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Columna | Segundo Informe de Sheinbaum: los datos que resisten y la realidad que el discurso no alcanza

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Antonio TrejoFricción Pública
Por Antonio Trejo
Análisis, contexto y opinión sobre los temas que definen a México.


Los informes presidenciales en México dejaron hace mucho de ser simples ejercicios de rendición de cuentas. Son actos políticos cuidadosamente construidos para decidir qué debe mirar el país, qué cifras deben ocupar los titulares y qué asuntos conviene dejar fuera de la fotografía.

El Segundo Informe de Claudia Sheinbaum, presentado el 1 de septiembre, confirma esa tradición. Desde Palacio Nacional, la Presidenta ofreció la imagen de un México que avanza bajo la “prosperidad compartida”: inversión récord, desempleo bajo, mejores salarios, reducción de homicidios, obras y programas sociales.

Sería deshonesto afirmar que todo es propaganda. Hay resultados reales y cifras importantes que sí resisten la verificación.

Pero sería igualmente ingenuo aceptar que un informe gubernamental es un espejo completo de la realidad. No lo es. Es una selección.

Y ahí comienza el trabajo del periodismo.

Una economía que no está en crisis, pero tampoco despega

Sheinbaum tiene datos económicos que puede presumir legítimamente.

La Inversión Extranjera Directa alcanzó cerca de 35 mil millones de dólares durante el primer semestre de 2026. También es cierto que México mantiene una tasa de desempleo cercana a 2.7% y que el salario asociado a los trabajadores formales se encuentra en niveles históricamente altos.

Son buenas noticias.

El problema aparece cuando estos datos se presentan como prueba suficiente de una economía vigorosa.

El PIB creció 1.9% anual durante el segundo trimestre. La cifra es verdadera. Lo discutible es convertir un crecimiento de 1.9% en una celebración.

Para una economía con el tamaño y las necesidades sociales de México, crecer alrededor de dos puntos porcentuales difícilmente puede considerarse extraordinario. El propio Banco de México proyecta para 2026 un crecimiento de entre 1% y 2% y ha descrito señales de debilidad en el mercado laboral.

La tasa de desempleo, además, cuenta sólo parte de la historia: más de la mitad de los trabajadores mexicanos continúa en la informalidad.

El Gobierno también tiene razón cuando presume que la pobreza laboral se encuentra en niveles históricamente bajos. Es un avance. Pero incluso esa buena cifra conserva una realidad incómoda: millones de mexicanos siguen viviendo en hogares cuyo ingreso laboral no alcanza para adquirir la canasta alimentaria.

La economía mexicana no está colapsando, como algunos opositores quisieran hacer creer. Pero tampoco vive el momento excepcional que el Informe intenta proyectar.

El aumento del salario mínimo también merece reconocimiento. Pasó de alrededor de 2 mil 800 pesos mensuales en 2018 a más de 9 mil en 2026, con una recuperación real considerable. Es uno de los aciertos más claros de la política económica de la 4T, aunque sus beneficios conviven con una informalidad todavía enorme.

El periodismo serio debería poder decir que algo funcionó y, al mismo tiempo, señalar lo que todavía falta.

Seguridad: una mejora real y una comparación discutible

Probablemente el dato políticamente más importante del mensaje sea la reducción de los homicidios.

Sí existe una disminución relevante.

Julio de 2026 registró el promedio diario de homicidios dolosos más bajo en alrededor de once años. Es una mejora real y sería absurdo negarla simplemente porque beneficia políticamente al gobierno.

La controversia aparece con el porcentaje.

Sheinbaum afirmó que los homicidios disminuyeron 51% desde el inicio de su administración y que hoy ocurren 44 asesinatos menos cada día.

La cifra oficial parte de determinados promedios diarios entre septiembre de 2024 y julio de 2026. Sin embargo, al revisar los registros mensuales del Secretariado Ejecutivo y utilizar periodos comparables, verificaciones independientes ubican la reducción más cerca de 47% o 48%.

¿Significa eso que no bajaron los homicidios?

No.

Significa que un avance verdadero puede presentarse de manera más espectacular mediante una selección conveniente del punto de comparación.

La seguridad no debería administrarse como una competencia de porcentajes. México sigue teniendo regiones afectadas por violencia criminal, desapariciones, extorsión y control territorial de organizaciones delictivas.

El descenso de homicidios es una buena noticia; convertirlo en certificado de pacificación sería prematuro.

Y aquí aparece una diferencia relevante respecto al sexenio anterior. La estrategia encabezada por Omar García Harfuch ha otorgado mayor protagonismo a la inteligencia, investigación, coordinación institucional y persecución de estructuras criminales.

Eso merece seguimiento.

Pero dos años son insuficientes para declarar solucionada una crisis de seguridad construida durante décadas.

Una gráfica descendente es una señal positiva. No es todavía la pacificación de México.

