
Escuchar música, podcasts o videos con audífonos forma parte de la rutina diaria de millones de personas. También se han convertido en una herramienta habitual para trabajar, estudiar, hacer ejercicio o tomar llamadas durante varias horas al día. El problema no está necesariamente en utilizar audífonos, sino en cómo se utilizan.
La exposición frecuente a sonidos demasiado intensos puede provocar fatiga de las células sensoriales del oído y, con el tiempo, generar pérdida auditiva inducida por ruido o tinnitus, conocido comúnmente como zumbido en los oídos. Aunque algunos efectos pueden ser temporales, la exposición repetida a sonidos fuertes puede ocasionar daños permanentes.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que más de 1,000 millones de jóvenes de entre 12 y 35 años están en riesgo de pérdida auditiva debido a la exposición recreativa a sonidos fuertes, incluidos los provenientes de dispositivos personales de audio y lugares de entretenimiento.
El volumen no es el único problema
Cuando se habla de daño auditivo, suele pensarse únicamente en qué tan fuerte está la música. Sin embargo, existen tres factores que deben considerarse: la intensidad del sonido, el tiempo de exposición y la frecuencia con la que ocurre.
A mayor volumen y mayor tiempo de exposición, aumenta el riesgo. La OMS establece como referencia que una exposición de hasta 80 decibeles puede mantenerse durante un máximo de 40 horas semanales dentro de sus recomendaciones de escucha segura. Si el nivel aumenta a 90 decibeles, el tiempo recomendado se reduce considerablemente.
| Nivel aproximado | Tiempo de escucha semanal recomendado |
|---|---|
| 80 dB | Hasta 40 horas |
| 85 dB | Hasta 12 horas 30 minutos |
| 90 dB | Hasta 4 horas |
| 95 dB | Hasta 1 hora 15 minutos |
| 100 dB | Hasta 20 minutos |
| 110 dB | Cerca de 2.5 minutos |
Estos valores muestran por qué escuchar durante horas con un volumen elevado puede representar un problema incluso cuando la persona todavía no percibe una disminución evidente de su capacidad auditiva. El deterioro puede aparecer gradualmente y pasar desapercibido durante mucho tiempo.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) también señalan que el riesgo depende tanto de qué tan fuerte sea el sonido como del tiempo que dure la exposición. Una señal práctica es tener que gritar para poder mantener una conversación con alguien que está cerca: si ocurre esto, el ambiente probablemente es demasiado ruidoso.
Cómo usar audífonos sin poner en riesgo los oídos
Una de las recomendaciones más sencillas es controlar el volumen. La OMS aconseja mantenerlo por debajo del 60% de la capacidad máxima del dispositivo y, cuando se dispone de herramientas para medirlo, procurar que la exposición promedio permanezca por debajo de 80 dB.
También puede ayudar utilizar audífonos que se ajusten correctamente y tengan cancelación de ruido. La razón es sencilla: cuando el ambiente es muy ruidoso, muchas personas aumentan el volumen para poder escuchar con claridad. Reducir el ruido externo puede evitar esa necesidad.
Las pausas también son importantes. Si se utilizan audífonos durante una jornada laboral extensa, conviene retirar los dispositivos periódicamente y pasar algunos minutos en un ambiente tranquilo. La OMS recomienda hacer descansos frecuentes cuando existe exposición a sonidos intensos.
Otra opción consiste en aprovechar las funciones de seguridad disponibles en algunos teléfonos y dispositivos de audio. Estas herramientas pueden limitar el volumen o proporcionar información sobre la exposición acumulada al sonido. También existen aplicaciones capaces de estimar los niveles de ruido.
En lugares especialmente ruidosos, como conciertos, bares, discotecas o eventos deportivos, bajar el volumen de los audífonos no resuelve el problema ambiental. En esas situaciones, la estrategia adecuada es alejarse de las fuentes de sonido cuando sea posible y utilizar protección auditiva cuando sea necesario.
¿Cómo saber si tus oídos ya están resentidos?
El tinnitus, la sensación de escuchar un pitido o zumbido sin que exista una fuente externa, puede aparecer después de una exposición intensa al ruido. También pueden presentarse sonidos amortiguados o dificultades para percibir determinados tonos.
La OMS recomienda prestar especial atención a un zumbido persistente, a problemas para escuchar sonidos agudos o a dificultades para seguir conversaciones, especialmente en lugares con ruido de fondo. Estos pueden ser motivos para solicitar una evaluación profesional.
Una exposición aislada a un sonido extremadamente fuerte también puede provocar daño. Sin embargo, uno de los problemas más difíciles de detectar es la exposición cotidiana: escuchar música a un volumen elevado todos los días, trabajar con audífonos durante muchas horas o permanecer con frecuencia en ambientes ruidosos.
Los CDC señalan que la pérdida auditiva causada por el ruido es prevenible y recomiendan reducir el volumen, alejarse de las fuentes de ruido, tomar descansos y utilizar protección auditiva cuando no sea posible evitar la exposición.
Por eso, cuidar la audición no implica dejar de utilizar audífonos. Se trata de modificar los hábitos que aumentan el riesgo. Mantener un volumen moderado, reducir el tiempo de exposición, hacer pausas y prestar atención a cualquier cambio en la audición puede permitir seguir disfrutando de música y contenido de audio sin convertir un hábito cotidiano en un problema permanente.
La pérdida auditiva relacionada con el ruido puede avanzar de manera silenciosa, pero también es una de las formas de daño auditivo que pueden prevenirse. En este caso, bajar un poco el volumen puede ser una decisión mucho más importante de lo que parece.












