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Trastornos alimenticios después de los 50: por qué pueden pasar inadvertidos en la menopausia

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Los trastornos de la conducta alimentaria suelen asociarse con adolescentes y mujeres jóvenes, pero pueden aparecer o continuar durante la mediana edad. En mujeres mayores de 50 años, algunas conductas relacionadas con la comida, el peso y la imagen corporal pueden normalizarse como parte del cuidado de la salud, lo que dificulta identificar cuándo existe un problema que requiere atención.

Especialistas consultados por El País advierten que esta situación puede pasar desapercibida, particularmente durante la transición hacia la menopausia, una etapa en la que los cambios físicos pueden intensificar la preocupación por el peso y la apariencia.

Los trastornos alimenticios también pueden aparecer después de los 50

Aunque suelen comenzar durante la adolescencia o la adultez temprana, los trastornos alimenticios pueden presentarse a cualquier edad.

La Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (Conasama) señala que, si bien estos trastornos aparecen con mayor frecuencia durante la adolescencia y la adultez joven, pueden afectar a personas de cualquier edad. Entre ellos se encuentran la anorexia nerviosa, la bulimia nerviosa y el trastorno por atracón.

En mujeres mayores, además, pueden coexistir dos situaciones: algunas han vivido durante años con una relación problemática con la comida y otras desarrollan el trastorno por primera vez durante la mediana edad.

De acuerdo con especialistas citados por El País, en centros especializados se observa la presencia de mujeres de esta edad con diferentes tipos de trastornos alimentarios, aunque todavía existe un importante infradiagnóstico.

¿Por qué la menopausia puede ser una etapa vulnerable?

La menopausia implica cambios hormonales y físicos que pueden modificar la composición corporal, la distribución de la grasa y la percepción que una mujer tiene de su propio cuerpo.

Estos cambios pueden coincidir con una etapa de transición personal y social en la que algunas mujeres experimentan una mayor preocupación por el envejecimiento y por mantener una determinada apariencia.

Expertos consultados por El País señalan que algunas mujeres comienzan a presentar trastornos alimentarios alrededor de los 45 o 50 años, coincidiendo con los cambios físicos de la transición menopáusica.

La menopausia no provoca por sí misma un trastorno alimentario, pero puede formar parte del conjunto de factores que influyen en su aparición o reaparición.

La presión por no subir de peso puede convertirse en un problema

Una de las dificultades para detectar estos trastornos es que determinadas conductas restrictivas pueden interpretarse como hábitos saludables.

Reducir constantemente las cantidades de comida, eliminar alimentos considerados “prohibidos”, saltarse comidas o mantener una preocupación excesiva por las calorías puede presentarse socialmente como disciplina o autocuidado.

El problema aparece cuando la alimentación y el peso comienzan a ocupar una parte desproporcionada de la vida cotidiana.

Especialistas citados por El País describen casos en los que los pensamientos relacionados con el cuerpo y la comida pueden ocupar gran parte del día.

Por eso, no es necesario que exista una delgadez extrema para sospechar de un trastorno alimentario.

El trastorno por atracón también puede aparecer

Los trastornos alimentarios no se manifiestan únicamente mediante la restricción de alimentos.

A partir de los 50 años, una señal que puede llamar la atención es la aparición de episodios de atracón, caracterizados por consumir una cantidad considerable de comida en poco tiempo y experimentar una sensación de pérdida de control.

Según especialistas citados por El País, comer grandes cantidades en poco tiempo, con frecuencia a solas y acompañado de sensación de pérdida de control, es una de las señales que pueden observarse en mujeres de esta etapa.

La Secretaría de Salud mexicana reconoce al trastorno por atracón, junto con la anorexia y la bulimia, entre los principales trastornos alimentarios y advierte que pueden producir consecuencias físicas y psicológicas importantes.

¿Qué relación existe entre la imagen corporal y estos trastornos?

La preocupación por el peso puede mantenerse durante décadas y no desaparece necesariamente con la edad.

En el caso de las mujeres que atraviesan la menopausia, la modificación de la silueta puede convertirse en una fuente adicional de insatisfacción corporal. A esto se suma una cultura que continúa asociando juventud, delgadez y atractivo físico.

