
La firma española Zara, buque insignia del grupo Inditex, se vio en el ojo del huracán esta semana tras una intervención de la Advertising Standards Authority (ASA) del Reino Unido, que obligó a la marca a retirar varias imágenes de su tienda online por promover un ideal corporal “insalubremente delgado».
Las fotografías en cuestión —publicadas en mayo y vinculadas a fichas de producto— mostraban a dos modelos cuya apariencia física fue calificada de “demacrada”. En una imagen, el diseño de una camisa oversize destacaba clavículas “visiblemente prominentes” y un torso extremadamente delgado; en la otra, un vestido corto hacía que la modelo pareciera con piernas muy delgadas, rostro ligeramente demacrado y clavículas marcadas.
La ASA determinó que ambos anuncios eran “socialmente irresponsables” y ordenó que no volvieran a utilizarse en su formato actual, subrayando que podrían influir negativamente en la percepción del cuerpo de las audiencias, especialmente jóvenes.
Zara defendió que las modelos contaban con certificados médicos que acreditaban su buena salud y que las fotografías no habían sido manipuladas digitalmente, salvo ajustes de luz y color. La marca afirmó además que actuó conforme a las directrices del informe “Fashioning a Healthy Future”, el cual establece como obligatorio el certificado médico emitido por profesionales con experiencia en trastornos alimentarios.
Aunque la ASA no prohibió otros dos anuncios inicialmente revisados, Zara decidió retirar todas las imágenes relacionadas, incluyendo aquellas que no enfrentaron sanción formal. La empresa anunció además que actualizó las fichas de producto afectadas.
Este episodio se suma a una tendencia creciente. En 2025, la ASA ya sancionó campañas de marcas como Marks & Spencer y Next por presentar modelos extremadamente delgadas, atribuyendo parte de este resurgimiento a la popularidad de medicamentos como Ozempic, que han influido en estándares de imagen corporal en moda.
Impacto y contexto
El caso atañe no solo a Zara sino al debate global sobre cómo la industria de la moda influye en la percepción del cuerpo. La exposición a cuerpos ultradelgados ha sido vinculada con insatisfacción corporal, ansiedad y riesgo de trastornos alimentarios, tal como concluyen múltiples estudios académicos. No es nuevo que se defina al ideal de delgadez como un modelo cultural que sobrevalora la estética por encima de la salud, generando presiones psicológicas para alcanzar estándares imposibles.
Desde 2015, eventos como las semanas de moda en Madrid, París o Londres han implementado políticas que prohíben la contratación de modelos con índice de masa corporal inferior a 18, buscando prevenir la promoción de cuerpos poco saludables. El informe británico mencionado —del que Zara dice seguir recomendaciones— forma parte de estos esfuerzos regulatorios y éticos del sector.
La respuesta de Zara e Inditex
Inditex ha querido mostrar diligencia y proactividad. La reacción fue ágil: eliminación inmediata del contenido, rectificación de los catálogos de producto y refuerzo en los protocolos de selección de modelos. Sin embargo, el episodio deja preguntas abiertas: ¿son válidos los certificados médicos como única salvaguarda? ¿Hasta qué punto basta un documento clínico sin un estándar visual claro? Y, sobre todo, ¿cómo garantizar que la publicidad no promueva ni refuerce estándares poco realistas?
Para marcas globales cuya presencia online alcanza millones de usuarios cada día, el riesgo reputacional y ético es significativo. La ASA, en tanto, reafirma su rol como contrapoder regulatorio, presionando por representaciones más inclusivas y responsables.
Lecciones clave
- La ASA británica reforzó límites sobre representación corporal en publicidad, prohibiendo imágenes que sugieran delgadez patológica.
- Zara actuó bajo directrices médicas e internas, pero optó por una eliminación total tras la queja, incluso de imágenes no sancionadas.
- El sector de la moda exige un equilibrio entre estética, salud, responsabilidad social y transparencia.
- El ideal de delgadez continúa siendo un problema sociocultural, vinculado a problemáticas de salud mental y distorsión de la autoimagen.
Este caso ejemplifica cómo la vigilancia social y regulatoria se combina para exigir mayor compromiso ético a marcas de moda, y sirve como recordatorio de que la representación visual influye directamente en la percepción del público sobre los ideales de belleza.












