
En redes sociales se han multiplicado los videos de jóvenes que corren apoyando manos y pies en el suelo o que imitan saltos y desplazamientos felinos. La tendencia, asociada a los llamados therians —personas que se identifican a nivel psicológico o espiritual con un animal no humano y reproducen sus movimientos—, ha abierto un debate sobre sus efectos físicos.
En una columna, Frano Giakoni Ramírez, director de la carrera de Entrenador Deportivo de la Universidad Andrés Bello, analizó el impacto biomecánico de estos patrones.
“Desde el punto de vista biomecánico, estos movimientos no son nuevos. Muchos forman parte de métodos consolidados de preparación física y rehabilitación”, explicó.
El especialista detalla que desplazarse en cuatro apoyos implica una activación muscular significativa. “Se activa con fuerza el core, los hombros, las muñecas, la cadera y la musculatura estabilizadora profunda. A diferencia de la marcha bípeda, la cuadrupedia incrementa la demanda neuromuscular, mejora la coordinación intersegmentaria y puede fortalecer la estabilidad escapular y lumbopélvica”, señala.
También destaca el componente energético. Según investigaciones sobre locomoción en cuadrupedia, el costo metabólico es mayor que el de caminar, lo que puede transformarlo en un estímulo cardiovascular moderado si se realiza de manera continua. Sin embargo, cuando se practica de forma intermitente y recreativa —como suele verse en redes— el impacto tiende a ser más lúdico que sistemático.
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No obstante, Giakoni advierte que los beneficios dependen del contexto. “Cualquier patrón de movimiento debe respetar principios básicos de carga, técnica y progresión. Cuando una tendencia viral incorpora actividad física sin acompañamiento técnico, existe el riesgo de sobreestimar sus ventajas o subestimar su impacto mecánico”, afirma.
Fenómeno therian: ¿Qué le pasa al cuerpo al caminar o saltar como un animal?
Entre los posibles riesgos menciona apoyos repetitivos en muñecas, saltos sin adecuada absorción o movimientos explosivos sin supervisión, lo que podría incrementar la probabilidad de lesiones, especialmente en adolescentes cuyo sistema musculoesquelético aún está en desarrollo.
Pese a ello, el experto subraya que explorar distintos patrones de movimiento no es negativo en sí mismo. “Gatear, rodar y desplazarse en múltiples planos es fundamental en etapas tempranas para la maduración neuromotora. En adolescentes y adultos, retomar estos patrones puede mejorar la conciencia corporal y contrarrestar el sedentarismo. El problema no es el movimiento, sino la falta de estructura”, sostiene.
En un contexto de creciente inactividad juvenil, Giakoni plantea que el desafío es encauzar estas prácticas hacia esquemas seguros y planificados. “El cuerpo humano está diseñado para moverse en distintos planos, no solo para permanecer sentado frente a una pantalla. Si esta tendencia logra que más jóvenes se activen, el reto será orientarla adecuadamente”.
Y concluye: “En ejercicio físico, no todo lo que se mueve es entrenamiento. Y no todo lo viral es inocuo”.












