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El trabajo nocturno altera genes del reloj biológico y podría afectar la salud a largo plazo

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Trabajar durante la noche no solo modifica los horarios de sueño. Una nueva investigación encontró que la exposición prolongada a turnos nocturnos está asociada con cambios en la actividad de varios genes relacionados con el reloj biológico, una señal que ayuda a explicar cómo la alteración constante del ritmo circadiano puede repercutir en la salud.

El estudio, publicado en Frontiers in Endocrinology en septiembre de 2026, analizó a 93 trabajadoras del sector salud y comparó a 47 mujeres que trabajaban durante el día con 46 que realizaban turnos nocturnos. Los investigadores observaron diferencias en la expresión de genes que participan en la regulación de los ritmos circadianos.

El hallazgo no significa que el ADN de estas mujeres haya cambiado ni que el trabajo nocturno provoque por sí mismo una enfermedad. Se trata de modificaciones en la expresión genética, es decir, en la manera en que determinados genes se activan y funcionan dentro de las células.

¿Qué encontraron los investigadores?

Los científicos estudiaron la expresión de cinco genes o reguladores relacionados con los mecanismos circadianos: CLOCK, TEF, PER1, PER3 y YY1.

En comparación con las trabajadoras diurnas, quienes realizaban turnos nocturnos presentaron una menor expresión de CLOCK, TEF y PER1. En cambio, PER3 no mostró una diferencia significativa entre ambos grupos. También se observó una menor expresión de YY1, un regulador de la actividad genética que participa en procesos relacionados con la organización de la cromatina y los ritmos circadianos.

Uno de los resultados más interesantes fue que los cambios en CLOCK y TEF fueron más evidentes conforme aumentaba la duración y la exposición acumulada al trabajo nocturno.

Entre las 46 trabajadoras nocturnas, 54% había estado expuesta a este tipo de horarios durante entre 13 y 35 años, mientras que 57% había acumulado al menos mil turnos nocturnos a lo largo de su vida laboral.

El problema está en el reloj biológico

El organismo humano funciona siguiendo ritmos circadianos de aproximadamente 24 horas que ayudan a coordinar procesos como el sueño, la temperatura corporal, la producción hormonal, el metabolismo y la actividad de diferentes órganos.

Estos ritmos están regulados por un sistema molecular en el que participan genes como CLOCK, PER y otros componentes relacionados.

Durante la noche, el cuerpo está programado para favorecer el descanso. La exposición a luz artificial, permanecer despierto y comer a horas inusuales pueden provocar un desajuste entre el reloj interno y el horario que sigue la persona.

El trabajo nocturno representa una de las formas más constantes de esta alteración circadiana. El problema puede ser mayor cuando la exposición se mantiene durante años.

¿Significa que el trabajo nocturno modifica el ADN?

No exactamente.

Una diferencia importante es distinguir entre cambios en la secuencia del ADN y cambios en la expresión de los genes.

El estudio de 2026 midió la expresión de determinados genes en muestras de sangre. Los investigadores encontraron que algunos de ellos estaban menos activos en las trabajadoras nocturnas y que su comportamiento estaba relacionado con la duración y acumulación de los turnos.

Por lo tanto, hablar de que el trabajo nocturno “cambia los genes” puede resultar engañoso si se interpreta como una modificación permanente de la secuencia del ADN.

Existen investigaciones anteriores que sí han encontrado asociaciones entre el trabajo por turnos y modificaciones epigenéticas, como cambios en la metilación del ADN y aceleración de determinadas medidas de edad epigenética. Sin embargo, estos resultados corresponden a estudios diferentes y no deben confundirse con los hallazgos de la investigación publicada en 2026.

¿Qué riesgos para la salud se relacionan con trabajar de noche?

La alteración circadiana prolongada ya se ha relacionado con distintos problemas de salud.

La evidencia disponible ha encontrado asociaciones entre el trabajo nocturno y trastornos del sueño, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, alteraciones metabólicas, problemas gastrointestinales y algunos problemas de salud mental.

También existe preocupación por su posible relación con determinados tipos de cáncer.

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) clasifica el trabajo nocturno como “probablemente carcinogénico para los seres humanos”, dentro del Grupo 2A. Esta clasificación se basa en evidencia limitada en humanos, evidencia suficiente en animales y evidencia mecanística relacionada con la alteración de los ritmos circadianos.

Sin embargo, esta clasificación no significa que una persona que trabaja de noche necesariamente desarrollará cáncer. La propia IARC señala que una clasificación de peligro no establece por sí misma el nivel de riesgo individual, que puede variar según la intensidad y duración de la exposición, entre otros factores.

El tiempo de exposición podría ser importante

Uno de los aspectos que más llaman la atención del nuevo estudio es la relación entre la duración del trabajo nocturno y las modificaciones observadas en la expresión de los genes circadianos.

Los investigadores encontraron que algunos cambios eran más pronunciados entre quienes acumulaban una mayor cantidad de años o turnos nocturnos.

Aun así, se trata de un estudio transversal realizado exclusivamente en mujeres que trabajan en el sector sanitario. Por ello, sus resultados no permiten establecer que el trabajo nocturno sea la causa directa de las alteraciones observadas ni determinar si estos cambios pueden provocar posteriormente una enfermedad.

Los propios autores señalan que todavía es necesario realizar investigaciones longitudinales y estudios con grupos más grandes para determinar la causalidad, la importancia clínica de estos cambios y si pueden revertirse cuando disminuye o termina la exposición al trabajo nocturno.

¿Qué pueden hacer quienes trabajan de noche?

No todas las personas pueden modificar sus horarios laborales, pero existen medidas que pueden ayudar a reducir algunos de los efectos asociados con la alteración del sueño y los ritmos circadianos.

Mantener un horario de sueño lo más estable posible, procurar un ambiente oscuro y silencioso para dormir durante el día, limitar la exposición innecesaria a la luz antes de descansar, mantener actividad física regular y cuidar la alimentación son algunas estrategias que pueden favorecer un mejor descanso.

También es importante prestar atención a síntomas persistentes como insomnio, somnolencia extrema, fatiga constante o dificultades para mantener la concentración. La fatiga relacionada con horarios no convencionales puede afectar la atención, la memoria, los tiempos de reacción y el juicio, lo que también representa un problema de seguridad laboral.

El nuevo estudio aporta una pieza más al rompecabezas: trabajar de noche no solo cambia cuándo dormimos. La exposición prolongada parece estar relacionada con modificaciones en la actividad de genes que ayudan a mantener sincronizado nuestro reloj biológico. Todavía falta determinar cuánto de estos cambios representa una adaptación del organismo y cuánto podría contribuir a problemas de salud a largo plazo.

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