Investigadores de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desarrollan una tecnología experimental que busca facilitar el ingreso de medicamentos al cerebro y dirigirlos hacia tejidos enfermos. La propuesta utiliza partículas nanométricas inspiradas en virus para transportar fármacos y podría abrir nuevas vías de investigación para tratar enfermedades neurológicas y algunos tipos de cáncer.
El proyecto está a cargo de especialistas del Centro de Nanociencias y Nanotecnología (CNyN), ubicado en el campus Ensenada, Baja California. Su objetivo es mejorar la llegada de los tratamientos a las zonas afectadas y, potencialmente, reducir las dosis necesarias y los efectos secundarios.
¿Por qué es difícil llevar medicamentos al cerebro?
Uno de los principales obstáculos es la barrera hematoencefálica, una estructura que protege al cerebro al regular qué sustancias pueden pasar desde la sangre hacia el tejido cerebral.
Aunque esta barrera es esencial para mantener el funcionamiento del sistema nervioso, también dificulta el acceso de determinados medicamentos. Rafael Vázquez Duhalt, investigador del CNyN, explicó que apenas entre 0.2 y 2% de algunos fármacos administrados logra ingresar al cerebro, de acuerdo con la información difundida por la UNAM.
Esta limitación puede reducir la eficacia de tratamientos para enfermedades como Parkinson, Alzheimer, epilepsia y esclerosis múltiple. Por ello, el equipo busca desarrollar vehículos capaces de transportar las sustancias terapéuticas y favorecer su llegada al sitio donde deben actuar.
¿Cómo funcionan los nanovehículos creados por la UNAM?
La tecnología utiliza estructuras derivadas de virus de plantas y bacteriófagos, que son virus capaces de infectar bacterias. Los investigadores aprovechan sus cubiertas de proteínas para crear partículas de entre 20 y 60 nanómetros, conocidas como partículas similares a virus o VLP, por sus siglas en inglés.
Para convertirlas en transportadores, retiran el material genético infeccioso y colocan en su interior los fármacos que desean administrar. La cubierta proteica, llamada cápside, ayuda a proteger la carga terapéutica y a evitar que se degrade durante el transporte.
Después, los especialistas modifican la superficie de las partículas mediante técnicas de bionanotecnología. La intención es incorporar moléculas que puedan ser reconocidas por los mecanismos de transporte de la barrera hematoencefálica y así facilitar el ingreso de los medicamentos al cerebro.
Rubén Darío Cadena Nava, investigador del centro universitario, participa en el desarrollo de estas estructuras. El equipo también estudia cómo dirigir las sustancias hacia componentes específicos de las células, como las mitocondrias, donde podrían intervenir en determinados procesos relacionados con la enfermedad.
La investigación también busca mejorar tratamientos contra el cáncer
Además de las aplicaciones neurológicas, los nanovehículos podrían servir para transportar tratamientos hacia tumores. Una de las líneas de trabajo consiste en combinar distintas estrategias terapéuticas dentro de una misma plataforma, con el propósito de enfrentar mecanismos celulares que favorecen la resistencia a los medicamentos y la reaparición del cáncer.
Los científicos también estudian cómo transportar enzimas que ayuden a activar determinados profármacos, es decir, medicamentos que necesitan transformarse dentro del organismo para ejercer su efecto. La idea es favorecer esa activación en el tejido tumoral, en lugar de que ocurra principalmente en otros órganos.
De acuerdo con los investigadores citados por la UNAM, en pruebas de laboratorio se han observado resultados prometedores en determinadas formulaciones, incluida la reducción de la cantidad de medicamento utilizada y del tamaño de los tumores estudiados. Sin embargo, estos hallazgos no demuestran todavía que la estrategia sea eficaz o segura en pacientes.
Otra posibilidad que explora el equipo es incorporar moléculas fluorescentes para seguir el recorrido de los nanovehículos. A largo plazo, esta característica podría contribuir al desarrollo de técnicas de teragnóstico, que combinan la detección de una enfermedad con intervenciones dirigidas a tratarla.
¿Cuándo podrían utilizarse estos medicamentos?
El desarrollo permanece en una etapa experimental. La mayor parte de las investigaciones descritas se ha realizado in vitro, es decir, en células y condiciones de laboratorio, mientras el equipo se prepara para avanzar en pruebas con modelos animales.
Aunque los nanovehículos cuentan con dos patentes nacionales y una internacional, todavía deben evaluarse aspectos fundamentales como la seguridad, la reproducibilidad de los resultados, la eficacia en organismos vivos y la posibilidad de producir las partículas a gran escala.
Después de esas etapas serían necesarios estudios clínicos y las autorizaciones correspondientes antes de considerar su uso en personas. Por ahora, no se trata de un tratamiento disponible para pacientes.
La investigación de la UNAM busca resolver uno de los retos de la medicina moderna: conseguir que determinados medicamentos lleguen con mayor precisión al lugar donde se necesitan. Si los estudios posteriores confirman su utilidad, esta tecnología podría contribuir al desarrollo de tratamientos más dirigidos y con menos efectos adversos, aunque aún queda camino por recorrer antes de una posible aplicación clínica.




