
Cada 24 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Cáncer de Tiroides, una fecha que busca visibilizar una enfermedad que se desarrolla en la glándula ubicada en la parte frontal del cuello. Aunque algunos casos pueden avanzar sin provocar síntomas evidentes, existen cambios que justifican una valoración médica, especialmente cuando aparecen bultos o alteraciones persistentes en el cuello.
La presencia de un nódulo tiroideo, sin embargo, no significa automáticamente que exista cáncer. La mayoría de estos nódulos son benignos y requieren una evaluación para determinar sus características y decidir si es necesario realizar estudios adicionales. La American Thyroid Association estima que menos de uno de cada 10 nódulos tiroideos corresponde a un cáncer.
¿Qué es el cáncer de tiroides?
La tiroides es una glándula ubicada en la parte anterior del cuello que produce hormonas involucradas en funciones como el uso de energía y la regulación de la temperatura corporal.
Existen distintos tipos de cáncer de tiroides. Los más frecuentes son los llamados cánceres diferenciados, entre los que se encuentran el papilar y el folicular. El cáncer papilar es el más común y representa aproximadamente entre 70% y 80% de los casos, de acuerdo con la American Thyroid Association.
El comportamiento de la enfermedad puede variar dependiendo del tipo de tumor, la edad de la persona, el tamaño del cáncer y si permanece localizado en la tiroides o se ha extendido hacia otras estructuras.
En general, los cánceres papilar y folicular suelen tener una evolución favorable, particularmente cuando se detectan en etapas tempranas. Los datos de la American Cancer Society muestran, por ejemplo, tasas relativas de supervivencia a cinco años superiores a 99% para el cáncer papilar localizado y de 99% para los casos regionales.
Un bulto en el cuello puede ser una señal
Una de las manifestaciones que puede llevar a detectar un cáncer de tiroides es la aparición de un bulto o nódulo en la parte frontal del cuello.
No obstante, la enfermedad puede no provocar síntomas durante sus primeras etapas. Cuando aparecen manifestaciones, estas pueden incluir:
- Un bulto en la parte delantera del cuello.
- Hinchazón en el cuello.
- Dolor en la parte frontal del cuello, que en ocasiones puede extenderse hacia los oídos.
- Ronquera o cambios persistentes en la voz.
- Dificultad para tragar.
- Dificultad para respirar.
- Tos constante que no está relacionada con un resfriado.
- Aparición de bultos en los ganglios del cuello.
Tener alguno de estos síntomas no significa que una persona tenga cáncer de tiroides. Existen otras enfermedades y alteraciones que pueden producir manifestaciones similares. Lo importante es que un cambio persistente sea valorado por un profesional de la salud.
¿Por qué los nódulos requieren seguimiento?
Los nódulos tiroideos son relativamente frecuentes y, en la mayoría de los casos, no son malignos. Algunos incluso se detectan de manera incidental durante estudios realizados por otros motivos.
Cuando un médico encuentra un nódulo, puede realizar una exploración física y solicitar una ecografía de tiroides. Este estudio permite observar características como el tamaño, la composición y el aspecto del nódulo, información que ayuda a determinar si presenta características sospechosas.
Si el resultado de la evaluación indica que es necesario estudiar el tejido, puede realizarse una punción aspiración con aguja fina. Mediante este procedimiento se obtienen células del nódulo para analizarlas.
No todos los nódulos requieren una biopsia o una intervención quirúrgica. La decisión depende de sus características, tamaño, evolución y otros factores clínicos.
No todos los nódulos necesitan cirugía inmediata
Uno de los cambios importantes en el manejo de algunos cánceres de tiroides es que la cirugía no necesariamente debe realizarse de inmediato en todos los casos.
Para determinados pacientes con cáncer papilar pequeño y de bajo riesgo, puede considerarse una estrategia de vigilancia activa. Esto implica realizar controles periódicos para observar la evolución del tumor y reservar una intervención para los casos en que sea necesaria.
Cuando la cirugía sí está indicada, el procedimiento puede consistir en retirar únicamente el lóbulo de la tiroides donde se encuentra el tumor, una operación conocida como lobectomía, o retirar toda la glándula mediante una tiroidectomía total.
En algunos pacientes también puede utilizarse yodo radiactivo después de la cirugía, dependiendo del tipo de cáncer y de sus características.
El seguimiento continúa después del tratamiento
Recibir tratamiento no significa que las revisiones médicas terminen. El seguimiento forma parte del manejo del cáncer de tiroides porque existe la posibilidad de que la enfermedad vuelva a aparecer, incluso después de varios años.
Los controles pueden incluir una exploración del cuello, ecografías y análisis de sangre. La frecuencia y el tipo de estudios dependen del cáncer diagnosticado, el tratamiento recibido y las características particulares de cada paciente.
Por ello, las personas que han recibido tratamiento deben mantener las consultas indicadas por su equipo médico, incluso cuando no presenten síntomas.
¿Cuándo conviene acudir al médico?
Un cambio persistente en el cuello merece atención, particularmente si se acompaña de otros síntomas.
Es recomendable solicitar una valoración médica si aparece un bulto que no desaparece, si existe una inflamación persistente, si se presentan cambios prolongados en la voz o si hay dificultad para tragar o respirar. Estos síntomas no permiten determinar por sí solos la presencia de cáncer, pero justifican investigar su causa.
También es importante evitar la automedicación o intentar determinar la naturaleza de un nódulo únicamente mediante la palpación. La evaluación clínica y, cuando está indicada, la ecografía permiten obtener información mucho más precisa.
El Día Mundial del Cáncer de Tiroides pone el foco en una enfermedad que en algunos casos puede pasar inadvertida, pero también recuerda que encontrar un nódulo no equivale a recibir un diagnóstico de cáncer. La valoración adecuada permite distinguir los casos que requieren vigilancia de aquellos que necesitan estudios o tratamiento.












