
Un estudio internacional publicado en The New England Journal of Medicine encontró placas de aterosclerosis en el 57.1% de los adultos analizados en España y Dinamarca, incluso entre personas sin diagnóstico previo de enfermedad cardiovascular. La investigación revela que este proceso puede comenzar desde edades tempranas y avanzar durante años sin provocar síntomas.
La aterosclerosis puede desarrollarse mucho antes de que una persona experimente dolor en el pecho, dificultad para respirar u otras señales de enfermedad cardiovascular. Esta es una de las principales conclusiones de un estudio internacional que analizó a más de 16 mil adultos y detectó acumulaciones de placa en las arterias de una proporción importante de los participantes.
La investigación, conocida como estudio REACT, fue liderada por especialistas del Centro Nacional de Investigaciones Cardiovasculares (CNIC), en España, y del Rigshospitalet de Copenhague, en Dinamarca. Sus resultados se publicaron en la revista científica The New England Journal of Medicine en agosto de 2026.
El hallazgo pone de relieve la importancia de la prevención cardiovascular, ya que la ausencia de síntomas no significa necesariamente que las arterias estén libres de alteraciones.
¿Qué es la aterosclerosis silenciosa y por qué preocupa?
La aterosclerosis es una enfermedad en la que se acumulan grasas, colesterol y otras sustancias en las paredes de las arterias, formando placas que pueden endurecerlas y reducir el espacio disponible para el paso de la sangre.
Con el tiempo, estas placas pueden limitar la circulación o romperse y favorecer la formación de un coágulo. Cuando esto ocurre en una arteria coronaria, puede desencadenar un infarto; si afecta a la circulación cerebral, puede provocar un accidente cerebrovascular.
El término aterosclerosis silenciosa se utiliza cuando existen signos de esta enfermedad, pero todavía no hay un diagnóstico clínico previo ni manifestaciones evidentes que permitan identificarla mediante los síntomas habituales.
El problema es que las placas pueden desarrollarse durante años sin causar molestias. Por eso, algunas personas pueden desconocer que presentan alteraciones en sus arterias hasta que se someten a estudios médicos o experimentan una complicación cardiovascular.
¿Qué encontró el estudio realizado en España y Dinamarca?
Los investigadores analizaron a 16 mil 808 adultos de entre 18 y 70 años que no tenían un diagnóstico conocido de enfermedad cardiovascular aterosclerótica.
Para detectar las placas, utilizaron técnicas de imagen que permitieron examinar las arterias carótidas, ubicadas en el cuello; las femorales, situadas en las piernas; y las coronarias, que suministran sangre al corazón.
Los resultados mostraron que el 57.1% de los participantes presentaba aterosclerosis silenciosa en al menos uno de los territorios vasculares estudiados.
Sin embargo, la frecuencia variaba de manera importante según la edad. Entre los participantes de 18 a 29 años, se detectaron placas en el 8.7% de los hombres y el 6.7% de las mujeres. En el grupo de 30 a 39 años, las proporciones aumentaron al 34.6% y al 21.3%, respectivamente.
Esto significa que la enfermedad puede comenzar a desarrollarse durante la juventud, aunque su presencia aumenta considerablemente con el paso de los años.
Es importante aclarar que el 57.1% corresponde al conjunto de adultos estudiados, no exclusivamente a los jóvenes. Además, los resultados proceden de una investigación realizada en España y Dinamarca, por lo que no deben interpretarse como una estimación directa de la prevalencia en México.
La aterosclerosis puede aparecer antes de que existan problemas en el corazón
Uno de los hallazgos relevantes del estudio fue que, entre los participantes más jóvenes, las placas aparecían con mayor frecuencia en las arterias periféricas, especialmente en las carótidas, que en las arterias coronarias de forma aislada.
En términos generales, la presencia de placas aumentaba con la edad y era más común encontrar afectación en varios territorios arteriales al mismo tiempo entre los adultos mayores.
Los investigadores observaron que el 39.7% de los participantes presentaba placas en las arterias carótidas, el 30.1% en las femorales y el 26.5% en las coronarias.
