
Un nuevo capítulo en la movilidad nacional
La presidenta electa Claudia Sheinbaum anunció un ambicioso llamado al diálogo con empresas privadas y gobiernos estatales para recuperar el derecho de vía ferroviario y facilitar la expansión del tren de pasajeros en México. El anuncio fue hecho este 29 de julio durante una conferencia de prensa en la que Sheinbaum presentó a su segundo bloque de funcionarios para el próximo gabinete federal. Con esta declaración, la futura mandataria deja clara su intención de convertir el transporte ferroviario en una prioridad nacional.
El llamado al diálogo no se trata de una confrontación, sino de una propuesta de concertación. “Estamos en la mejor disposición de dialogar, tanto con las empresas que hoy tienen concesiones como con los gobiernos estatales. No queremos imponer, queremos construir”, dijo Sheinbaum. La frase marca un giro importante en la narrativa gubernamental, alejándose de visiones centralistas y acercándose a un enfoque colaborativo.
El derecho de vía: un obstáculo histórico
El derecho de vía ferroviario es el permiso legal para utilizar terrenos que alguna vez pertenecieron a los ferrocarriles del Estado y que hoy, en su mayoría, están en manos de concesionarias privadas o se encuentran abandonados. Tras la privatización del sistema ferroviario en los años noventa, gran parte de esta infraestructura quedó enfocada exclusivamente al transporte de carga.
Hoy, México tiene más de 26 mil kilómetros de vías férreas, pero solo una mínima fracción está dedicada al transporte de pasajeros. La recuperación de estas rutas representa una oportunidad estratégica para conectar regiones, reducir la huella ambiental del transporte, mejorar la movilidad y fomentar el desarrollo regional.
Una apuesta por la modernización socialmente útil
El gobierno de Sheinbaum no sólo ve al tren de pasajeros como una alternativa de movilidad, sino como un motor de justicia social y desarrollo sustentable. El plan es ampliar las rutas existentes, construir nuevas conexiones y modernizar el servicio. Esto incluye trenes eléctricos, estaciones dignas y accesibles, así como tarifas que permitan a la mayoría de la población beneficiarse de este medio de transporte.
“El transporte ferroviario puede ser una alternativa más ecológica, más económica y más incluyente”, afirmó la presidenta electa. La propuesta se alinea con sus compromisos de sostenibilidad, combate al cambio climático y desarrollo equitativo.
¿Qué empresas están en la mesa?
Aunque Sheinbaum no mencionó nombres específicos, es evidente que empresas como Ferromex, Ferrosur y Kansas City Southern de México —principales concesionarias del sistema ferroviario nacional— estarían en el centro del diálogo. Estas compañías actualmente operan rutas estratégicas que podrían, en un esquema de uso mixto, ser compartidas con trenes de pasajeros.
De hecho, el presidente Andrés Manuel López Obrador ya había promovido acuerdos similares, como los que permitieron el avance del Tren Interoceánico en el Istmo de Tehuantepec. La continuidad de este enfoque con Sheinbaum podría facilitar una transición ordenada hacia un modelo de transporte más equilibrado.
La clave: consenso y planeación
Sheinbaum dejó en claro que el futuro del tren de pasajeros no se construirá “a la fuerza”, sino a través de mesas técnicas, estudios de factibilidad y acuerdos transparentes. Los gobiernos estatales serán actores fundamentales en esta dinámica, especialmente aquellos cuyas entidades podrían verse beneficiadas directamente por las nuevas rutas ferroviarias.
El consenso, más que la imposición, será el camino para recuperar un bien público que hoy permanece infrautilizado. “Se trata de que el transporte sirva a la gente, y eso se logra dialogando y planeando”, puntualizó.
El Tren Interoceánico como modelo
Uno de los referentes más citados para este proyecto es el Tren Interoceánico, una obra emblemática del actual sexenio que busca conectar el Golfo de México con el Pacífico a través del Istmo de Tehuantepec. Este modelo de gestión —en el que el Estado mantiene control estratégico y se logra una coexistencia entre carga y pasajeros— podría replicarse en otras regiones del país.
Además, el proyecto podría beneficiarse de la experiencia del Tren Maya, a pesar de sus críticas, ya que ha demostrado la viabilidad de construir nuevas líneas férreas en zonas de alta complejidad.
Retos por delante
Aunque la propuesta ha sido bien recibida en ciertos sectores, también enfrenta desafíos técnicos, jurídicos y políticos. Reubicar o compartir las concesiones ferroviarias implica una revisión legal compleja y requiere de voluntad política de todas las partes.
Además, la inversión necesaria para rehabilitar vías, adquirir trenes, construir estaciones y garantizar la seguridad de los pasajeros es multimillonaria. Por ello, se espera que el plan contemple esquemas de inversión público-privada y financiamiento internacional.
El regreso del tren como símbolo del nuevo sexenio
El tren de pasajeros no es solo un medio de transporte; es también una visión de país. Al colocar este tema como prioritario en la agenda nacional, Sheinbaum está enviando un mensaje político y social: su gobierno buscará dejar huella en temas estructurales, apostando por obras con beneficios colectivos y de largo plazo.
En el contexto de crisis climática, desigualdad territorial y saturación urbana, el tren puede ser más que un símbolo nostálgico: puede convertirse en una palanca real de transformación.