Salud: cuando la narrativa cruza la frontera de los datos

Si seguridad ofrece argumentos sólidos al Gobierno, salud exhibe una de las zonas más débiles del Informe.

La Presidenta afirmó que ningún hospital que atiende cáncer carece de medicamentos oncológicos.

La frase es demasiado absoluta y los hechos la contradicen.

Durante 2026 se han documentado protestas de pacientes y familiares por falta de medicamentos, mientras autoridades hospitalarias en distintas entidades han reconocido episodios de desabasto.

Por eso resulta particularmente grave utilizar expresiones categóricas en un asunto donde una estadística representa algo mucho más importante que un punto dentro del discurso presidencial: representa tratamientos, enfermedades y vidas humanas.

También resulta problemática la afirmación de que durante el llamado periodo neoliberal únicamente se agregaron alrededor de cuatro mil camas hospitalarias. Las series históricas utilizadas por verificadores muestran un incremento muy superior entre los años ochenta y 2018.

Algo similar ocurre con la afirmación de que actualmente se contrata el doble de médicos especialistas que durante gobiernos anteriores: los registros disponibles no sostienen esa comparación de manera general.

Aquí ya no estamos ante una diferencia ideológica sobre el modelo de salud.

Estamos frente a datos contrastables.

Cuando un gobierno utiliza cifras históricas incorrectas para demostrar que su modelo es superior al anterior, el problema deja de ser retórico y se convierte en un problema de credibilidad.

Una Presidenta con formación científica debería ser especialmente rigurosa en este terreno.

Los datos no necesitan militancia.

Ingresos públicos: cuando hasta las definiciones importan

Algo parecido ocurre con una de las cifras fiscales utilizadas durante el Informe.

Sheinbaum afirmó que durante 2025 los ingresos del Gobierno Federal alcanzaron una cifra histórica de 6 billones 46 mil millones de pesos.

Verificaciones realizadas posteriormente encontraron que, utilizando estrictamente la clasificación correspondiente a ingresos del Gobierno Federal —impuestos, derechos, productos y aprovechamientos—, el monto ascendió a aproximadamente 5.67 billones de pesos.

Puede argumentarse que existen distintas agregaciones dentro de las finanzas públicas.

Precisamente por eso un informe presidencial debe ser extremadamente preciso.

Cuando se presume una cifra histórica, la primera obligación consiste en explicar exactamente qué se está midiendo.

No hacerlo convierte una discusión contable en una herramienta política.

Y la contabilidad pública no debería depender de la conveniencia narrativa de quien presenta el Informe.

Pemex: una deuda menor que también cuesta al erario

La reducción de la deuda financiera de Pemex es real: pasó de más de 97 mil millones de dólares antes del inicio de la administración a alrededor de 77 mil millones hacia mediados de 2026.

Eso es positivo.

Pero el Gobierno Federal ha destinado enormes recursos para respaldar a la petrolera. Parte de la mejora no proviene simplemente de una empresa más eficiente, sino del apoyo del erario.

Ahí está la parte que desaparece cuando únicamente se presenta la cifra final.

Una empresa puede reducir deuda porque genera suficientes recursos para pagarla.

O puede hacerlo porque su propietario —en este caso el Estado mexicano— utiliza recursos de otras fuentes para respaldarla.

Financieramente no es lo mismo.

Trasladar presión financiera de Pemex hacia Hacienda no equivale automáticamente a resolver el problema estructural de Pemex.

La petrolera continúa siendo estratégica para el país, pero precisamente por esa razón merece una discusión financiera seria y alejada de dogmas.

Defender a Pemex no significa afirmar que todo funciona.

También significa reconocer cuánto cuesta sostenerla.

El dato que desapareció: corrupción

Y entonces llegamos quizá al silencio más significativo del Segundo Informe.

Corrupción.

O, mejor dicho, la ausencia de la palabra.

Un conteo publicado después del mensaje presidencial encontró que, en más de siete mil palabras pronunciadas por Sheinbaum, “corrupción” no apareció una sola vez.

Puede parecer una anécdota semántica.

No lo es.

La Cuarta Transformación llegó al poder en 2018 con una promesa central: combatir la corrupción. Durante años Andrés Manuel López Obrador convirtió el concepto en uno de los pilares de su comunicación política.

Hoy el problema no ha desaparecido.

La Encuesta Nacional de Calidad e Impacto Gubernamental 2025 del INEGI encontró que ocho de cada diez personas consideran frecuente la corrupción y estimó en más de 17 mil millones de pesos el costo que representaron actos de corrupción para la población durante ese año.

Entonces, ¿por qué desapareció del Informe?

La pregunta pesa más en un momento en que Morena enfrenta cuestionamientos relacionados con aduanas, huachicol fiscal, personajes cercanos al poder y gobiernos estatales.

La forma más débil de combatir la corrupción es dejar de hablar de ella precisamente cuando comienza a alcanzar al propio grupo gobernante.