Estos resultados sugieren que la aterosclerosis no debe entenderse únicamente como un problema localizado en el corazón. Su desarrollo puede involucrar diferentes regiones del sistema circulatorio, incluso cuando la persona todavía no presenta síntomas cardiovasculares.
La detección de placas en las arterias del cuello o las piernas podría aportar información útil sobre el estado general de los vasos sanguíneos y ayudar a identificar a personas que necesitan una evaluación más detallada.
¿Por qué los factores de riesgo tradicionales podrían no ser suficientes?
La prevención cardiovascular suele apoyarse en factores como la presión arterial, el colesterol, el tabaquismo, la diabetes y la edad para calcular la probabilidad de sufrir un evento cardiovascular en los siguientes años.
Estas herramientas siguen siendo importantes para orientar las decisiones médicas. Sin embargo, el estudio REACT encontró que las puntuaciones de riesgo convencionales no identificaban a muchas personas que ya tenían placas de aterosclerosis.
En particular, los investigadores observaron que el sistema europeo SCORE2 clasificaba como de alto riesgo a una proporción muy pequeña de los participantes con aterosclerosis subclínica.
Esto no significa que las herramientas actuales sean inútiles, sino que estimar la probabilidad de sufrir un evento cardiovascular no es lo mismo que comprobar directamente si ya existen placas en las arterias.
Por ello, los autores plantean investigar si determinadas técnicas de imagen pueden complementar las evaluaciones habituales y mejorar la identificación temprana de la enfermedad.
No obstante, todavía se necesita evidencia adicional para establecer a qué personas conviene realizar estudios de imagen y si esta estrategia mejora los resultados de salud a largo plazo.
¿Cómo reducir el riesgo de desarrollar aterosclerosis?
Aunque algunos factores, como la edad y los antecedentes familiares, no pueden modificarse, existen medidas que ayudan a reducir el riesgo cardiovascular.
Entre las principales recomendaciones se encuentran:
- Mantener una alimentación equilibrada, con verduras, frutas, legumbres, cereales integrales y fuentes saludables de grasas.
- Realizar actividad física de manera regular, adaptada a la condición y las capacidades de cada persona.
- Evitar el tabaco y la exposición al humo.
- Vigilar la presión arterial, el colesterol y los niveles de glucosa.
- Mantener un peso saludable y limitar el consumo excesivo de alcohol.
- Acudir a revisiones médicas para evaluar los factores de riesgo y recibir orientación individualizada.
Estas medidas no garantizan que una persona nunca desarrolle aterosclerosis, pero contribuyen a reducir el riesgo de complicaciones cardiovasculares.
Tampoco se recomienda realizar estudios de imagen por cuenta propia únicamente por preocupación ante los resultados de esta investigación. La necesidad de pruebas adicionales debe determinarse con un profesional de salud, considerando los antecedentes, los factores de riesgo y la situación clínica de cada persona.
¿Qué significa este descubrimiento para la prevención de infartos y accidentes cerebrovasculares?
El estudio REACT aporta evidencia de que la aterosclerosis puede estar presente mucho antes de que aparezcan manifestaciones clínicas y de que su frecuencia aumenta a lo largo de la vida adulta.
Su principal contribución es mostrar que la detección directa de placas mediante técnicas de imagen podría complementar las estrategias tradicionales de prevención cardiovascular.
Sin embargo, encontrar aterosclerosis no significa que una persona vaya a sufrir necesariamente un infarto o un accidente cerebrovascular. El riesgo depende de diversos factores, entre ellos la cantidad y localización de las placas, su evolución y las condiciones generales de salud.
Los investigadores deberán evaluar en futuras etapas si identificar estas alteraciones de manera temprana y actuar sobre ellas permite reducir de forma efectiva los eventos cardiovasculares.
Por ahora, el mensaje central es que la prevención no debe comenzar únicamente cuando aparecen síntomas. Conocer y controlar los factores de riesgo desde la juventud sigue siendo una herramienta fundamental para cuidar la salud cardiovascular a largo plazo.












