
Una celebración que se come con calma
Cada cucharada de mole guarda siglos de historia, territorio y memoria. Desde ahí parte la primera edición del Festival de los Moles en Hacienda de los Morales, una propuesta que no solo rinde homenaje a esta salsa ancestral, sino que la reinterpreta con sensibilidad contemporánea.
La experiencia estará disponible del 16 de enero al 15 de febrero en Hacienda de los Morales, uno de los espacios gastronómicos más emblemáticos de la Ciudad de México. Un contexto que no es casual: arquitectura histórica, jardines amplios y un ritmo que invita a sentarse sin prisa.
El mole como lenguaje vivo
Aquí el mole deja de ser receta fija para convertirse en expresión. Conviven las versiones clásicas con propuestas inesperadas, como el mole de guayaba, creación original de la casa, que sorprende sin romper el equilibrio.
La experiencia se construye desde la elección: primero la proteína —pato, pulpo, res y otras opciones— y después el mole. Son ocho variedades, cada una con identidad propia.
El mole poblano, elaborado completamente en casa, honra la receta tradicional con profundidad y carácter. El negro y el amarillito de Oaxaca muestran dos formas opuestas de entender una misma raíz: uno intenso y ahumado, el otro luminoso y herbal. El xiqueño veracruzano juega con lo dulce y lo salado; el encacahuatado remite a la cocina de fiesta y larga cocción; y el mole verde recupera el pulso vegetal de los orígenes.
Cuando la tradición también se atreve a jugar
Uno de los grandes aciertos del festival está en sus propuestas contemporáneas. El mole de tamarindo aporta notas frescas y ácidas; el de guayaba se siente elegante, sutil, inesperado. Y el cierre confirma que aquí hay libertad creativa real: un pastel mil hojas de mole con frambuesa y crema de mole que rompe prejuicios sin traicionar la esencia.
Comer también es habitar un lugar
La experiencia no se limita al plato. La arquitectura de Hacienda de los Morales, su servicio pausado y la posibilidad de construir maridajes personalizados convierten la visita en algo que se disfruta sin prisa. Más que un menú especial, es un plan cultural y sensorial dentro de la ciudad.
Tradición e innovación no compiten, dialogan
Esta primera edición del Festival de los Moles deja clara una idea poderosa: la cocina mexicana no es una pieza de museo, es un territorio vivo. La tradición se honra cuando se entiende, se respeta y se transforma con inteligencia.
Una invitación a volver al origen, pero con los sentidos abiertos a lo que aún puede sorprender.












