
Los medicamentos que actúan sobre el receptor GLP-1, utilizados principalmente para tratar la diabetes tipo 2 y, en determinados casos, la obesidad, han cambiado el manejo de estas enfermedades. Sin embargo, también pueden provocar molestias gastrointestinales como náuseas, vómito, diarrea y estreñimiento.
Ante este escenario, investigadores estudian si determinados probióticos podrían ayudar a mejorar la tolerancia digestiva de las personas que utilizan estos tratamientos. La evidencia todavía se encuentra en una etapa inicial y, por ahora, no permite afirmar que tomar probióticos prevenga o elimine los efectos secundarios de los medicamentos GLP-1.
¿Por qué los medicamentos GLP-1 pueden causar molestias digestivas?
Los agonistas del receptor GLP-1 imitan la acción de una hormona que participa en la regulación de la glucosa y el apetito. Entre sus efectos se encuentra el retraso del vaciamiento gástrico, además de cambios en la sensación de saciedad.
Estos mecanismos pueden contribuir a que algunas personas experimenten síntomas digestivos durante el tratamiento. Las náuseas, el vómito, la diarrea y el estreñimiento se encuentran entre los efectos gastrointestinales reportados con mayor frecuencia. En una revisión publicada en 2026, estos eventos fueron descritos generalmente como dependientes de la dosis y, en muchos casos, transitorios.
La intensidad de las molestias no es igual para todas las personas y puede variar dependiendo del medicamento, la dosis y las características individuales.
Por ello, la aparición de síntomas digestivos durante un tratamiento con GLP-1 no significa necesariamente que exista una complicación grave, aunque las molestias persistentes o intensas deben comentarse con el médico.
La microbiota intestinal entra en la investigación
El interés por los probióticos está relacionado con el microbioma intestinal, el conjunto de microorganismos que habitan en el aparato digestivo.
Una revisión sistemática publicada en 2025, que reunió 38 estudios, encontró que los medicamentos análogos de GLP-1 pueden modificar la composición, riqueza y diversidad de la microbiota intestinal. Sin embargo, los investigadores también señalan que todavía hace falta comprender qué significan estos cambios para la salud y para la respuesta al tratamiento.
Esta relación ha abierto una línea de investigación: si los medicamentos pueden modificar el entorno intestinal, ¿sería posible utilizar determinadas bacterias beneficiosas para ayudar a mantener o recuperar ciertas funciones del microbioma?
La pregunta todavía no tiene una respuesta clínica definitiva.
¿Qué probiótico se está estudiando?
Una de las investigaciones mencionadas recientemente analiza Bacillus clausii, una bacteria utilizada en determinados productos probióticos.
De acuerdo con la información presentada por la gastroenteróloga Ana Teresa Abreu y Abreu, investigadores utilizaron un modelo in vitro diseñado para reproducir diferentes condiciones del aparato digestivo, desde el esófago y el estómago hasta el intestino y el colon.
El objetivo fue observar el comportamiento de la bacteria en esas condiciones y estudiar algunas de sus capacidades metabólicas.
Entre los resultados descritos se encuentra la producción de ácidos grasos de cadena corta, entre ellos acetato, propionato y butirato. Estos compuestos son producidos por microorganismos intestinales y participan en diferentes procesos relacionados con el ambiente del intestino.
Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre observar estos efectos en un laboratorio y demostrar que un probiótico mejora los síntomas de una persona que utiliza un medicamento GLP-1.
El estudio todavía no demuestra que los probióticos funcionen contra los efectos secundarios
Este es el punto más importante para interpretar correctamente la investigación.
Los resultados disponibles no demuestran que Bacillus clausii, ni los probióticos en general, reduzcan las náuseas, el estreñimiento, la diarrea u otras molestias provocadas por los medicamentos GLP-1.
La investigación descrita hasta ahora utiliza modelos in vitro. Esto significa que los científicos pueden estudiar determinados procesos bajo condiciones controladas, pero todavía necesitan comprobar si los mismos efectos ocurren dentro del organismo humano.
La especialista citada en la investigación señala precisamente que uno de los siguientes pasos consiste en trasladar estas observaciones a estudios realizados directamente en personas.
Por eso, los resultados deben considerarse una línea de investigación, no una recomendación médica.
¿Qué papel podrían tener los ácidos grasos de cadena corta?
Los ácidos grasos de cadena corta, como el acetato, el propionato y el butirato, son productos generados por la actividad de determinadas bacterias intestinales.
Estos compuestos forman parte de las interacciones entre la alimentación, los microorganismos intestinales y las células del organismo. El butirato, por ejemplo, es utilizado como fuente de energía por determinadas células del colon.
El interés científico está en comprender si favorecer la producción de estos compuestos mediante determinadas bacterias podría contribuir a mantener un entorno intestinal saludable durante tratamientos que modifican el funcionamiento del aparato digestivo.
Pero nuevamente, producir estos compuestos en un modelo experimental no equivale a demostrar un beneficio clínico en pacientes.
Los probióticos no son todos iguales
Otro aspecto importante es que hablar de «probióticos» como si fueran un solo producto puede llevar a conclusiones equivocadas.
Los probióticos son microorganismos vivos que pueden proporcionar determinados beneficios cuando se consumen en cantidades adecuadas, pero sus efectos dependen de la cepa específica, la cantidad y las características de cada persona. El Centro Nacional de Salud Complementaria e Integrativa de Estados Unidos señala que todavía existen muchas preguntas sobre cuáles probióticos pueden ser útiles para qué condiciones.
Por eso, que una investigación estudie una determinada cepa no significa que cualquier yogurt, suplemento o producto comercial tenga el mismo efecto.
Además, los suplementos probióticos no deben considerarse sustitutos de los medicamentos prescritos.
¿Qué deben hacer quienes tienen molestias con un GLP-1?
Las personas que utilizan medicamentos GLP-1 y presentan náuseas, estreñimiento, diarrea u otras molestias deben comentarlo con el profesional que lleva su tratamiento.
La intensidad de los síntomas puede influir en la tolerancia al medicamento y, en algunos casos, el médico puede valorar ajustes en el tratamiento o estrategias para controlar las molestias.
Lo que no se recomienda es suspender, modificar la dosis o añadir un suplemento por cuenta propia con la intención de contrarrestar los efectos secundarios.
Los probióticos pueden ser objeto de investigación por su posible relación con el microbioma, pero actualmente la evidencia disponible no permite presentarlos como un tratamiento establecido para los efectos gastrointestinales de los medicamentos GLP-1.
La investigación sobre la interacción entre estos fármacos y la microbiota podría ayudar a comprender por qué algunas personas toleran mejor que otras los tratamientos. Por ahora, sin embargo, la pregunta sigue abierta y requiere estudios clínicos en humanos antes de convertir estos hallazgos experimentales en una recomendación terapéutica.












