
La empresa energética española Iberdrola completó su salida total del mercado mexicano tras vender todos sus activos en el país en una operación que supera los 190 mil millones de pesos, marcando un punto de inflexión en el sector energético nacional.
La transacción forma parte de una estrategia global de la compañía para enfocarse en mercados considerados prioritarios, como Estados Unidos y Reino Unido, donde busca fortalecer su presencia en redes eléctricas y generación con contratos a largo plazo.
Este movimiento pone fin a décadas de operación en México, donde Iberdrola fue uno de los principales actores privados en generación de energía.
Venta a Cox: la operación que cierra el ciclo en México
Los activos de Iberdrola fueron adquiridos por la empresa española Cox en una operación valuada en miles de millones de dólares, que incluye centrales eléctricas, proyectos renovables y cartera comercial.
El acuerdo contempla alrededor de 2,600 megavatios de capacidad instalada, tanto en energía convencional como renovable, además de proyectos en desarrollo que podrían ampliarse en los próximos años.
Con esta compra, Cox fortalece su presencia en México, mientras Iberdrola consolida su retiro definitivo del país.
“La operación responde a una estrategia global de reconfiguración”, se ha señalado en informes del sector.
Un contexto marcado por cambios en la política energética
La salida de Iberdrola ocurre en un contexto de transformación del modelo energético en México, donde el gobierno ha impulsado una mayor participación del Estado en el sector.
En años recientes, la empresa ya había vendido una parte importante de sus activos al gobierno mexicano, en una operación que incrementó el control de la Comisión Federal de Electricidad sobre el mercado eléctrico.
Este entorno ha sido señalado como uno de los factores que influyeron en la decisión de la compañía de abandonar el país.
Qué significa la salida para el sector energético en México
La salida de Iberdrola marca un cambio relevante en el equilibrio del mercado energético mexicano, donde la participación privada se reconfigura frente al fortalecimiento de actores estatales.
Por un lado, abre la puerta a nuevos inversionistas como Cox, que buscarán desarrollar proyectos y expandir operaciones en el país.
Por otro, refuerza el papel de la CFE como protagonista en la generación y suministro de energía, en línea con la política energética actual.
“El sector entra en una nueva etapa de reconfiguración”, coinciden especialistas.
Impacto económico: una de las mayores operaciones del sector
La magnitud de la operación —superior a los 190 mil millones de pesos— la posiciona como una de las transacciones más importantes en la historia reciente del sector energético en México.
Además, incluye no solo activos físicos, sino también talento humano, contratos y proyectos estratégicos que seguirán operando bajo nuevos propietarios.
La operación también refleja el interés de empresas internacionales por mantener presencia en el mercado mexicano, pese a los cambios regulatorios.
CFE buscará inversión privada en nueva etapa
Tras la salida de Iberdrola, el gobierno mexicano ha señalado que la CFE continuará buscando esquemas de inversión privada para fortalecer la infraestructura energética.
Esto implica un modelo híbrido donde el Estado mantiene el control, pero permite la participación de capital privado en proyectos estratégicos.
El objetivo será garantizar el suministro energético, impulsar nuevas inversiones y mantener la competitividad del sector.
Un cambio que redefine el mapa energético en 2026
La salida de Iberdrola no solo representa el cierre de una etapa, sino el inicio de una nueva configuración en el sector energético mexicano.
El mercado se ajusta a nuevas reglas, actores y estrategias, donde la participación estatal y privada deberán encontrar un nuevo equilibrio.
Este movimiento confirma que la industria energética en México atraviesa una transformación profunda en 2026.
Un precedente para futuras inversiones
El caso Iberdrola podría convertirse en un referente para otras empresas internacionales que operan en el país, especialmente en sectores estratégicos.
Las decisiones de inversión estarán cada vez más influenciadas por el entorno regulatorio, las condiciones del mercado y las políticas públicas.












