La transición hacia los autos eléctricos en Europa acaba de entrar en una nueva etapa. Francia y Alemania acordaron impulsar cambios a las reglas que buscan eliminar las emisiones de los vehículos nuevos a partir de 2035. Su objetivo es dar mayor margen a los fabricantes para mantener algunas tecnologías de combustión, mientras intentan proteger empleos y recuperar competitividad frente a marcas de otros mercados.
El acuerdo político, anunciado el 16 de octubre de 2026, no elimina la normativa vigente ni significa que los autos de gasolina y diésel podrán venderse sin restricciones después de 2035. Se trata de una postura conjunta para negociar una flexibilización de los objetivos climáticos de la Unión Europea.
La discusión también involucra a Italia, que ha respaldado una mayor flexibilidad tecnológica para la industria automotriz. Sin embargo, el entendimiento anunciado recientemente corresponde a Francia y Alemania, dos de los países con mayor peso en la fabricación de vehículos europeos.
¿Qué cambiaría en las reglas europeas de 2035?
La normativa vigente establece una reducción del 100% de las emisiones promedio de CO₂ de los autos y las camionetas nuevos a partir de 2035, lo que en la práctica impediría comercializar vehículos nuevos convencionales de gasolina y diésel bajo ese esquema.
En diciembre de 2025, la Comisión Europea propuso modificar ese objetivo para reducir las emisiones de escape en un 90%, en lugar del 100%. El porcentaje restante podría compensarse mediante mecanismos relacionados con acero de bajas emisiones producido en la Unión Europea y combustibles alternativos elegibles, como los sintéticos y los biocombustibles.
Francia y Alemania plantearon una postura distinta en un punto clave: alcanzar la reducción del 90% sin exigir compensaciones adicionales por el 10% restante, según el acuerdo anunciado por ambos gobiernos.
Si esa propuesta prospera, podría dejar espacio para que ciertos vehículos híbridos y de combustión sigan formando parte de la oferta comercial después de 2035. No significaría, sin embargo, que todos los motores actuales quedarían automáticamente autorizados.
¿Por qué Alemania quiere cambiar el rumbo?
La industria automotriz es estratégica para Alemania, donde operan fabricantes como Volkswagen, BMW y Mercedes-Benz. La transición hacia los vehículos eléctricos exige inversiones elevadas en nuevas plataformas, baterías, fábricas y cadenas de suministro.
A estas presiones se suma la competencia de fabricantes chinos, que han ganado presencia internacional con vehículos eléctricos y precios cada vez más competitivos. Para el Gobierno alemán, una mayor flexibilidad tecnológica podría dar tiempo a las empresas para adaptarse sin perder capacidad industrial ni puestos de trabajo.
Francia comparte la preocupación por la competitividad, aunque ha puesto especial énfasis en reforzar la producción europea. El acuerdo entre ambos países combina la revisión de las reglas de emisiones con una propuesta para favorecer los productos fabricados en Europa en determinados programas de contratación pública y apoyo financiero.
La intención es que la transición no solo cambie los vehículos que se venden, sino que también mantenga una parte importante de su fabricación dentro del continente.
El acuerdo también busca proteger la producción europea
Uno de los puntos centrales del entendimiento es impulsar requisitos de contenido europeo en los vehículos que reciban determinados apoyos públicos.
La propuesta contempla que el 70% de los componentes de un vehículo, excluidas las baterías, se produzca en Europa. También plantea que el 10% del contenido de las baterías proceda de fuentes europeas.
Estas condiciones buscan fortalecer a los proveedores locales y evitar que las fábricas europeas se conviertan únicamente en centros de ensamblaje de componentes fabricados en otros países.
Alemania y Francia también acordaron una fórmula para que algunos países europeos que no pertenecen a la Unión Europea, como Reino Unido, Noruega, Islandia y Suiza, puedan ser considerados dentro de ciertas reglas de preferencia industrial, siempre que cumplan condiciones de reciprocidad.
La medida refleja que la discusión no gira únicamente alrededor del motor, sino también de dónde se producen los vehículos, sus componentes y las tecnologías que utilizarán.
¿Qué papel tendrán los autos eléctricos?
El acuerdo no representa un abandono de la electrificación. Tanto Francia como Alemania mantienen el objetivo de transformar la industria y reducir las emisiones del transporte, pero buscan ampliar las opciones tecnológicas disponibles para los fabricantes.
Los vehículos eléctricos de batería seguirían siendo una parte fundamental de esa estrategia. La flexibilización propuesta podría abrir más espacio a los híbridos enchufables, los vehículos con extensores de autonomía y determinados modelos con motores de combustión, siempre que se establezcan las condiciones regulatorias correspondientes.
La discusión enfrenta dos prioridades: acelerar la reducción de emisiones y evitar que los fabricantes europeos pierdan terreno frente a competidores internacionales. Para sus defensores, una transición más flexible ayudaría a sostener la producción y el empleo. Para sus críticos, debilitar los objetivos podría retrasar inversiones en tecnologías de cero emisiones.
La prohibición no ha desaparecido
Aunque algunos titulares describen el cambio como el final de la prohibición de los motores de combustión, la situación legal es más compleja.
La normativa actual continúa vigente mientras las instituciones europeas negocian posibles modificaciones. La Comisión Europea ya presentó una propuesta de revisión, y el Parlamento Europeo y los gobiernos de los Estados miembros deberán definir el resultado legislativo.
El Parlamento Europeo tiene previsto votar sobre la propuesta en noviembre de 2026, antes de continuar el proceso de negociación. Por tanto, todavía no existe una decisión definitiva que permita afirmar que las reglas de 2035 han sido derogadas.
Además, la normativa se refiere a las emisiones de los vehículos nuevos que se comercializan a partir de esa fecha. No implica que los automóviles de gasolina o diésel que ya circulan deban dejar de utilizarse en 2035.
La industria automotriz europea enfrenta una decisión decisiva
El acuerdo franco-alemán muestra que Europa intenta equilibrar sus objetivos climáticos con las presiones económicas de una industria que atraviesa una transformación profunda.
La decisión final determinará cuánto margen tendrán los fabricantes para ofrecer distintas tecnologías después de 2035 y qué condiciones deberán cumplir para hacerlo. También enviará una señal a las empresas que están invirtiendo en baterías, combustibles alternativos y nuevas generaciones de vehículos.
Por ahora, el mensaje no es que los autos eléctricos hayan perdido su lugar, sino que el futuro de la movilidad europea sigue en negociación. La incógnita es cuánto se flexibilizarán las reglas sin comprometer los objetivos de reducción de emisiones que la región se ha fijado.




