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Rape Academy: Investigación revela red global que compartía cómo drogar y abusar de mujeres inconscientes

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Una investigación periodística internacional encendió las alertas sobre una red digital que operaba en distintos países y que reunía a al menos mil hombres en espacios donde se compartían instrucciones para drogar, grabar y abusar sexualmente de mujeres mientras estaban inconscientes.

El reportaje, publicado por CNN bajo el título “Exposing a global ‘rape academy’”, expone cómo estas comunidades no solo consumían contenido, sino que también funcionaban como foros de aprendizaje y organización para cometer delitos.

Un caso que destapó una red mucho mayor

La investigación tiene como punto de partida el caso de Dominique Pelicot, juzgado en Francia en 2024. Durante casi una década, el hombre drogó a su esposa para permitir que otros sujetos la violaran mientras permanecía inconsciente.

Entre 2011 y 2020, utilizó foros en línea para contactar a hombres, coordinar encuentros y documentar los abusos. Las autoridades encontraron más de 20 mil fotos y videos, además de identificar al menos a 72 agresores distintos.

Aunque el sitio web donde operaba fue cerrado tras el caso, la investigación revela que este tipo de prácticas no desapareció. Simplemente migró a nuevas plataformas.

De foros a Telegram: la evolución de estas redes

Uno de los hallazgos más preocupantes es la transición de estas comunidades hacia aplicaciones de mensajería como Telegram, donde los usuarios operan con mayor anonimato.

En el grupo identificado como “Zzz”, los participantes:

  • Compartían recomendaciones sobre sustancias para inducir la inconsciencia
  • Discutían dosis específicas para evitar sobredosis
  • Intercambiaban experiencias sobre cómo grabar y difundir el material
  • Ofrecían contenido a cambio de dinero, principalmente mediante criptomonedas

El grupo operaba prácticamente las 24 horas, con usuarios de distintas partes del mundo que pedían asesoría o compartían material.

Además, se detectó que uno de los integrantes incluso operaba un negocio de venta internacional de un líquido somnífero sin color ni sabor, lo que aumentaba el riesgo para las víctimas.

El papel de plataformas de contenido

La investigación también apunta a sitios como Motherless.com, donde existen miles de videos clasificados bajo etiquetas como “sleep”, “passedout” o “eyecheck”, términos asociados a mujeres dormidas o inconscientes.

Algunos de estos contenidos incluyen prácticas en las que los agresores intentan demostrar que la víctima no está consciente, lo que ha generado alarma por la normalización y consumo masivo de este tipo de material.

De acuerdo con el reportaje, este sitio registró más de 62 millones de visitas en un solo mes, lo que evidencia el alcance de estas comunidades.

Un fenómeno difícil de erradicar

Tras ser cuestionada, Telegram eliminó el grupo “Zzz”. Sin embargo, la investigación advierte que esto no representa el fin del problema.

Parte del contenido sigue disponible en otros sitios y, como ha ocurrido en casos anteriores, estas comunidades suelen reorganizarse rápidamente en nuevas plataformas o canales.

El uso de tecnologías como criptomonedas y aplicaciones cifradas complica la identificación de los responsables y la intervención de las autoridades.

Un problema estructural en el entorno digital

El caso evidencia retos profundos en la regulación de internet y la protección de las víctimas:

  • La facilidad con la que grupos ilegales pueden organizarse globalmente
  • La falta de control efectivo en algunas plataformas digitales
  • La rapidez con la que el contenido puede replicarse y difundirse
  • Las dificultades para rastrear transacciones y usuarios

Además, organizaciones y especialistas han advertido que este tipo de comunidades no solo promueven delitos, sino que también generan entornos donde la violencia se normaliza y se replica.

Más allá de una plataforma

La investigación deja claro que el problema no está limitado a una sola aplicación o sitio web.

Se trata de una red que evoluciona, cambia de espacio y aprovecha las herramientas digitales para mantenerse activa.

No es solo contenido ilegal.

Es una estructura que enseña, conecta y replica violencia.

Y que plantea una pregunta urgente:

¿qué tan preparada está la tecnología para frenar lo que también ayuda a crear?

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