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Escuelas en México: así es la prohibición de comida chatarra, menú saludable y retos tras su implementación

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Desde el 29 de marzo de 2025, entró en vigor la política «Vida Saludable» que prohíbe alimentos ultraprocesados en más de 262 000 escuelas. ¿Qué se implementó, cuáles son los beneficios y por qué persiste el consumo fuera del entorno educativo?

La nueva política contra la comida chatarra en los planteles

El 29 de marzo de 2025 comenzó a aplicarse en todo México la prohibición de venta y distribución de alimentos ultraprocesados y bebidas azucaradas en más de 262 000 escuelas públicas y privadas, desde preescolar hasta educación superior. Esta medida, derivada de la reforma a la Ley General de Educación, forma parte de la política federal “Vive Saludable, Vive Feliz” impulsada por la SEP.

¿Qué productos están prohibidos y qué se permite?

La normativa prohíbe la comercialización de alimentos con altos niveles de azúcar, grasas saturadas, trans y sodio, así como productos con sellos de advertencia: refrescos, jugos de caja, frituras, dulces, pasteles, pizza, botanas industrializadas, hamburguesas, hot‑dogs, helados, entre otros.

En su lugar, las escuelas deben ofrecer opciones naturales y nutritivas: frutas y verduras frescas, yogur sin azúcares añadidos, cereales integrales, tortillas o tlacoyos tradicionales preparados de forma saludable, leguminosas, agua natural y otros platos regionales saludables.

Avances oficiales y resistencia interna

Según la SEP, la medida ha sido bien recibida por parte del magisterio, y algunas cooperativas reportan mejoras al adaptarse a las nuevas opciones saludables. Además se implementó un sistema de monitoreo, capacitando a personal escolar y estableciendo sanciones en caso de incumplimiento: desde multas de 100 a 15 000 UMA (≈ 11 000 a 1.7 millones MXN), hasta clausura del plantel.

Amplias encuestas previas habían revelado incumplimiento histórico: en 2023, en 98 % de las escuelas se vendía comida chatarra pese a regulación vigente desde hace una década.

Desafíos en la práctica: consumo fuera del entorno escolar

A pesar del éxito en la cárcel interna de las escuelas, el consumo persiste en los alrededores: vendedores ambulantes y estudiantes han ideado estrategias como esconder productos en mochilas o promover ventas clandestinas dentro del salón, especialmente desde primaria.

Se han documentado casos como escolares que ofrecen gomitas, sopas instantáneas maruchan y refrescos elaborados con agua caliente traída de casa, afectando la demanda de la cooperativa escolar, que solo puede vender fruta y agua.

Opinión de expertos: estrategias contra obesidad infantil

El gobierno apunta a reducir un 30 % la obesidad escolar para 2026. Sin embargo, especialistas y organizaciones como El Poder del Consumidor y Redim advierten que la prohibición por sí sola no basta: insisten en educación alimentaria, participación familiar y sostenibilidad socioeconómica.

Aunado al entorno escolar, identifican que la industria de ultraprocesados opera como un actor con estrategias agresivas y control territorial que incide en hábitos desde muy temprana edad.

Brechas y desigualdad en la implementación

En algunos planteles privados, empresas han obtenido amparos para continuar vendiendo ultraprocesados, lo que evidencia diferencias entre espacios públicos y privados.

Mientras tanto, directivos, padres y ONG reclaman falta de infraestructura básica: muchos centros educativos aún no cuentan con bebederos públicos, lo que dificulta adoptar hábitos saludables.

Balance y reflexiones finales

La prohibición representa un paso importante en la política pública contra la obesidad infantil, alineada con recomendaciones de organismos internacionales como OMS y FAO. Sin embargo, su impacto real dependerá de:

  • Vigilancia efectiva dentro y fuera de los planteles
  • Educación y sensibilización de estudiantes y familias
  • Apoyo económico para cooperativas escolares y vendedores informales
  • Acceso amplio a opciones saludables, asequibles y culturalmente relevantes

La meta de reducir la obesidad infantil es ambiciosa. Pero con políticas integrales y cooperación entre autoridades, escuelas y sociedad, existe la posibilidad de transformar hábitos y garantizar entornos más saludables para millones de niñas y niños.

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