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9 señales de un mini ictus que pueden desaparecer, pero nunca deben ignorarse

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Un episodio repentino de dificultad para hablar, pérdida de visión o debilidad en una parte del cuerpo puede durar apenas unos minutos y desaparecer por completo. Precisamente por eso, algunas personas pueden restarle importancia.

Sin embargo, estos episodios pueden corresponder a un ataque isquémico transitorio (AIT), conocido popularmente como “mini ictus” o “mini derrame”. Se produce cuando el flujo sanguíneo hacia una zona del cerebro se interrumpe temporalmente. Aunque generalmente no deja daño cerebral permanente, puede ser una señal de advertencia de un accidente cerebrovascular futuro.

9 síntomas que pueden aparecer de forma repentina

Las señales de un AIT son similares a las de un accidente cerebrovascular y suelen comenzar de manera súbita. Entre las principales se encuentran:

1. Debilidad en un lado del cuerpo.
Un brazo o una pierna pueden perder fuerza repentinamente, especialmente de un solo lado.

2. Entumecimiento de la cara, brazo o pierna.
Una sensación repentina de adormecimiento puede aparecer en una parte del cuerpo.

3. Rostro caído.
Un lado de la cara puede sentirse débil o verse diferente al sonreír.

4. Dificultad para hablar.
La persona puede arrastrar las palabras, hablar de manera confusa o tener problemas para expresarse.

5. Problemas para comprender lo que dicen los demás.
Una persona que normalmente se comunica con facilidad puede presentar repentinamente dificultades para entender una conversación.

6. Alteraciones repentinas de la visión.
Puede aparecer visión borrosa, doble o pérdida parcial o total de la visión en uno o ambos ojos.

7. Mareo o pérdida del equilibrio.
Una alteración repentina de la coordinación puede provocar dificultad para caminar o mantenerse de pie.

8. Dolor de cabeza intenso y repentino.
Un dolor de cabeza fuerte que aparece sin una causa conocida puede ser otra señal de alarma.

9. Confusión repentina.
La persona puede presentar cambios inesperados en su capacidad para pensar, comprender o responder.

Estos síntomas no necesariamente aparecen todos al mismo tiempo. La combinación depende de la zona del cerebro afectada.

¿Por qué los síntomas pueden desaparecer?

La característica que hace que un AIT pueda pasar desapercibido es precisamente su duración.

Durante un AIT, el bloqueo del flujo sanguíneo cerebral es temporal. El coágulo puede disolverse o desplazarse y, como consecuencia, los síntomas pueden desaparecer después de unos minutos o dentro de las siguientes horas.

Pero que una persona vuelva a sentirse normal no significa que el peligro haya terminado.

La American Stroke Association considera al AIT un “ataque cerebral de advertencia”, porque puede anticipar un accidente cerebrovascular. Por esta razón, una persona que presenta estos síntomas necesita una evaluación médica urgente aunque ya no tenga ninguna molestia cuando llegue al hospital.

¿Cómo reconocer una emergencia?

Una manera sencilla de recordar las señales principales es el método RÁPIDO, utilizado por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos.

La letra R recuerda la pérdida repentina de fuerza en un brazo o una pierna; la A, las alteraciones visuales; la P, las dificultades para hablar; la I, la importancia de identificar que algo está ocurriendo; y la D y la O recuerdan que se debe obtener ayuda rápidamente.

También existe el sistema B.E. F.A.S.T., que incluye pérdida del equilibrio, cambios en la visión, caída facial, debilidad del brazo, dificultades para hablar y la necesidad de actuar inmediatamente.

Si aparecen señales compatibles con un ictus, no se debe esperar para comprobar si desaparecen. Es importante anotar la hora en que comenzaron y solicitar atención de emergencia.

Un mini ictus puede ser una advertencia

Un AIT no debe considerarse un episodio menor simplemente porque los síntomas desaparecieron.

La evaluación médica puede incluir estudios de imagen del cerebro y de los vasos sanguíneos, análisis de sangre, electrocardiograma y otras pruebas destinadas a identificar qué provocó el episodio y determinar el riesgo de un accidente cerebrovascular posterior.

Entre los principales factores de riesgo se encuentran la presión arterial alta, diabetes, enfermedades cardiovasculares, fibrilación auricular y tabaquismo. Controlarlos puede ayudar a disminuir el riesgo de sufrir un ictus.

La idea fundamental es sencilla: si una parte del cuerpo pierde fuerza, la visión cambia, el habla se altera o aparece una pérdida repentina del equilibrio, no hay que esperar a que pase.

Aunque los síntomas desaparezcan, un posible AIT requiere valoración médica urgente.

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