
Un estudio reciente publicado en la revista JAMA Oncology reveló que el consumo moderado de té y café podría mejorar los resultados de los tratamientos contra el cáncer, al potenciar la respuesta inmunológica y reducir los efectos secundarios de algunas terapias.
Los investigadores analizaron a más de 6,000 pacientes oncológicos de distintas edades y tipos de cáncer, observando que quienes consumían regularmente bebidas con cafeína tenían mayores tasas de supervivencia y recuperación frente a quienes no lo hacían.
La clave está en los polifenoles y la cafeína
Según el equipo liderado por la Universidad de Zhejiang (China) y el Instituto Nacional del Cáncer de EE.UU., tanto el té como el café son ricos en polifenoles, antioxidantes naturales que protegen las células del daño oxidativo.
Estas sustancias ayudan a modular la inflamación, mejorar la función inmunitaria y limitar el crecimiento de células tumorales, lo que podría complementar los efectos de tratamientos como la quimioterapia o la inmunoterapia.
Efecto positivo sin reemplazar la medicina
Los especialistas aclaran que el hallazgo no implica que el té o el café sean “curas” para el cáncer, sino que pueden favorecer la respuesta del organismo al tratamiento médico.
En particular, el estudio encontró que los pacientes que bebían de dos a cuatro tazas diarias de café o té verde mostraron una reducción del 17% en la progresión del cáncer y del 13% en la mortalidad general, comparado con los no consumidores.
Diferencias entre café y té
El café contiene cafeína y ácidos clorogénicos que estimulan el metabolismo y la regeneración celular.
El té verde y negro aportan catequinas, que actúan como antioxidantes potentes y antiinflamatorios.
Los resultados fueron más notorios en pacientes con cáncer de colon, hígado y pulmón, aunque los expertos sugieren que el beneficio podría extenderse a otros tipos de tumores.
Precauciones y límites
Aunque el estudio destaca los beneficios potenciales, los investigadores advierten que el consumo excesivo de cafeína puede generar insomnio, ansiedad o aumento de la presión arterial.
La recomendación general es no superar 400 mg de cafeína al día (equivalente a unas cuatro tazas de café o seis de té verde). Además, se aconseja evitar bebidas azucaradas o procesadas, ya que sus aditivos pueden contrarrestar los efectos positivos.
Una conexión entre nutrición y medicina
Este hallazgo refuerza una tendencia creciente en la investigación médica: integrar la alimentación y el estilo de vida como parte del enfoque integral del tratamiento oncológico. La sinergia entre dieta, fármacos y hábitos saludables podría convertirse en una herramienta clave para mejorar la calidad de vida de los pacientes.
El café y el té, dos de las bebidas más consumidas del mundo, vuelven a demostrar su potencial más allá del placer diario. Consumidos con moderación y bajo supervisión médica, podrían convertirse en aliados complementarios de los tratamientos modernos contra el cáncer, ofreciendo una nueva vía hacia una recuperación más efectiva y humana.
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