
La sensación de “ya haber vivido esto” —esa fugaz e inquietante familiaridad que llamamos déjà vu— ha fascinado tanto a filósofos como a científicos desde hace siglos. En su más reciente columna para Infobae, la neuropsicóloga Lucía Crivelli (MN 33.849), jefa de Neuropsicología en Adultos del centro FLENI, explica que se trata de una sensación de familiaridad “falsa” que se enciende en el cerebro aunque lo vivido nunca haya ocurrido antes.
¿Qué ocurre en el cerebro cuando tenemos un déjà vu?
Crivelli señala que el fenómeno es un ejemplo claro de cómo la memoria y la percepción entran en conflicto: sentimos que una situación nos resulta reconocible, aunque la conciencia nos dice que no la hemos vivido. Investigaciones previas conectan el déjà vu con episodios de disfunción en el lóbulo temporal mesial, especialmente en pacientes con epilepsia: cuando la corteza entorrinal se activa de forma anómala y el hipocampo —zona clave para revivir recuerdos auténticos— permanece inactivo, aparece ese “falso reconocimiento”.
Por su parte, estudios de resonancia magnética muestran que el córtex prefrontal (el “monitor” cerebral que evalúa la veracidad de nuestras percepciones) se activa y señala un conflicto: “esto no cuadra” aunque la familiaridad esté presente.
¿Cuáles son las hipótesis más sólidas hoy?
– La hipótesis de la familiaridad errónea: zonas del cerebro responsables de reconocer algo ya visto (corteza entorrinal) se activan sin que exista un recuerdo auténtico, provocando la sensación.
– La hipótesis de conflicto de memoria: el cerebro detecta simultáneamente señales de “esto me resulta familiar” y “esto no ocurrió antes”, lo que genera la vivencia del déjà vu como un tipo de “error de verificación”.
– La teoría de procesamiento desincronizado: se propone que información sensorial nueva podría llegar ligeramente desfasada al sistema de memoria, generando que algo “nuevo” sea procesado como “viejo”.
¿Quiénes lo experimentan más y cuándo?
Crivelli señala que la mayoría de las personas vive al menos un episodio de déjà vu en la vida, especialmente entre la adolescencia y los 55 años; con la edad avanzada, la frecuencia disminuye debido al menor funcionamiento del lóbulo frontal. Además, el fenómeno no depende del género ni del nivel educativo, sino más bien del estado de activación de determinadas regiones cerebrales.
Factores que aumentan la probabilidad de experimentarlo incluyen fatiga, estrés, falta de sueño, o estados de alta excitación cerebral.
¿Cuándo deberíamos preocuparnos?
Para la mayoría de las personas, un episodio aislado de déjà vu es benigno. Sin embargo, cuando es muy frecuente, va acompañado de confusión, pérdida de conciencia u otros síntomas (como en el contexto de una crisis epiléptica o un trastorno neurológico), es recomendable consultar a un neurólogo.
Crivelli advierte que en pacientes con epilepsia del lóbulo temporal mesial, el déjà vu puede aparecer como parte del aura de la crisis, lo que requiere seguimiento especializado.
¿Qué nos revela sobre la memoria humana?
El déjà vu constituye una ventana espectacular hacia el funcionamiento interno del sistema de memoria:
1. Muestra que nuestra familiaridad con una experiencia puede generarse antes de que la memoria verídica haya sido activada o validada plenamente.
2. Revela que el cerebro posee mecanismos de “verificación” (principalmente corticales) que evalúan la coherencia entre lo que sentimos y lo que realmente vivimos.
3. Indica que la percepción, la atención y la memoria no siempre funcionan de manera lineal o consciente: hay procesos automáticos que pueden activar sensaciones de familiaridad sin respaldo de recuerdo.
4. En última instancia, el déjà vu evidencia una capacidad cerebral notable: detecta la discrepancia entre “esto me resulta conocido” y “pero no lo he vivido”, y esa alerta es parte de un sistema que protege nuestra capacidad de distinguir lo vivido de lo imaginado.
El déjà vu no es simplemente un momento extraño o místico: es un pequeño desajuste cerebral que pone de relieve cuán sofisticado es el engranaje de la memoria. Como dice Crivelli, esa sensación de “ya lo viví” surge cuando la familiaridad se activa indebidamente y el cerebro detecta la incongruencia. Y aunque la mayoría lo vive alguna vez sin consecuencias, comprender su origen nos acerca a entender cómo nuestra mente construye, valida y discrimina recuerdos. La próxima vez que sientas esa extraña familiaridad, puedes sonreír: estás siendo testigo de uno de los fenómenos internos más fascinantes de tu propio cerebro.












