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Estudio revela que químicos del plástico pueden transferirse al pescado congelado

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pescado congelado
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Un nuevo estudio científico encendió las alertas sobre una práctica común en los hogares: guardar pescado en envases, bolsas o charolas de plástico dentro del refrigerador o congelador.

La investigación, realizada por el Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua del CSIC, encontró que ciertos aditivos químicos presentes en materiales plásticos pueden migrar al pescado durante su almacenamiento en frío.

Qué sustancias fueron detectadas

El estudio analizó la transferencia de cuatro familias de compuestos: ftalatos, ésteres organofosforados, bisfenoles y plastificantes alternativos a los ftalatos.

Estas sustancias se utilizan para dar flexibilidad, resistencia y estabilidad a distintos tipos de envases, pero pueden pasar a los alimentos cuando existe contacto prolongado.

Los investigadores trabajaron con salmón, atún y merluza, además de materiales habituales como bandejas de poliestireno, bandejas compostables, films y bolsas de congelación.

El frío no impide la migración química

Uno de los hallazgos más relevantes es que la transferencia de aditivos ocurre tanto en refrigeración como en congelación.

Los experimentos simularon condiciones domésticas reales: pescado almacenado a 4 grados durante 48 horas y a menos 18 grados durante 30 días.

Los resultados mostraron que el tiempo de contacto con el envase, el tipo de plástico, las características del pescado y el contenido de grasa o agua influyen en la cantidad de sustancias que migran.

Bisfenol A, el compuesto de mayor preocupación

De los 49 contaminantes evaluados, algunos registraron tasas de migración de hasta 100 por ciento, especialmente ciertos bisfenoles.

El estudio señala que el bisfenol A fue el principal responsable de que en casi la mitad de los escenarios analizados se superara el umbral de riesgo establecido.

Las mayores estimaciones de riesgo se observaron en merluza congelada durante 30 días en bandeja compostable, mientras que los escenarios de menor riesgo correspondieron a pescado refrigerado en bolsas de plástico.

Qué recomiendan los especialistas

Los autores del estudio advierten que las condiciones reales de almacenamiento doméstico deben considerarse en las evaluaciones de seguridad alimentaria.

También señalan la necesidad de revisar los materiales en contacto con alimentos y generar más información toxicológica sobre los nuevos aditivos que sustituyen a compuestos ya restringidos.

Aunque el hallazgo no implica dejar de consumir pescado, sí refuerza la importancia de revisar los envases, reducir tiempos prolongados de almacenamiento y priorizar recipientes seguros para alimentos.

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