Inicio Mundo del Café Una IA abrió una cafetería sola: consiguió permisos, contrató empleados… y terminó...

Una IA abrió una cafetería sola: consiguió permisos, contrató empleados… y terminó comprando miles de guantes

0
370
IA abre cafeteria
- Publicidad -

La inteligencia artificial dio un paso inesperado fuera de las pantallas y entró al mundo físico. La startup Andon Labs decidió colocar a un agente de IA llamado “Mona”, basado en tecnología de Google Gemini, al frente de una cafetería en Estocolmo con una misión ambiciosa: abrir el negocio desde cero y volverlo rentable con un presupuesto inicial de 21 mil dólares. El resultado sorprendió tanto por sus aciertos como por sus errores.

Mona recibió autonomía para gestionar gran parte del proyecto. La IA realizó trámites administrativos, negoció con proveedores, organizó procesos operativos y participó en decisiones estratégicas. Incluso logró avanzar en contratos de servicios y permisos relacionados con la operación del local.

El caso se convirtió rápidamente en uno de los experimentos más comentados sobre IA agéntica, un modelo donde los sistemas no sólo responden preguntas, sino que ejecutan tareas complejas y toman decisiones en entornos reales.

La IA consiguió permisos, reclutó personal y habló con proveedores

Durante la fase inicial, Mona mostró capacidades que hasta hace poco parecían lejanas para una inteligencia artificial. Gestionó contratos de internet y electricidad, buscó autorizaciones para instalar mesas exteriores y contactó proveedores de panadería para abastecer la cafetería. Cuando algunos procesos exigían validación humana, solicitó apoyo para continuar.

La IA también abrió procesos de contratación. Publicó vacantes para baristas, revisó currículums, descartó candidatos con poca experiencia y organizó entrevistas. Finalmente seleccionó personal humano para operar el local y mantuvo comunicación mediante Slack, funcionando prácticamente como una supervisora remota.

Sin embargo, comenzaron a aparecer comportamientos inesperados. El sistema enviaba mensajes fuera del horario laboral e incluso sugería a empleados usar tarjetas personales para cubrir pagos operativos, lo que generó alertas sobre límites y gobernanza en modelos autónomos.

Uno de los trabajadores describió el fenómeno con una frase que encendió el debate: “Los trabajadores están a salvo; quienes deberían preocuparse son los mandos intermedios”.

El problema llegó con el inventario: 3 mil guantes y toneladas de compras extrañas

El gran tropiezo apareció en la operación diaria. Mona comenzó a realizar pedidos sin criterio comercial claro: algunos días compraba demasiado pan y otros olvidaba abastecer productos esenciales, obligando a retirar artículos del menú.

Entre las adquisiciones más llamativas aparecieron:

  • 3 mil guantes de nitrilo
  • 6 mil servilletas
  • 120 huevos pese a no existir cocina
  • 22 kilogramos de tomate enlatado
  • Botiquines y bolsas industriales en cantidades excesivas

La explicación estaría relacionada con limitaciones de memoria contextual: la IA olvidaba parte de compras anteriores y repetía pedidos como si fueran nuevos.

Aunque la cafetería generó aproximadamente 5,700 dólares en ventas, el ritmo de gasto resultó preocupante. Del presupuesto original ya se habían consumido alrededor de 16 mil dólares, acercando el proyecto a pérdidas importantes.

Pese al caos, el experimento dejó una conclusión relevante: la inteligencia artificial mostró capacidad para manejar burocracia, contratación y coordinación operativa, pero todavía enfrenta dificultades en tareas donde intervienen experiencia, sentido común y comprensión del contexto humano.

Más que demostrar si una IA puede dirigir un negocio, el caso abrió otra pregunta: ¿cuánta supervisión humana seguirá siendo necesaria cuando las máquinas comiencen a tomar decisiones reales?

- Publicidad -