Sheinbaum afirmó haber gobernado con honradez.

Bien.

Pero la honradez no debería declararse.

Debería demostrarse mediante investigaciones, transparencia, sanciones y rendición de cuentas.

Especialmente cuando los cuestionamientos alcanzan a personajes del propio movimiento.

Durante años la 4T construyó buena parte de su superioridad política sobre una afirmación sencilla: “nosotros somos diferentes”.

Después de casi ocho años en el poder, esa frase ya no puede aceptarse como argumento.

Tiene que probarse.

Verdades, medias verdades y comparaciones convenientes

Hay algo revelador en la revisión independiente de las afirmaciones presidenciales.

Verificado analizó 21 frases del mensaje: nueve fueron consideradas verdaderas, seis falsas, tres imprecisas, dos engañosas y una inverificable.

El resultado debería interesar tanto a críticos como a simpatizantes.

Demuestra que sería falso afirmar que el Informe entero fue una colección de mentiras.

Pero también demuestra que tampoco puede aceptarse como fotografía objetiva del país.

Ese es quizá el verdadero problema.

En política, una falsedad puede descubrirse.

Una media verdad es mucho más eficiente.

Tomemos el empleo.

Es verdad que existen alrededor de 60 millones de personas ocupadas.

También es verdad que el desempleo es muy bajo.

Pero si omitimos que más de la mitad trabaja en condiciones de informalidad, obtenemos una fotografía mucho más favorable.

Tomemos la pobreza laboral.

Está en niveles históricamente bajos.

Pero millones continúan sin ingresos suficientes para comprar alimentos.

Tomemos los homicidios.

Han bajado de manera importante.

Pero eso no significa que hayan desaparecido la extorsión, las desapariciones o el dominio criminal en distintas regiones.

El problema del Segundo Informe no está solamente en aquello que resultó falso. Está en todo aquello que siendo cierto fue presentado sin el contexto necesario para entenderlo.

Un Informe que también mira hacia 2027

El Segundo Informe tampoco puede leerse únicamente como balance administrativo.

México está entrando al proceso electoral de 2027, cuando se renovará la Cámara de Diputados y estarán en juego 17 gubernaturas, además de miles de cargos locales.

Por eso el mensaje presidencial también funciona como plataforma política.

La economía estable, los salarios, los programas sociales, la reducción de homicidios y las obras construyen una narrativa con un destinatario evidente: el electorado.

Todos los gobiernos utilizan sus informes para defender su gestión, pero el calendario importa.

Sheinbaum no sólo estaba informando sobre 2026. También estaba construyendo el argumento electoral de Morena para 2027.

A partir de ahora será juzgada cada vez más por resultados propios. Después de casi ocho años de la 4T en el poder, ya no basta con atribuir los problemas al neoliberalismo o comparar cada indicador con 2018: Morena también forma parte de la historia contra la que debe rendir cuentas.

Ese quizá sea uno de los cambios políticos más importantes del momento.

Morena ya no puede presentarse indefinidamente como un movimiento que acaba de llegar.

Gobierna México desde diciembre de 2018.

La responsabilidad también tiene memoria.

El verdadero informe comienza después del aplauso

Hay avances que deben reconocerse.

Los salarios mejoraron.

La Inversión Extranjera Directa alcanzó niveles históricos.

El desempleo permanece bajo.

La pobreza laboral ha retrocedido.

Los homicidios muestran una reducción significativa.

Negarlo sería convertir la crítica en militancia.

Pero también existen afirmaciones falsas, comparaciones seleccionadas, contextos omitidos y silencios demasiado evidentes.

La economía crece poco.

La informalidad sigue siendo enorme.

La salud continúa enfrentando carencias.

Pemex permanece sostenido por recursos públicos.

La inseguridad no se resume en homicidios.

Y la corrupción, aunque desapareció del discurso presidencial, no desapareció del país.

Un informe de gobierno no debería medirse por el número de cifras favorables que contiene, sino por la capacidad del poder para reconocer aquello que todavía no funciona.

Ese fue quizá el principal déficit del Segundo Informe de Claudia Sheinbaum.

No que todo lo dicho fuera falso.

Es fácil demostrar que no lo es.

El problema fue presentar verdades parciales como si formaran una realidad completa.

El Segundo Informe confirma que Sheinbaum tiene resultados que defender y avances reales que mostrar.

Pero también confirma algo que la política mexicana conoce demasiado bien:

los gobiernos no construyen narrativas únicamente con datos falsos. A veces basta con decir muchas cosas ciertas y guardar silencio sobre todo aquello que podría cambiar su significado.

Por eso el informe más importante no es el que se presenta en Palacio Nacional.

Es el que cada mexicano confronta todos los días con su salario, su negocio, el hospital, la seguridad de su colonia, el precio de los alimentos y la calidad de las instituciones.

Ese informe no tiene aplausos.

Y tampoco acepta ediciones.

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