
La depresión suele asociarse con tristeza, falta de energía o pérdida de interés por las actividades cotidianas, pero no existe una sola manera de experimentar este trastorno.
Los síntomas pueden variar en intensidad, duración y características. Algunas formas aparecen durante periodos concretos, otras pueden mantenerse durante años y algunas están relacionadas con situaciones específicas, cambios hormonales, enfermedades o determinados medicamentos.
Por eso, hablar simplemente de “depresión” puede dejar fuera diferencias importantes que los profesionales de la salud consideran al momento de realizar un diagnóstico.
Depresión mayor
El trastorno depresivo mayor, también conocido como depresión clínica, es una de las formas más conocidas de depresión.
Puede provocar tristeza persistente, sensación de vacío o desesperanza, pérdida del interés o placer por actividades que antes resultaban agradables, cambios en el sueño y el apetito, cansancio, dificultad para concentrarse y sentimientos de culpa o inutilidad.
Para establecer un diagnóstico se consideran tanto los síntomas como su duración y el impacto que tienen en la vida cotidiana. No se trata simplemente de sentirse triste durante algunos días.
Cuando los síntomas son intensos o persisten, es importante buscar una evaluación profesional.
Trastorno depresivo persistente
Existe otra forma de depresión caracterizada principalmente por su duración.
El trastorno depresivo persistente, anteriormente conocido como distimia, es una forma crónica de depresión. Puede provocar tristeza, vacío, baja autoestima, cansancio, problemas para concentrarse, alteraciones del sueño y cambios en el apetito.
En adultos, el estado de ánimo depresivo suele mantenerse durante al menos dos años. Los síntomas pueden ser menos intensos que los de un episodio de depresión mayor, pero su permanencia puede afectar las relaciones, el trabajo y las actividades cotidianas.
Una de sus particularidades es que algunas personas pueden acostumbrarse a sentirse de esa manera y pensar que simplemente “son así”, cuando en realidad podrían estar experimentando un trastorno tratable.
Depresión con patrón estacional
El trastorno afectivo estacional está relacionado con determinados momentos del año y suele aparecer cuando cambian las estaciones.
En muchas personas los síntomas comienzan durante el otoño o el invierno y disminuyen durante la primavera y el verano. Entre las manifestaciones pueden encontrarse falta de energía, tristeza, pérdida de interés, dificultad para concentrarse, mayor necesidad de dormir y cambios en el apetito.
También existe un patrón menos frecuente que comienza durante la primavera o el verano.
El hecho de que los síntomas aparezcan cada año aproximadamente durante la misma época puede ser una señal que los profesionales toman en cuenta para realizar una evaluación.
Depresión durante el embarazo y después del parto
La depresión relacionada con el periodo perinatal puede presentarse durante el embarazo o después del nacimiento del bebé.
No debe confundirse con los cambios emocionales pasajeros que algunas personas experimentan después del parto. Cuando existe depresión, pueden aparecer tristeza persistente, pérdida de interés, desesperanza, culpa, cansancio, problemas de sueño y dificultades para concentrarse.
También puede presentarse durante el embarazo. Mayo Clinic señala que una proporción de personas embarazadas desarrolla depresión durante esta etapa y que identificarla y tratarla es importante tanto para la salud de la persona gestante como para el bienestar del bebé.
Depresión asociada con otras enfermedades
Los síntomas depresivos también pueden aparecer relacionados con determinadas condiciones médicas.
Algunas enfermedades pueden provocar cambios físicos y emocionales que se manifiestan como depresión. Por esta razón, durante una evaluación médica pueden realizarse pruebas para descartar problemas de salud que estén contribuyendo a los síntomas.
Por ejemplo, el hipotiroidismo puede producir síntomas que se parecen a los de algunos trastornos depresivos.
Esto explica por qué no siempre es suficiente identificar tristeza o cansancio para concluir que una persona tiene depresión. El diagnóstico requiere analizar el conjunto de síntomas y el contexto de cada paciente.
Depresión relacionada con medicamentos o sustancias
Algunos medicamentos y determinadas sustancias también pueden estar relacionados con la aparición de síntomas depresivos.
En estos casos, los síntomas pueden comenzar durante el consumo de una sustancia o medicamento, después de utilizarlo o durante un periodo de abstinencia.
La clasificación médica contempla los trastornos depresivos inducidos por sustancias o medicamentos como una categoría diferente, por lo que identificar la relación temporal puede ser importante para determinar el tratamiento.
Esto no significa que una persona deba suspender por su cuenta un medicamento que toma regularmente. Si aparecen cambios importantes en el estado de ánimo, lo adecuado es comentarlo con el profesional que indicó el tratamiento.
Depresión y trastorno bipolar no son lo mismo
Una distinción especialmente importante es la que existe entre un trastorno depresivo y el trastorno bipolar.
Una persona con trastorno bipolar puede experimentar episodios depresivos, pero también presenta episodios de manía o hipomanía. Estos pueden incluir aumento anormal de energía, menor necesidad de dormir, aceleración de pensamientos, mayor actividad y cambios importantes en el comportamiento.
Por esta razón, una persona que atraviesa un episodio depresivo necesita una evaluación adecuada antes de recibir un diagnóstico o tratamiento.
Confundir un trastorno bipolar con depresión puede afectar las decisiones terapéuticas.
También existen otros patrones
Además de estas formas, los profesionales pueden identificar características específicas dentro de un episodio depresivo.
Por ejemplo, puede existir depresión con características psicóticas, en la que aparecen delirios o alucinaciones; depresión con características catatónicas; y cuadros relacionados con el periodo perinatal o con un patrón estacional.
También existe el trastorno disfórico premenstrual, que provoca cambios importantes en el estado de ánimo asociados con el ciclo menstrual y que forma parte de los trastornos relacionados con la depresión.
Por eso, hablar de “seis tipos de depresión” puede ser útil como una aproximación divulgativa, pero no representa por sí solo toda la clasificación clínica.
¿Cómo saber qué tipo de depresión puede tener una persona?
No existe una prueba casera que permita determinar qué tipo de depresión tiene alguien.
El diagnóstico considera los síntomas, cuánto tiempo llevan presentes, su intensidad, los cambios en el sueño y el apetito, antecedentes médicos y psicológicos, medicamentos utilizados y otras circunstancias que puedan estar influyendo en el estado de ánimo.
En algunos casos también pueden realizarse análisis médicos para descartar enfermedades que provoquen síntomas similares.
La evaluación puede realizarla un médico o un profesional de la salud mental, dependiendo de las características del caso.
La depresión puede tratarse
Identificar la forma de depresión es importante porque el tratamiento debe adaptarse a cada persona.
Dependiendo del diagnóstico, puede incluir psicoterapia, medicamentos u otras intervenciones. En determinados casos, como el trastorno afectivo estacional, también puede utilizarse fototerapia.
El objetivo no es únicamente reducir la tristeza, sino recuperar el funcionamiento cotidiano y mejorar la calidad de vida.
Si los síntomas persisten, interfieren con el trabajo, las relaciones o las actividades habituales, o aparecen pensamientos de muerte o autolesión, es importante buscar ayuda profesional lo antes posible.
La depresión no tiene una única presentación. Reconocer sus distintas formas permite entender mejor el trastorno y, sobre todo, evitar que una persona permanezca sin atención pensando que lo que experimenta es simplemente una etapa que debe soportar.












