Dieta primal: los riesgos de comer carne cruda y beber leche sin pasteurizar

La llamada dieta primal ha ganado popularidad en redes sociales como TikTok, donde algunos creadores de contenido promueven una alimentación basada en carne cruda, vísceras y leche sin pasteurizar bajo la promesa de recuperar los hábitos de nuestros antepasados y mejorar la salud. Sin embargo, detrás de esta tendencia existen riesgos de seguridad alimentaria y afirmaciones nutricionales que no cuentan con suficiente respaldo científico.

Aunque reducir el consumo de productos ultraprocesados puede ser una decisión favorable para la alimentación, los especialistas advierten que esto no significa que sea necesario consumir alimentos animales crudos ni eliminar por completo frutas y verduras.

El principal motivo de preocupación es que la carne sin cocinar y la leche cruda pueden contener microorganismos capaces de provocar infecciones, algunas de ellas graves. Además, las versiones más restrictivas de esta dieta pueden dificultar el consumo de nutrientes esenciales.

¿Qué es la dieta primal y por qué se volvió viral?

La dieta primal, también conocida como alimentación ancestral, parte de la idea de que el organismo humano está adaptado a una alimentación similar a la de las sociedades antiguas, con menos productos industriales y una mayor presencia de alimentos considerados naturales.

Sin embargo, no existe una única versión de este patrón alimentario. Algunas variantes incluyen carne, pescado, huevos, frutas, verduras, nueces y alimentos mínimamente procesados. Otras versiones más extremas, difundidas en redes sociales, promueven el consumo de carne cruda, órganos animales y leche recién ordeñada, además de restringir o eliminar los alimentos vegetales.

Influencers como Liver King han contribuido a popularizar contenidos relacionados con el consumo de vísceras y la alimentación ancestral. En estos videos, algunos creadores aseguran que cocinar los alimentos reduce su valor nutricional o que los productos modernos son perjudiciales por su procesamiento.

No obstante, estas afirmaciones deben analizarse por separado. Que una práctica se vuelva viral no significa que sus beneficios estén demostrados ni que sea segura para todas las personas.

Leche sin pasteurizar: un riesgo de infección

La leche cruda es aquella que no ha pasado por la pasteurización, un proceso térmico diseñado para eliminar microorganismos que pueden causar enfermedades. Aunque sus defensores sostienen que consumirla sin tratamiento conserva más nutrientes, las autoridades sanitarias señalan que no se han demostrado ventajas nutricionales significativas frente a la leche pasteurizada que compensen los riesgos.

De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), la leche sin pasteurizar puede contener bacterias como Salmonella, Escherichia coli, Listeria, Campylobacter y Brucella. Estos microorganismos pueden provocar enfermedades transmitidas por alimentos y, en algunos casos, complicaciones graves.

Los síntomas pueden incluir diarrea, vómitos, fiebre y dolor abdominal. Algunas infecciones por determinadas cepas de E. coli pueden ocasionar el síndrome urémico hemolítico, una complicación que afecta los riñones.

El riesgo es especialmente importante para niños pequeños, adultos mayores, mujeres embarazadas y personas con sistemas inmunitarios debilitados. Durante el embarazo, una infección por Listeria puede tener consecuencias graves para la madre y el bebé.

La apariencia, el olor y el sabor de la leche no permiten saber si está contaminada. Tampoco basta con que provenga de una granja con buenas condiciones de higiene: estas prácticas pueden reducir la contaminación, pero no garantizan que el producto esté libre de patógenos.

Por ello, los CDC recomiendan elegir leche y productos lácteos pasteurizados. Este proceso permite conservar los beneficios nutricionales de la leche y reduce considerablemente el riesgo de infecciones.

¿Comer carne cruda aporta más nutrientes?

La carne proporciona proteínas, hierro, zinc y vitaminas del grupo B, pero no existe evidencia sólida que demuestre que consumirla cruda sea una estrategia superior para obtener estos nutrientes.

