas posible, sino mantenerlas exactamente en el rango recomendado para el vehículo.

La presión indicada por el fabricante está determinada tomando en cuenta diferentes características del automóvil y de las llantas.

Ese nivel busca equilibrar aspectos como:

Consumo de combustible: una presión adecuada ayuda a controlar la resistencia al rodamiento.

Seguridad: permite que la llanta trabaje de acuerdo con las especificaciones del vehículo.

Desgaste: evita que determinadas zonas de la banda de rodamiento se deterioren antes de tiempo.

Manejo: ayuda a conservar las características de respuesta previstas por el fabricante.

Durabilidad: una presión adecuada puede contribuir a prolongar la vida útil de las llantas.

¿Cada cuánto hay que revisar la presión?

No conviene esperar a que una llanta se vea visiblemente baja.

La NHTSA recomienda revisar la presión al menos una vez al mes, mientras Michelin también aconseja hacerlo antes de emprender un viaje largo.

También es recomendable revisar la presión cuando el vehículo ha estado estacionado durante varias horas.

Esto se debe a que la temperatura modifica la presión interna de las llantas.

Para obtener una medición precisa, la NHTSA recomienda comprobarlas cuando están frías, después de que el vehículo haya permanecido detenido durante al menos tres horas.

¿Qué pasa cuando hace mucho calor?

La presión de una llanta puede aumentar conforme aumenta su temperatura.

Por eso, no es recomendable ajustar la presión basándose únicamente en una medición realizada después de conducir durante un periodo prolongado.

Michelin recomienda realizar la comprobación preferentemente con las llantas frías. Si se mide una llanta caliente, la presión puede ser temporalmente mayor debido al calentamiento.

Lo importante es seguir las indicaciones específicas del fabricante del vehículo.

¿El sensor TPMS es suficiente?

No necesariamente.

Los vehículos equipados con un sistema de monitoreo de presión de las llantas, conocido como TPMS, pueden alertar al conductor cuando detectan una pérdida importante de presión.

Sin embargo, la NHTSA señala que estos sistemas están diseñados para advertir cuando la presión ya ha descendido significativamente. Por ello, no sustituyen las revisiones periódicas.

En otras palabras, no hay que esperar a que aparezca el testigo en el tablero para revisar las llantas.

El ahorro está en mantenerlas correctamente infladas

Si quieres gastar menos combustible, mantener la presión correcta sí puede formar parte de una estrategia de conducción más eficiente.

Pero inflar las llantas por encima de lo recomendado no es un atajo para ahorrar gasolina.

La diferencia puede parecer pequeña en una visita a la gasolinera, pero el desgaste prematuro, una reducción del agarre o un comportamiento menos predecible del vehículo pueden terminar costando mucho más.

Antes de poner aire, basta con revisar la etiqueta de la puerta del conductor y utilizar esa cifra como referencia.

En este caso, menos improvisación y más presión correcta: la mejor cifra no es la más alta, sino la que especificó el fabricante para tu automóvil.

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