
Ante el aumento de casos de sarampión en México y el refuerzo de campañas de vacunación en varias entidades, una de las dudas más frecuentes es por qué las personas mayores de 50 años no están contempladas dentro de los grupos prioritarios para recibir la vacuna. A diferencia de otros virus respiratorios, el sarampión presenta una excepción epidemiológica que tiene raíces históricas y científicas.
Mauricio Rodríguez Álvarez, vocero del programa de riesgos epidemiológicos de la UNAM, explica que la razón no es un descuido, sino una protección natural que se mantiene vigente décadas después.
Una inmunidad adquirida antes de la vacuna
Las personas que hoy tienen más de 50 años crecieron en un contexto muy distinto al actual. Durante las décadas de los cincuenta, sesenta, setenta y parte de los ochenta, el sarampión circulaba de forma intensa en México y en gran parte del mundo.
“En ese periodo prácticamente todos los niños se enfrentaban al virus en algún momento de su infancia”, explica Rodríguez. Al contagiarse y superar la enfermedad, el organismo generaba una respuesta inmune robusta y duradera que, en la mayoría de los casos, se mantiene de por vida.
Los estudios serológicos realizados a nivel poblacional muestran que este grupo etario conserva niveles de anticuerpos suficientes para protegerlos, incluso sin refuerzos adicionales. Por ello, las autoridades sanitarias consideran que no están en riesgo elevado frente a la circulación actual del virus.
La inmunidad natural y su diferencia con la vacuna
La introducción masiva de la vacuna contra el sarampión en los años setenta cambió el panorama epidemiológico. A partir de entonces, la protección dejó de depender del contagio natural y pasó a basarse en esquemas de vacunación controlados.
Sin embargo, Rodríguez explica que la inmunidad generada por una infección natural suele ser más amplia y persistente que la inducida por virus atenuados. “El sistema inmunológico responde de manera distinta cuando se enfrenta al virus completo que cuando recibe una versión debilitada, como ocurre con la vacuna”, señala.
Esto no significa que la vacuna sea inferior, sino que cumple otra función: proteger a generaciones que ya no estuvieron expuestas al virus de forma natural y evitar brotes masivos como los que ocurrieron hace medio siglo.
Entonces, ¿quiénes sí deben vacunarse?
El foco de preocupación está en las personas menores de 50 años que no cuentan con un esquema completo de vacunación. En particular, el grupo de entre 20 y 39 años presenta los niveles más bajos de protección, de acuerdo con datos recientes de salud pública.
Deben vacunarse quienes:
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No tengan comprobante de dos dosis de la vacuna triple viral.
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No recuerden haber sido vacunados.
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No hayan recibido la vacuna en los últimos años.
“La vacunación sigue siendo la herramienta más efectiva y segura para cortar la transmisión”, subraya Rodríguez. Mientras los mayores de 50 años cuentan con una protección heredada de su historia epidemiológica, las generaciones más jóvenes dependen de la inmunización para evitar que el sarampión vuelva a convertirse en una amenaza generalizada.












