Un descubrimiento científico podría ayudar a comprender por qué la memoria pierde eficacia con el paso de los años y abrir nuevas vías para desarrollar tratamientos contra el deterioro cognitivo. Se trata de una proteína llamada Funes, identificada por investigadores que estudian los mecanismos moleculares responsables de formar y conservar los recuerdos.
El nombre está inspirado en el personaje del cuento Funes el memorioso, del escritor argentino Jorge Luis Borges, quien imaginó a un hombre con una capacidad extraordinaria para recordar absolutamente todo lo que experimentaba.
En una investigación publicada en la revista científica Cell, un equipo internacional encontró que aumentar la producción de esta proteína permitió recuperar parte de la capacidad de memoria en moscas de la fruta envejecidas. Aunque los resultados todavía no pueden trasladarse directamente a los seres humanos, representan un avance para estudiar los cambios cerebrales asociados con la edad.
Qué es la proteína Funes y cómo funciona en el cerebro
La proteína Funes pertenece a un grupo conocido como chaperonas, cuya función consiste en ayudar a otras proteínas a adquirir y conservar su estructura tridimensional. Esta forma es fundamental para que puedan realizar correctamente sus actividades dentro de las células.
El descubrimiento resulta especialmente interesante porque Funes participa en la regulación de las proteínas amiloides, estructuras que suelen relacionarse con enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer y el párkinson.
Sin embargo, no todas las proteínas amiloides son perjudiciales. Algunas cumplen funciones esenciales para el organismo, entre ellas la formación y conservación de recuerdos a largo plazo.
Una de ellas es Orb2, presente en las moscas de la fruta. Esta proteína interviene en los procesos que permiten estabilizar la información almacenada en las conexiones entre neuronas.
Los investigadores observaron que, conforme los animales envejecían, las estructuras de Orb2 experimentaban modificaciones que reducían su capacidad para participar en la conservación de recuerdos.
El experimento que permitió mejorar la memoria en moscas envejecidas
El estudio fue desarrollado durante seis años y contempló el análisis de los cerebros de aproximadamente 10 millones de moscas de la fruta en ocho etapas diferentes de su vida.
Los investigadores observaron cómo cambiaban las estructuras de las proteínas relacionadas con la memoria desde las primeras etapas de desarrollo hasta la vejez de estos organismos.
Uno de los hallazgos más importantes apareció cuando aumentaron la producción de Funes en neuronas de moscas envejecidas. Esta intervención permitió que las estructuras de Orb2 recuperaran características más cercanas a las observadas en ejemplares jóvenes.
El resultado también se reflejó en una mejora de su capacidad para recordar.
En contraste, cuando los científicos incrementaron la producción de otra proteína chaperona llamada CG6693, observaron un efecto contrario. Incluso las moscas jóvenes comenzaron a acumular estructuras amiloides mal plegadas y presentaron un peor desempeño en las pruebas de memoria.
Estos resultados sugieren que el equilibrio entre distintas proteínas reguladoras podría tener un papel importante en el mantenimiento de las funciones cognitivas durante el envejecimiento.
Qué relación tiene este descubrimiento con la memoria humana
Aunque el experimento se realizó en moscas de la fruta, los investigadores identificaron una posible conexión con los mecanismos de memoria de los seres humanos.
La proteína Orb2 tiene equivalentes en mamíferos, entre ellos CPEB3, que también participa en procesos relacionados con la plasticidad neuronal y la conservación de recuerdos.
El equipo encabezado por el bioquímico Rubén Hervás, de la Universidad de Hong Kong, busca determinar si los cambios estructurales observados durante el envejecimiento de las moscas también ocurren en el cerebro humano.
Para avanzar en esta línea de investigación, el científico recibió una financiación de un millón de euros del Gobierno de Hong Kong, destinada a estudiar si el mecanismo identificado puede encontrarse también en personas.
De confirmarse esta relación, podría abrirse una nueva vía para desarrollar estrategias que ayuden a conservar la funcionalidad de las proteínas relacionadas con la memoria.
¿La proteína Funes podría convertirse en un tratamiento contra la pérdida de memoria?
Por ahora, el descubrimiento no representa un tratamiento disponible para prevenir o revertir la pérdida de memoria en personas mayores. Los resultados corresponden a una investigación experimental realizada en moscas y todavía es necesario comprobar si el mismo mecanismo funciona en seres humanos.
El hallazgo también invita a reconsiderar la manera en que se estudian las proteínas amiloides. Aunque algunas están asociadas con enfermedades neurodegenerativas, otras desempeñan funciones beneficiosas y necesarias para el funcionamiento del cerebro.
Comprender cómo se mantienen estas estructuras y por qué pierden eficacia con la edad podría contribuir al desarrollo de futuras intervenciones contra el deterioro cognitivo.
La investigación sobre Funes no ofrece todavía una solución inmediata, pero aporta una pieza importante para comprender uno de los grandes interrogantes de la neurociencia: por qué los recuerdos se vuelven más difíciles de conservar conforme envejecemos.






