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¿Por qué con la edad toleramos menos la cafeína? Lo que sucede a partir de los 40

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A medida que avanzamos en edad, un hábito social tan común como tomarse una taza de café puede empezar a pasar factura. Un reciente artículo de Infobae analiza cómo, a partir de los 40 años, la sensibilidad a la Cafeína puede aumentar —y con ello también los efectos secundarios.

El cambio fisiológico se instrumenta en el hígado

La cafeína se metaboliza principalmente en el hígado, donde enzimas como las del sistema CYP (particularmente CYP1A2) intervienen en su degradación. Según el medio, con la edad la actividad de esas enzimas hepáticas va disminuyendo, lo que prolonga el tiempo durante el cual la cafeína está activa en el organismo. Se estima que a los 65-70 años dicho metabolismo puede tardar alrededor de un 33 % más que en edades más jóvenes.

Este enlentecimiento comienza a notarse ya en los 40 años, por lo que lo que antes se toleraba sin problema —una o dos tazas de café— puede empezar a provocar nerviosismo, palpitaciones o alteraciones del sueño.

Hormonas, metabolismo y sensibilidad aumentada

Más allá del hígado, los expertos señalan que los cambios hormonales juegan un papel clave. Por ejemplo, el estrógeno tiene un efecto modulador sobre el metabolismo de la cafeína: cuando los niveles hormonales fluctúan —como en la perimenopausia o durante tratamientos hormonales— la tolerancia puede disminuir.

Además, la sensibilidad individual varía no sólo por edad y hormonas, sino también por genética: variantes en los genes que codifican las enzimas metabolizadoras de cafeína explican por qué algunos adultos “aguantan” hasta dos cafés y otros, con una sola taza, experimentan taquicardia o ansiedad.

¿Cuáles son los síntomas a vigilar?

Entre los posibles efectos secundarios inesperados del café a partir de los 40 aparecen:

  • Nerviosismo o sensación de “subidón” que antes no ocurría
  • Palpitaciones o taquicardia tras dosis relativamente pequeñas
  • Dificultades para conciliar o mantener el sueño
  • Malestar estomacal o mayor sensibilidad gastrointestinal
  • Ansiedad o sensación de inquietud generalizada

Cabe destacar que consumir más de la dosis que el cuerpo metaboliza eficazmente no sólo produce efectos inmediatos, sino que también puede acumularse sobre el sistema cardiovascular, el sueño y la calidad de vida en general. Por ejemplo, otras investigaciones del mismo medio vinculan altos consumos de cafeína con riesgo de insomnio, tensión arterial elevada y disminución de calidad del sueño.

¿Qué hacer para adaptar el consumo?

Aquí algunos consejos prácticos:

  • Considera reducir la cantidad de café diaria a una o dos tazas, o menos si notas síntomas.
  • Evita consumir café en las horas de la tarde-noche para permitir que el organismo lo metabolice antes del descanso.
  • Si has empezado a notar palpitaciones, nerviosismo o sueño alterado, observa si el café puede ser el factor desencadenante.
  • Valora variantes de menor contenido de cafeína —como café descafeinado o mezclas 50/50— o cambiar a té verde u otras infusiones.

Consulta con tu médico o nutricionista si tomas medicamentos o tienes condiciones cardíacas, ya que la cafeína puede interactuar o agravar ciertos cuadros, especialmente cuando el metabolismo hepático está más lento.

La razón por la que muchas personas “aguantan menos” la cafeína a partir de los 40 no es mera sugestión: se apoya en cambios fisiológicos reales —enzimáticos, hormonales y metabólicos— que reducen la tolerancia y prolongan la permanencia de la sustancia en el organismo. Reconocer estos cambios permite adoptar una relación más consciente con el café, preservando sus beneficios (como el estímulo cognitivo o la convivencia cultural) y minimizando sus efectos adversos.

En definitiva: no se trata de renunciar al café, sino de adaptarlo a esta nueva fase del cuerpo para seguir disfrutando sin que el organismo pague la factura.

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