Aunque el procedimiento para poner un piercing no es complicado, requiere de unos conocimientos de higiene, antisepsia y técnica que no deben desestimarse.
Los piercings están cada vez más de moda, por eso, en los últimos años ha aumentado el número de centros que llevan a cabo este procedimiento sin cumplir todas las garantías sanitarias. Un estudio publicado en la prestigiosa revista científica American Journal de Dermatología reveló que, aproximadamente en un 20% de los casos, aparece algún tipo de complicación, siendo las más frecuentes las infecciones y los sangrados locales.
Riesgos de ponerse un piercing
Los problemas que se pueden generar a raíz de ponerse un piercing pueden ser debidos a distintas causas: desde el material utilizado, la higiene durante el proceso, el instrumental, el perfil médico de la persona, los cuidados posteriores y, sin duda, la zona del cuerpo donde se coloca el piercing.
En primer lugar, debemos ser conscientes de que la colocación de un piercing supone realizar una falta de integridad en la piel. Asimismo, cualquier tipo de piercing en cualquier ubicación implica un riesgo en cuanto a sufrir complicaciones. Estas son algunas de las posibles complicaciones con las que nos podemos encontrar al colocarnos un piercing:
Reacción alérgica
Podemos sufrir una reacción alérgica al material empleado, ya sea al piercing o al antiséptico, incluso al instrumental. Muchos piercings llevan una aleación de níquel; el níquel se encuentra en muchos objetos de bisutería y es una causa relativamente frecuente de alergia en una parte de la población.
Infección local o sistémica
También puede producirse una infección en la zona perforada, también llamada infección sistémica por diseminación de la local. A nivel local podremos encontrar diversos síntomas como enrojecimiento, inflamación, aumento de la temperatura, dolor al tocar e incluso puede aparecer fiebre por afectación sistémica.
Cicatrización y transmisión de enfermedades
Cuando realizamos la colocación de un piercing sufrimos el riesgo de que la perforación no cicatrice como debería y se produzca una cicatrización anormal de la zona. Por ejemplo, la formación de un queloide o induración local.
A su vez, cualquier tipo de intervención implica un riesgo a nivel biológico por el empleo de material contaminado, lo que podría derivar en la transmisión de enfermedades.






