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Cálculos renales: síntomas, causas y prevención para cuidar tu salud

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El dolor aparece sin aviso: inicia en la espalda, se extiende al abdomen y, en ocasiones, llega hasta la ingle. En muchos casos, se trata de cálculos renales, también conocidos como piedras en el riñón. Estas pequeñas acumulaciones sólidas, formadas por minerales y sales, pueden generar molestias intensas y, si no se tratan a tiempo, provocar infecciones o daños permanentes en el sistema urinario.

De acuerdo con la Secretaría de Salud, en México se presentan aproximadamente 24 casos por cada 10,000 habitantes, y entre 10% y 12% de la población desarrollará litiasis renal en algún momento de su vida. Identificar los síntomas tempranos y recibir tratamiento oportuno es clave para prevenir complicaciones graves.

Qué son los cálculos renales y cómo se diagnostican

Los cálculos renales se forman cuando ciertas sustancias presentes en la orina, como calcio, oxalato o ácido úrico, se concentran y cristalizan. Su tamaño puede variar desde un grano de sal hasta una pelota de golf, y mientras más grandes sean, mayor es el riesgo de obstruir el flujo de orina.

Aunque muchas veces son asintomáticos, si se desplazan o bloquean el tracto urinario pueden provocar dolor intenso y síntomas como:

  • Dolor agudo en espalda, costado, abdomen o ingle.

  • Náuseas y vómito.

  • Sangre en la orina.

  • Ardor al orinar.

  • Dificultad para orinar o hacerlo en pequeñas cantidades.

  • Orina turbia o con mal olor.

  • Fiebre y escalofríos.

El diagnóstico se realiza mediante análisis de orina y estudios de imagen, como ultrasonido, radiografía o tomografía computarizada, que permiten determinar el tamaño, ubicación y tipo de cálculo.

Causas y factores de riesgo

Aunque en muchos casos no existe una causa específica, algunos factores aumentan la probabilidad de desarrollar cálculos renales:

  • Historial familiar de litiasis.

  • Trastornos metabólicos, endocrinos o del calcio.

  • Obstrucciones en el tracto urinario o infecciones frecuentes.

  • Dietas altas en proteínas animales o alimentos ricos en oxalatos, como espinacas, almendras y ruibarbo.

  • Consumo elevado de sal, bebidas azucaradas y jarabe de maíz.

  • Obesidad y sedentarismo.

  • Uso prolongado de ciertos medicamentos y suplementos.

Tratamientos disponibles

El tratamiento depende del tamaño, ubicación y síntomas. En algunos casos, las piedras pequeñas se eliminan con una adecuada hidratación. Sin embargo, los cálculos más grandes pueden requerir procedimientos médicos, como:

  • Ureteroscopía: introduce una sonda para extraer o fragmentar el cálculo.

  • Litotricia por ondas de choque: procedimiento no invasivo que rompe las piedras para facilitar su expulsión.

Cómo prevenir los cálculos renales

La prevención es posible en muchos casos si se adoptan hábitos saludables:

  1. Hidratación constante: beber de 3 a 4 litros de agua al día ayuda a diluir las sustancias que forman cálculos.

  2. Mejorar la dieta: reducir sal, proteínas animales y bebidas azucaradas; aumentar el consumo de frutas y verduras.

  3. Mantener un peso saludable: el ejercicio regular disminuye el riesgo de formación de cálculos y favorece su expulsión.

Cuándo acudir al especialista

Ignorar los síntomas puede derivar en infecciones o daño renal. Trabajar de la mano con un urólogo y un nefrólogo es fundamental para tratar los cálculos actuales y prevenir recurrencias. Como señala el Dr. Walter P. Mutter, “los cálculos renales no tienen cura, pero sí pueden tratarse. Cuanto antes se detecten, más sencillo será evitar complicaciones”.

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