
La policía británica detuvo este jueves 19 de febrero a Andrés Mountbatten-Windsor, hermano del rey Carlos III, en el marco de una investigación vinculada a los llamados “archivos Epstein”. El arresto ocurre tras varios días de presión mediática y nuevas revelaciones sobre su relación con el financiero estadounidense.
El exduque de York, apartado de la vida pública desde hace años, es investigado por presunta mala conducta en cargo público, una figura penal grave dentro del ordenamiento británico.
El operativo y los registros
La detención se llevó a cabo a primera hora en Wood Farm, residencia ubicada dentro de la finca de Sandringham, en Norfolk. De acuerdo con la prensa local, varios vehículos sin identificar ingresaron a la propiedad alrededor de las ocho de la mañana.
Vecinos reportaron la presencia de agentes de paisano y el retiro de documentación y equipos informáticos. También se confirmaron registros en propiedades vinculadas a Andrés en Berkshire y Norfolk. No se descarta la incautación de teléfonos móviles y ordenadores como parte de la investigación.
La BBC señaló que el Palacio de Buckingham no habría sido informado previamente del arresto.
Las acusaciones bajo análisis
El trasfondo del operativo se relaciona con documentos divulgados en Estados Unidos que forman parte del expediente Epstein. Parte del material apunta a que Andrés habría compartido información confidencial del Gobierno británico durante su etapa como enviado especial para comercio internacional.
En particular, se investiga si utilizó su cargo para transmitir reportes sensibles sobre viajes oficiales a países como Hong Kong, Vietnam o Singapur al magnate estadounidense.
Las autoridades también analizan acusaciones previas sobre la supuesta llegada al Reino Unido de una mujer con fines sexuales vinculada al entorno de Epstein. Fuerzas policiales de distintas jurisdicciones, incluidas Surrey, Essex y Escocia, revisan la información para determinar posibles delitos.
La respuesta del rey
Tras conocerse la detención, Carlos III emitió un comunicado en el que expresó su preocupación y subrayó que el proceso deberá desarrollarse de manera completa y justa.
El monarca aseguró que la familia real cooperará con las autoridades y reiteró que la ley debe seguir su curso, evitando hacer más comentarios mientras continúe la investigación.
El caso vuelve a colocar a la monarquía británica bajo escrutinio, en un escenario que combina presión judicial, mediática e institucional.












