Dispositivos sin pantalla ganan terreno con la IA y buscan reducir la dependencia del celular

La tecnología lleva años apostando por pantallas más grandes, brillantes y capaces de concentrar cada vez más funciones. Sin embargo, una nueva tendencia apunta en dirección contraria: dispositivos que utilizan inteligencia artificial, comandos de voz y sensores para ofrecer servicios sin obligar a las personas a mirar constantemente un teléfono.

La propuesta responde a dos cambios. Por un lado, los avances en inteligencia artificial permiten mantener conversaciones y ejecutar tareas mediante lenguaje natural. Por otro, crece el interés por reducir las interrupciones digitales y evitar que cada actividad cotidiana termine frente a una pantalla.

Esta tendencia, conocida como tecnología ambiental o invisible, ya aparece en altavoces inteligentes, gafas, auriculares, anillos y pulseras de actividad. Aunque todavía no sustituye al smartphone, plantea otra manera de interactuar con los servicios digitales.

La inteligencia artificial impulsa una tecnología menos visible

Los asistentes de voz existen desde hace años, pero los modelos de inteligencia artificial generativa han ampliado sus posibilidades. Ahora pueden interpretar preguntas más complejas, mantener conversaciones y ayudar a organizar información sin depender siempre de menús o aplicaciones.

La idea es que la tecnología pueda integrarse en objetos cotidianos y responder cuando sea necesario. En lugar de desbloquear el celular, abrir una aplicación y buscar una función, el usuario podría solicitar una acción mediante la voz o recibir información a través de audio.

Este enfoque también se relaciona con la computación ambiental, un modelo en el que los dispositivos realizan determinadas tareas en segundo plano y requieren menos intervención directa.

No significa que los equipos estén libres de interfaces visuales en todos los casos. Algunos se conectan al teléfono para consultar datos, configurar funciones o revisar resultados cuando el usuario lo necesita.

Gafas, anillos y pulseras muestran cómo funciona esta tendencia

Las gafas inteligentes son uno de los ejemplos más visibles de esta evolución. Algunos modelos permiten escuchar música, realizar llamadas, tomar fotografías o interactuar con un asistente de inteligencia artificial sin sacar el teléfono del bolsillo.

También existen anillos y pulseras sin pantalla que registran actividad física, sueño y otras métricas. En estos casos, el dispositivo recopila información durante el día y los resultados se consultan posteriormente desde una aplicación compatible.

Los altavoces inteligentes y los auriculares con asistentes integrados siguen una lógica similar. Permiten solicitar música, responder preguntas o controlar dispositivos conectados mediante comandos de voz.

La ventaja de cada categoría depende de su función. Un anillo puede ser discreto para registrar actividad, mientras que unas gafas ofrecen acceso a determinadas funciones con las manos libres. Ninguno de estos productos sustituye necesariamente todas las tareas que realiza un teléfono.

El cansancio digital también influye en el diseño tecnológico

Las notificaciones, los mensajes y las aplicaciones compiten constantemente por la atención de los usuarios. Ante esa saturación, algunos consumidores buscan herramientas que permitan realizar actividades concretas sin permanecer conectados visualmente a una pantalla.

Los dispositivos sin pantalla prometen reducir esa dependencia al concentrarse en funciones específicas. Consultar información mediante voz, escuchar indicaciones mientras se camina o registrar actividad sin recibir alertas constantes son algunos de los usos posibles.

Sin embargo, eliminar la pantalla no garantiza una experiencia menos invasiva. Un dispositivo que escucha comandos, utiliza cámaras o recopila información de manera continua también puede generar interrupciones y preocupaciones sobre la privacidad.

Por eso, el beneficio depende tanto del diseño como de las opciones para controlar las notificaciones, desactivar sensores y administrar los datos personales.

El fracaso del Humane AI Pin dejó una advertencia para la industria

Uno de los intentos más conocidos de crear un asistente personal sin pantalla convencional fue el Humane AI Pin, presentado en 2024. El dispositivo prometía responder preguntas, traducir conversaciones y ofrecer información mediante voz, gestos y una proyección sobre la mano.

Pese a la atención que recibió, el producto enfrentó críticas por su rendimiento, sus tiempos de respuesta, su autonomía y el valor práctico de sus funciones. En febrero de 2025, HP adquirió los activos de Humane y los servicios centrales del dispositivo fueron descontinuados.

El caso mostró que una idea innovadora no basta para crear una categoría de consumo exitosa. Los usuarios necesitan que el equipo funcione de manera confiable, resuelva problemas concretos y justifique su precio frente a las herramientas que ya tienen en el teléfono.

Otros productos, como el Rabbit R1, también han enfrentado dificultades para demostrar que un dispositivo independiente de inteligencia artificial aporta ventajas suficientes frente a un smartphone.

OpenAI y otras empresas exploran alternativas al celular

La búsqueda de nuevas formas de interacción continúa. OpenAI trabaja en proyectos de hardware con el diseñador Jony Ive, con la intención de desarrollar dispositivos centrados en la inteligencia artificial y diferentes de los teléfonos tradicionales.

Los detalles de sus futuros productos siguen sujetos a información y reportes que no equivalen a un lanzamiento comercial confirmado. Aun así, el interés de empresas tecnológicas en este tipo de hardware refleja la búsqueda de nuevas interfaces para utilizar asistentes inteligentes.

La industria también está explorando gafas inteligentes y otros dispositivos portátiles capaces de combinar sensores, audio e inteligencia artificial. En estos productos, el objetivo no siempre es eliminar el teléfono, sino reducir la necesidad de consultarlo para determinadas tareas.

¿Desaparecerán las pantallas?

La tendencia no apunta necesariamente a un mundo sin pantallas. Las interfaces visuales continúan siendo útiles para leer documentos extensos, editar fotografías, comparar productos, consultar mapas y revisar información detallada.

La voz puede ser más práctica para una pregunta rápida, pero resulta menos eficiente cuando es necesario revisar varias opciones al mismo tiempo. Además, las conversaciones con un asistente pueden ser poco convenientes en espacios públicos, reuniones o lugares donde se requiere silencio.

Por ello, el escenario más probable es una convivencia entre diferentes formas de interacción. Los dispositivos sin pantalla podrán resolver tareas específicas, mientras que los celulares, las tabletas y las computadoras seguirán siendo importantes para actividades que necesitan una interfaz visual.

El desafío para los fabricantes será demostrar que estos productos ofrecen una utilidad real, respetan la privacidad y pueden integrarse en la rutina cotidiana. La inteligencia artificial abre nuevas posibilidades, pero su éxito dependerá de que la tecnología resulte verdaderamente útil y no se convierta en otro aparato que las personas deban cargar, configurar y mantener.

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