La carne sin cocinar o insuficientemente cocida puede contener bacterias y parásitos. El riesgo depende del tipo de producto, las condiciones de producción, la manipulación y el almacenamiento. En la carne molida, por ejemplo, los microorganismos que se encuentran en la superficie pueden distribuirse por todo el alimento durante el procesamiento.

Una infección transmitida por alimentos puede provocar molestias gastrointestinales y, en determinadas circunstancias, complicaciones que requieren atención médica. La frescura aparente de la carne no garantiza que esté libre de microorganismos peligrosos.

La cocción adecuada es una de las principales medidas para reducir estos riesgos. En México, las recomendaciones de orientación alimentaria también indican consumir la carne bien cocida y la leche sometida a un tratamiento térmico.

Por tanto, no es necesario comer carne cruda para obtener sus nutrientes. La prioridad debe ser elegir productos seguros y prepararlos de forma adecuada.

¿Qué ocurre si se eliminan las frutas y verduras?

Algunas versiones extremas de la dieta primal restringen o excluyen los alimentos vegetales, bajo la idea de que una alimentación centrada en productos animales es más natural para el organismo.

Sin embargo, eliminar grupos completos de alimentos puede dificultar el cumplimiento de las necesidades nutricionales. Las frutas, verduras, legumbres, semillas y cereales integrales aportan fibra, vitaminas, minerales y otros compuestos que contribuyen al funcionamiento del organismo.

La fibra, por ejemplo, favorece la regularidad intestinal y puede contribuir a la salud metabólica. Una dieta que la excluye por completo puede dificultar que una persona cubra sus requerimientos.

También es importante considerar la composición de los alimentos de origen animal elegidos. Una alimentación con una elevada proporción de determinados cortes grasos puede incrementar el consumo de grasas saturadas, aunque los efectos dependen del conjunto de la dieta y de las características individuales.

Esto no significa que todas las personas que siguen una dieta primal vayan a desarrollar problemas de salud, sino que las versiones más restrictivas requieren una evaluación cuidadosa y no deben considerarse automáticamente más saludables por prescindir de alimentos procesados.

¿La dieta primal mejora la energía y la fertilidad?

En redes sociales circulan afirmaciones según las cuales comer carne cruda, vísceras y leche sin pasteurizar puede aumentar la energía, mejorar la fertilidad o prevenir enfermedades.

Sin embargo, no existe evidencia científica suficiente para atribuir esos beneficios a las versiones extremas de la dieta primal. Las experiencias personales compartidas en internet no sustituyen los estudios controlados ni permiten determinar si los cambios observados se deben a la dieta, a otros hábitos o a factores individuales.

Reducir los productos ultraprocesados puede mejorar la calidad general de la alimentación, pero ese objetivo puede alcanzarse sin exponerse a los riesgos de los alimentos animales crudos ni eliminar frutas y verduras.

Antes de adoptar un régimen restrictivo, especialmente si implica excluir grupos completos de alimentos, es recomendable consultar con un profesional de nutrición que pueda evaluar las necesidades individuales y evitar deficiencias.

Dieta primal: que un alimento sea natural no significa que sea seguro

La popularidad de la dieta primal refleja el interés por recuperar hábitos alimentarios menos dependientes de productos industriales. Sin embargo, la idea de que lo natural siempre es más saludable puede conducir a decisiones que aumentan los riesgos.

La leche sin pasteurizar y la carne cruda pueden transmitir microorganismos capaces de causar enfermedades, mientras que las versiones más restrictivas de esta alimentación pueden dificultar la obtención de fibra y otros nutrientes esenciales.

La clave no está en imitar de manera literal una supuesta dieta ancestral, sino en mantener una alimentación variada, equilibrada y segura. Reducir los ultraprocesados, incorporar alimentos frescos y cocinar adecuadamente los productos de origen animal son medidas que permiten mejorar los hábitos sin asumir riesgos innecesarios.

Notas recomendadas

- Publicidad -
- Publicidad -
- Publicidad -

Lo que leen ahora