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Javier Quintero: “Nos cuesta ser felices porque alinear lo que sentimos con lo que hacemos no siempre es fácil”

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En una época dominada por la hiperconectividad, la productividad constante y la búsqueda de validación social, ser feliz se ha convertido en una tarea más compleja de lo que parece.
Así lo afirma el psiquiatra español Javier Quintero, donde analiza cómo la salud mental contemporánea está marcada por la desconexión entre lo que sentimos y lo que realmente vivimos.

“Nos cuesta ser felices porque no sabemos alinear nuestro propósito con nuestras emociones”, sostiene Quintero. Para él, el problema no es la falta de recursos o conocimiento sobre bienestar, sino la distancia entre la vida que deseamos y la que llevamos.

La felicidad, más que un estado emocional

El especialista explica que la felicidad no es un estado permanente, sino un proceso dinámico de coherencia interna.
“Ser feliz implica aceptar la vulnerabilidad, entender nuestras emociones y actuar de forma congruente con nuestros valores”, asegura.

El error común, señala, es buscar la felicidad como un objetivo externo, una meta que se alcanza con éxito, dinero o reconocimiento.
“Nos hemos acostumbrado a poner la felicidad en manos de los logros, y eso nos condena a una insatisfacción constante. La felicidad no se consigue, se cultiva”, afirma Quintero.

Estrés y autoexigencia: enemigos invisibles

Uno de los grandes obstáculos del bienestar en el siglo XXI, dice el psiquiatra, es el ritmo de vida acelerado y la autoexigencia desmedida.
Vivimos bajo la presión de ser productivos, de mostrar una imagen impecable en redes sociales y de competir incluso en el terreno emocional.

“Nos exigimos ser felices las 24 horas del día. Nos comparamos con vidas filtradas y creemos que algo anda mal si no sentimos euforia constante”, explica.
Este fenómeno, conocido como positividad tóxica, alimenta la frustración y puede derivar en ansiedad o depresión.

Para Quintero, el primer paso para contrarrestarlo es normalizar el malestar: “No todo el tiempo tenemos que estar bien. La tristeza o la duda son parte natural del equilibrio emocional”.

El propósito como brújula emocional

Uno de los pilares de su enfoque es el propósito vital.
Quintero sostiene que la verdadera estabilidad emocional proviene de encontrar sentido a lo que hacemos, aunque eso no siempre esté acompañado de placer inmediato.
“Ser feliz no es evitar el dolor, sino darle un sentido. Cuando sabemos por qué hacemos las cosas, incluso los momentos difíciles se vuelven más llevaderos”, reflexiona.

El psiquiatra utiliza una metáfora clara: “El propósito es como un timón. Puedes tener olas, tormentas o calma, pero si el timón está firme, siempre sabes hacia dónde vas”.

La desconexión emocional

Otro aspecto que destaca el experto es la pérdida de conexión con las emociones reales.
Vivimos —dice— en una sociedad que premia el hacer y castiga el sentir. Desde pequeños se nos enseña a suprimir el llanto, a ocultar el miedo y a mantener una fachada de fortaleza.
El resultado: adultos que no saben identificar lo que sienten ni cómo gestionarlo.

“Cuando no somos capaces de escuchar nuestras emociones, terminamos viviendo en automático. Y la felicidad no puede florecer en un estado de desconexión”, advierte Quintero.

El psiquiatra propone una práctica sencilla pero transformadora: detenerse, observar y reconocer lo que sentimos sin juzgarlo.
“No se trata de cambiar la emoción, sino de entender qué nos quiere decir. Toda emoción, incluso la desagradable, cumple una función adaptativa.”

El papel del entorno y la cultura del éxito

La sociedad moderna, señala Quintero, asocia la valía personal al rendimiento.
En ese contexto, muchas personas sienten que no pueden detenerse o descansar sin sentirse culpables.
“El descanso se percibe como pérdida de tiempo, cuando en realidad es una forma de cuidarse. Hemos confundido estar ocupados con estar vivos”, afirma.

Además, la cultura del éxito rápido y la comparación constante hacen que muchas personas vivan en un estado de insatisfacción crónica.
“El bienestar no se mide por la cantidad de cosas que hacemos, sino por el grado de conexión con lo que hacemos”, enfatiza.

La felicidad posible: aceptar y fluir

Quintero no plantea un ideal utópico de felicidad, sino una visión más humana y realista:
“Ser feliz es estar en paz con uno mismo, aun cuando la vida no sea perfecta”.
La clave, dice, está en aceptar la imperfección, reconciliarse con el pasado y cultivar relaciones significativas.

“Las emociones difíciles no son enemigas, son señales. El dolor también nos enseña, la tristeza nos humaniza y la alegría nos impulsa. No hay que buscar eliminar las emociones, sino integrarlas.”

El arte de ser feliz en tiempos de ruido

El mensaje de Javier Quintero es claro: la felicidad no se persigue, se construye cada día a partir de pequeñas decisiones conscientes.
En un mundo saturado de información, ruido y expectativas, aprender a escucharse a uno mismo se ha vuelto el acto más revolucionario.

Como concluye el psiquiatra, “la felicidad no es tenerlo todo, sino saber quién eres cuando no lo tienes”.
Y en esa búsqueda de coherencia entre sentir y hacer, tal vez resida la verdadera salud mental del siglo XXI.

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