
El dolor de espalda no es exclusivo de los adultos. Cada vez más niños y adolescentes experimentan molestias en esta zona, que pueden interferir con sus actividades escolares, el descanso y la práctica deportiva. Aunque muchas veces se relaciona con sobrecargas musculares o lesiones leves, también puede ser una señal de que algo necesita atención médica.
Entre los factores asociados se encuentran la falta de actividad física, el entrenamiento deportivo intenso, las caídas y el uso de mochilas demasiado pesadas. Identificar cuándo aparece el dolor y qué otros síntomas lo acompañan ayuda a tomar mejores decisiones para cuidar la salud de los menores.
¿Por qué les duele la espalda a los niños?
Una de las causas más frecuentes es la sobrecarga muscular. Puede aparecer después de hacer ejercicio, jugar, cargar objetos pesados o realizar movimientos bruscos. En estos casos, las molestias suelen mejorar en pocos días.
El sedentarismo también puede influir. Pasar mucho tiempo sentado y realizar poca actividad física puede contribuir a una menor resistencia de los músculos que sostienen la columna. Esto no significa que sentarse sea perjudicial por sí mismo, sino que permanecer inactivo durante gran parte del día puede favorecer las molestias.
En niños y adolescentes que practican deportes, especialmente gimnasia, danza u otras disciplinas con movimientos repetitivos y extensiones frecuentes de la espalda, el dolor puede estar relacionado con el esfuerzo acumulado o con lesiones por sobreuso.
Otras posibles causas incluyen alteraciones de la columna, como la escoliosis, y problemas que afectan las vértebras. Por eso, no conviene asumir que todas las molestias se deben a una mala postura o a la mochila escolar.
¿Las mochilas pesadas pueden provocar dolor de espalda?
Sí, una mochila demasiado pesada o mal ajustada puede aumentar la carga sobre los hombros, el cuello y la espalda. El riesgo de molestias puede ser mayor cuando el niño la lleva sobre un solo hombro, utiliza correas demasiado largas o transporta materiales que no necesita.
Para reducir esa carga, es recomendable elegir una mochila proporcional al tamaño del menor, con dos correas anchas y ajustables, respaldo acolchado y compartimentos que ayuden a distribuir el contenido.
También conviene revisar su interior antes de salir a la escuela y retirar libros, cuadernos u objetos innecesarios. El peso debe ser manejable para el niño y no obligarlo a inclinarse hacia delante para caminar.
Aunque el uso de mochilas puede contribuir a las molestias, la evidencia no permite afirmar que por sí solo provoque escoliosis u otras alteraciones permanentes de la columna.
Cómo prevenir el dolor de espalda durante la infancia
La prevención comienza con hábitos cotidianos que favorezcan el movimiento y reduzcan las sobrecargas. Estas medidas pueden ayudar:
- Promover la actividad física regular mediante juegos, caminatas, natación, baile o deportes adecuados para la edad.
- Interrumpir los periodos prolongados de sedentarismo con pausas para levantarse y moverse.
- Ajustar las mochilas y llevar únicamente los materiales necesarios.
- Enseñar a levantar objetos flexionando las rodillas y evitando giros bruscos del tronco mientras se carga peso.
- Respetar los descansos entre entrenamientos y evitar que el ejercicio continúe si provoca dolor.
- Mantener horarios de sueño adecuados y un entorno que permita descansar cómodamente.
No es necesario exigir que los niños mantengan una postura rígida durante todo el día. Cambiar de posición y moverse con frecuencia suele ser más útil que intentar permanecer inmóvil en una postura considerada perfecta.
¿Cuándo debe preocupar el dolor de espalda infantil?
La edad es un factor importante. El dolor de espalda es menos habitual en niños pequeños que en adolescentes, por lo que las molestias en menores de 10 años merecen una valoración médica, especialmente si no existe una lesión evidente que las explique.
También es importante consultar con un profesional de salud cuando el dolor persiste, se vuelve más intenso, reaparece con frecuencia o limita las actividades habituales del menor.
Hay señales que requieren atención médica pronta, entre ellas:
- Fiebre o pérdida de peso sin explicación.
- Dolor intenso, progresivo o que despierta al niño durante la noche.
- Hormigueo, entumecimiento o debilidad en las piernas.
- Dificultad para caminar o cambios persistentes en la forma de moverse.
- Dolor que se extiende hacia una o ambas piernas.
- Cambios en el control de la vejiga o del intestino.
Si el menor pierde el control de la vejiga o del intestino, no puede caminar o presenta síntomas neurológicos repentinos después de una lesión, debe recibir atención de urgencia.
Qué hacer si un niño ya tiene dolor de espalda
Si las molestias son leves y comenzaron después de una actividad física, puede ser conveniente suspender temporalmente los movimientos que las empeoran y mantener una actividad suave que no provoque dolor. El reposo absoluto prolongado no suele ser necesario en las molestias musculares comunes.
No se recomienda administrar analgésicos ni antiinflamatorios sin comprobar que sean apropiados para la edad, el peso y las condiciones de salud del menor. Si el dolor es intenso, no mejora, reaparece o se acompaña de otros síntomas, el pediatra podrá determinar si hacen falta estudios o una valoración especializada.
También es útil observar cuándo aparece el dolor: después de cargar la mochila, durante el entrenamiento, al despertar o incluso mientras el niño descansa. Esta información puede ayudar al profesional de salud a identificar la causa.
Cuidar la espalda desde la infancia
El dolor de espalda en niños no siempre indica una enfermedad grave, pero tampoco debe normalizarse cuando es persistente o afecta su vida diaria. La actividad física regular, una mochila bien ajustada y la atención a los síntomas son medidas prácticas para reducir algunas de las causas más comunes.
La recomendación principal es observar los cambios, evitar atribuir todas las molestias a la postura y buscar orientación pediátrica cuando el dolor sea recurrente, intenso o aparezca acompañado de señales de alerta.