Especialistas citados por El País señalan que la presión estética cambia con la edad, pero no necesariamente desaparece. En mujeres mayores puede estar relacionada con la intención de ocultar o retrasar visualmente los signos del envejecimiento.

Las redes sociales también pueden reforzar estas expectativas mediante contenidos sobre alimentación, ejercicio, pérdida de peso y procedimientos destinados a modificar la apariencia.

Una preocupación que también puede transmitirse entre generaciones

La relación con la comida y el cuerpo también puede estar influida por el entorno familiar.

El País recoge testimonios de mujeres que crecieron escuchando comentarios constantes sobre el peso, las tallas o la apariencia física de sus madres y otros familiares. Estas ideas pueden transmitirse de una generación a otra y contribuir a una relación problemática con la alimentación y la imagen corporal.

Este fenómeno también ha sido relacionado en años recientes con el concepto de “almond mom”, utilizado en redes sociales para describir modelos de crianza en los que se normalizan comentarios y restricciones relacionados con el peso y la comida.

¿Cuáles son las señales de alerta?

Una preocupación constante por adelgazar no necesariamente significa que exista un trastorno alimentario, pero algunas conductas sí pueden justificar una evaluación profesional.

Entre las señales que conviene observar están:

  • Preocupación excesiva y persistente por el peso o la figura.
  • Restricción frecuente de alimentos por miedo a subir de peso.
  • Saltarse comidas de manera habitual para controlar el peso.
  • Evitar situaciones sociales relacionadas con la comida.
  • Episodios de atracones acompañados de pérdida de control.
  • Ejercicio utilizado principalmente para compensar lo que se ha comido.
  • Sensación de culpa o ansiedad después de comer.
  • Pensamientos sobre comida, peso o cuerpo que interfieren con la vida cotidiana.

La Conasama advierte que los trastornos alimentarios implican alteraciones persistentes de la conducta alimentaria acompañadas de pensamientos y emociones angustiantes, y que pueden afectar seriamente la salud física, psicológica y social.

¿Por qué pueden tardar en detectarse?

Una de las principales dificultades es que ciertos comportamientos pueden confundirse con hábitos considerados saludables.

Una mujer que controla estrictamente sus alimentos, habla constantemente de dietas o intenta bajar de peso puede recibir reconocimiento social por “cuidarse”, aunque detrás exista ansiedad o una relación problemática con la comida.

Además, los trastornos alimentarios no siempre producen un peso corporal extremadamente bajo. Pueden presentarse en personas con diferentes cuerpos y pesos.

Esto hace que la evaluación profesional sea más importante que utilizar únicamente la apariencia física como indicador.

El tratamiento puede mejorar la calidad de vida

Los trastornos alimentarios requieren una atención integral que considere tanto la salud física como los factores psicológicos y sociales.

El tratamiento puede incluir profesionales de salud mental, especialistas en nutrición y personal médico, dependiendo de las necesidades de cada persona.

Los especialistas consultados por El País señalan que la recuperación puede reducir significativamente el espacio mental que ocupan la comida y la imagen corporal, además de facilitar nuevamente actividades sociales como salir a cenar y compartir alimentos con otras personas.

En México, la Secretaría de Salud también destaca la importancia de la atención oportuna de estos trastornos, debido a las consecuencias que pueden generar en la salud física y mental.

La edad no protege contra los trastornos alimentarios

Los trastornos de la conducta alimentaria no desaparecen automáticamente al llegar a la adultez ni son exclusivos de las adolescentes.

Después de los 50 años, los cambios de la menopausia, la presión por conservar una determinada apariencia, experiencias personales y una relación prolongada con las dietas pueden coincidir y favorecer la aparición o reaparición de conductas problemáticas.

Por eso, restringir la comida de manera constante, vivir con miedo a subir de peso o experimentar episodios frecuentes de pérdida de control al comer no debería considerarse simplemente una parte normal de hacerse mayor.

Reconocer estas señales y solicitar una evaluación profesional puede ayudar a evitar que el problema permanezca oculto durante años.

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